Argentina
Godoy Cruz, Mendoza, Argentina

|06/09/20 10:27 AM

¿Y si nos sentimos por un ratito los peores?

De la gloria a Devoto, se diría en lenguaje tanguero. Del cielo al infierno, en alguna interpretación menos encriptada. Pero ambas reflejan con precisión la capacidad argentina de cambiar de estado de ánimo a la velocidad del rayo, a darnos cuenta de golpe que las vanaglorias llevan directamente a la desilusión.

"Me cortaron las piernas", dijo Maradona en USA ’94, y de estar celebrando por anticipado una nueva Copa del Mundo, nos fuimos a los infiernos del desencanto. Y lo que era genial paso a ser una porquería en tan solo una frase.

Los pies de barro con los que levantamos nuestros Colosos de Rodas auguran ya finales inequívocos.

La situación actual nos muestra con las mismas claves de decodificación. Llegó el virus al mundo, comenzaron a verse imágenes desoladoras: los camiones con muertos, las fosas comunes, la Europa asolada del comienzo luego fue reemplazada por Estados Unidos mostrando una imagen macabra, y luego Brasil.

Mientras, acá la tragedia se vivía como un campeonato, donde se miraban las tablas de posiciones y se comparaba con aire canchero, filmina canchera, ignorancia canchera. “El mundo” admiraba nuestra estrategia, la genialidad de la cuarentena temprana, los preparativos para que cuando llegara el bicho lo atendiéramos como es debido y le demostráramos que acá no se jode.

Pero nos cortaron las piernas. La argentinidad pudo más que la prudencia, que el compromiso, y a los 10 minutos, en las primeras compras para afrontar la dura situación social, los vivos de siempre y los corruptos de siempre estaban transando el aceite y la harina para los pobres más caros que en los drugstores brillantes de Puerto Madero.

Lo que era el tiempo para prepararnos mejor, mutó en el tiempo para jugar hábiles estratagemas y filtrar, en la emergencia, leyes impresentables, maniobras oscuras y, eso sí, seguir comparando y pasando papelones internacionales con las consabidas desmentidas.

Llega el pico, y en la tabla de posiciones en la que vale estar rezagado, ascendemos posiciones a la velocidad del rayo. Los pases de facturas dentro del poder ya llegan a la tapa de los diarios y las desavenencias son inocultables.

El fortalecimiento prometido del sistema de salud choca con una barrera insuperable. Lo explicó con maestría un médico, luego de presenciar una inauguración de 40 camas hecha con bombos y platillos por un gobernador vociferante. “Son 40, pero tenemos personal para atender solo 12”. Entonces, 28 de las 40 son cartón pintado. No hay metáfora.

Pero esto no es –o no es solamente- una crítica al Gobierno, que se vale de las mismas flaquezas y creencias de la sociedad que lo puso en su lugar. La invocación a la responsabilidad social en el vecino Uruguay, una sociedad en origen tan parecida a la nuestra, con tantos puntos en común, fue ejemplar y mostró un camino que ni siquiera miramos.

Tal vez lo que pasa nos pasa por creernos siempre los mejores. Somos Maradona, somos Messi, Manu, el Chueco, Gardel, Favaloro, Vilas… y no somos nada de eso.

Deberíamos pensarnos un por un ratito que somos los peores, que tenemos todo por hacer, por aprender. Mirar al vecino como alguien mejor que nosotros, no como al boludo de al lado.

Por ahí, con algo de suerte, no nos va tan mal.