|02/09/18 08:57 AM

Argentina: el mal momento de todos y el bienestar de unos pocos

Oscuros intereses están haciendo el negocio político y económico para que el Gobierno caiga a como dé lugar.

Es cierto que la situación es insostenible. Desbordada por todos los costados. Donde la gente desorientada vive como puede el día a día. Con una inflación que apretó el acelerador más que nunca. Con desocupación, pobreza, cierre de emprendimientos agrícolas, industriales y comerciales, al son de la recesión. Para completarla, un Gobierno que no encuentra el camino de esa autoridad que le otorgó electoralmente el ciudadano, como para marcar un rumbo de una salida que hoy espera y merece la Nación

Pero hay otros componentes que colocan a la República Argentina en estado de ebullición para explotar por los aires. Lo protagonizan oscuros intereses que están haciendo el negocio político y económico para que el actual Gobierno caiga a como dé lugar.

Un aspecto muy grave que no se puede disimular y que descaradamente pretende disfrazarse ante el mal momento de la gente, para confundirla y llevarla al terreno del estallido social. 

Con históricas sospechas, uno de los artífices de los dolorosos momentos del 2001, que costaron la vida de argentinos y dejó al país aplastado en todos los sectores que hacen a su razón de ser, es el peronista Eduardo Duhalde. El mismo que, dicen, ayudó a poner la violenta efervescencia social en la calle. Uno de los cinco presidentes que sobrevinieron tras la caída del mandatario Fernando De la Rúa, el que operó para que Carlos Menem no logre su tercer mandato presidencial y el que impuso a Néstor Kirchner.

El mismo que hoy dice que la administración de Mauricio Macri no finaliza su mandato, en la misma sintonía en como lo hacen diferentes sectores políticos y sociales adheridos al kirchnerismo. Pero también lo pregonan, y porque no, lo militan particulares y financistas que aprietan con el dólar la devaluación del peso.

Todo un dantesco terreno en el que se los está queriendo arrasar al Gobierno y al país. 

Da la sensación de que a medida que la Justicia avanza y profundiza la investigación del festín coimero que implicó el multimillonario negocio de los dineros públicos, sus principales artífices, políticos y empresarios quieren extorsionar al Gobierno y a todo el país para detener lo que es inevitable: que todos estén presos por robar la Argentina de los últimos 12 años.

Por eso no hay que ser ingenuos en pensar que lo que hoy le pasa a la Nación no tiene el oscuro accionar de estos personajes, que aun entre rejas no dejan de ser letales para el país y su gente. 

Inmediatamente y ante esta difícil coyuntura económica y financiera, surgen muchos interrogantes en el común de esa gente que observa con angustia lo que pasa.

Lo primero, si el Gobierno de Cambiemos tendrá reserva política para enfrentar esta andanada de puntos que se clavan directamente en el argentino. Además de saber, como consecuencia de lo anterior, si alguien tomará las riendas de una administración de emergencia para que Argentina salga del sinuoso sendero.

Está visto que el Presidente ha quedado muy mal parado y no muestra muñeca política que nunca tuvo, aunque esto sea contradictorio.

Pero sucede que hasta hace poco se pensaba que su figura podía contener y hacer frente a los inconvenientes de la Nación. Hoy las circunstancias muestran a los ciudadanos que cada vez que Macri habla, los mercados se derrumban y la situación económica y social de la Argentina se agrava aún más.

 

Sería bueno, también, un sinceramiento generalizado de la clase política. De la oposición, para saber hasta qué punto se respeta la Constitución y la democracia que emana de ella.

Del oficialismo, para que el ciudadano tenga ante sí una mínima señal que lo que eligió en diciembre del 2015 contenía no solo honorabilidad en el manejo de los bienes del país, algo que no sucedía en los últimos 12 años. Sino, además, dirigentes que tengan muñeca para colocar a la Nación y a sus habitantes en dirección a crecimiento y merecido bienestar. Algo que hoy se hace imperioso que llegue, sin dilación alguna

 

Duele que a un país como la Argentina le pase lo que le pasa. Pero es hora que todos asumamos la cuota de responsabilidad que quienes la habitamos tenemos. De una vez por todas y sin mezquindades. El ejemplo de esos US$ 280.000.000 que se fueron en los últimos tiempos con diferentes formas al exterior, delata que son fondos de esos argentinos a los que no les interesa el país. A los que les resbala que la Nación se hunda con ese grueso de la gente que trabaja y le pone el hombro a la Argentina.  

 

La República está en problemas. Con mucha incertidumbre de cómo se llegue a finales de este 2018, que ni siquiera permite pensar lo que podría ser el 2019. En el medio de todo esto, hay especuladores, agitadores, oportunistas e ineptos, dejando al descubierto que solo queda claro el mal momento de muchos con el jugoso bienestar de pocos. Mientras, la Nación espera, aunque no con mansedumbre.

 

Daniel Gallardo – Periodista de El Ciudadano