|22/11/21 10:04 AM

Diálogo y alambre de fardo en el bolsillo

Cabe preguntarse cómo sería posible un diálogo ante las amenazas del secretario de Comercio con aplicar el control de precios amenazando con los viejos métodos de los años 50

Siete días después de las elecciones legislativas y con el recuento casi completo, parece que la dirigencia política no supiera qué hacer con el resultado. Aun cuando la composición del Congreso Nacional estaría prácticamente definida a partir del 10 de diciembre, los dos costados principales del entramado institucional y el resto de las minorías por derecha e izquierda no atinan a entender el mensaje de las urnas o, mejor dicho, lo entienden según sus propios intereses sin lograr salir del frasco o de mirarse el ombligo.

El oficialismo sufrió una derrota electoral esperada, a partir del resultado de las PASO de septiembre, y el temor a que las cifras empeoraran, decidió lanzar una masiva ofensiva clientelista a partir de la cual recuperó una buena cantidad de votos que no fue suficiente para revertir el triunfo opositor.

En la madre de todas las batallas, la provincia de Buenos Aires, el Frente perdidoso aumentó en 3,10% el porcentaje de sufragios, es muy probable que la abundancia de regalos de electrodomésticos, bicicletas, viajes de egresados y todas las variantes del “plan platita” haya movilizado a muchas familias que están pasándola muy mal, sin esperanzas de salir del pozo, y a los que no les pueden interesar las veleidades de una política indiferente.

Votaron por lo que los favorecía, aunque fuera por un momento, por quien les aliviara la urgencia de las necesidades más acuciantes, las que no entienden de ideologías ni teorías. Es el manejo de esos sectores postergados, que son cada vez más numerosos, lo que asegura esa franja insuperable de votos que tiene el peronismo.

Ahora bien, no es la primera vez que la marca política gobernante pierde las elecciones legislativas de medio término, le pasó al kirchnerismo, le pasó a Alfonsín y le pasó a De la Rúa; pero en el caso de la variante peronista fue capaz de superar los resultados adversos y ganar en las presidenciales siguientes, excepto en 2015. Como se recordará los dos expresidentes radicales renunciaron antes de tiempo.

Con todas esas experiencias previas, por las que la Argentina se encuentra en un estado de postración anímica, socioeconómica muy generalizada y pocas percibidas tan dramáticamente como ahora. En la áspera trayectoria del acontecer nacional que tiñó gran parte del siglo 20 pasaron cosas realmente trágicas, que dejaron secuelas que costará generaciones superar. Los atisbos de diálogo y concordia que afloraron hacia el final de los 80 fueron aplastados por el “pensamiento único menemista” primero y la prepotencia kirchnerista después.

Cuando la reacción más esperable debería ser la búsqueda de un verdadero acuerdo buscado para parar la caída, los mensajes que salen desde las trincheras son cada vez menos tranquilizadores. El doble discurso de consensuar la negociación con el FMI se choca contra las declaraciones de supuestos principios revolucionarios en defensa de una soberanía económica que hace décadas que se viene perdiendo.

La credibilidad del presidente está rota y la vicepresidente no se preocupa por eso, ya que cuenta con su irreductible grupo de seguidores en el llano que avalará cualquier tipo de medida que les haga creer que defiende sus intereses. Entonces cabe preguntarse cómo sería posible un diálogo ante, por ejemplo, las amenazas del secretario de Comercio, Roberto Feletti, con aplicar el control de precios amenazando con los viejos métodos de los años 50.

Por supuesto que nadie puede defender el aumento de precios y tarifas porque nos empobrecemos todos, pero de alguna forma hay que detener este curso de colisión que lleva el país empujado por una puja en la que intervienen factores de principismo setentista totalmente anacrónicos con las actuales pautas de la economía global y concepciones de un libremercadismo darwiniano donde solo tienen derecho a sobrevivir las “especias mejor dotadas para defenderse”, y ya sabemos lo que eso significó alguna vez.

Es con un entendimiento real y honesto en que se podría empezar a desandar el camino del desastre y no como dijo alguna vez Juan Perón que había que llevar alambre en el bolsillo para colgar a los que están en contra.

 

 

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