Efemérides
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Efemérides

Ya no es solo el presidente de Brasil quien pretende inmiscuirse en nuestros asuntos internos o externos; ahora su vicepresidente nos recuerda la participación de tropas de su país en la batalla de Caseros –que provocó la caída de Rosas–, sin que nuestra Cancillería haya reaccionado

La escuela Realista de las Relaciones Internacionales parte de la base de que los Estados son sus actores principales. Aún más, agrega que por sobre ellos no hay nada que los regule y que la consecuencia de ello es una relativa anarquía en sus relaciones.

Ahora bien, una observación más prolongada nos dice también que hay algunos Estados poderosos, varios medianos y una multitud de otros con escasa importancia. Ya Tucídides, el fundador de esta escuela, decía que “está en los poderosos mandar y en los débiles obedecer”.

Sin negar la cruda realidad planeada por el conocido pensador griego, tampoco puede negarse que con el paso de los siglos no se hayan desarrollado instituciones e institutos tendientes a morigerar esta brutal situación de asimetría o, al menos, a disimularla.

Si no hace mucho tiempo atrás era normal que un Estado poderoso le impusiera sus decisiones a otro más débil por medio de la intimidación y, llegado el caso, mediante el uso directo de la fuerza misma, hoy todos se cuidan de caer en esos excesos y prefieren el uso de los canales diplomáticos para decirle a otro Estado qué es lo que quieren que haga.

Sin embargo, nos llegan señales respecto de que hay Estados que añoran las viejas formas y que ya no reservan sus intimidaciones al suave lenguaje diplomático entre sus cancillerías, pues les parece mejor hacerlas públicas y a la vista de todos.

El caso que a nosotros nos interesa particularmente es el de Brasil por razones que son más que obvias. Ya no es solo su peculiar presidente quien nos aconseja, tanto en política externa como interna, o que, directamente, nos apostrofa por tal o cual decisión.

Ahora es su calmado vicepresidente, el general Hamilton Mourao, quien –vía Twitter– nos recuerda a los argentinos la participación de tropas brasileñas en la batalla de Caseros, que concluyera con la expulsión del gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas. Por supuesto, todo hecho en nombre de la democracia y de la paz de los pueblos.

El tuit del vicepresidente del Brasil 

“A partir de hoy, en 1852, en la Batalla de Monte Caseros, la División del Brigadier Manuel Marques de Sousa, el Centauro de Luvas, tomó por asalto las fuerzas del dictador Rosas, una victoria para los argentinos, uruguayos y brasileños por la independencia nacional, la democracia y paz en la región”. (Traducción nuestra)

Nadie del Gobierno nacional parece haberse dado por enterado. Tal vez, podríamos devolverle al señor general las atenciones cuando el próximo 20 de febrero se cumpla un nuevo aniversario de la batalla de Ituzaingó.

Una batalla que tuvo lugar en el marco de nuestra guerra con el Imperio del Brasil, ya que nuestro vecino sudamericano no tuvo uno, sino dos imperios. 

El primero, conocido como Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve, regido por la Casa de Braganza, cuando entre 1815 y 1822 debió huir de Lisboa tras la invasión de los ejércitos franceses bajo el mando de Napoleón Bonaparte.

Y el segundo, entre 1822 y 1889, que en su casi totalidad se correspondía con el actual territorio de Brasil, sumando entre 1822 a 1828 al Uruguay, en ese entonces denominado Provincia Cisplatina.

Pese a tanta pompa y circunstancias, nuestras humildes pero aguerridas tropas argentinas, bajo el nombre de Ejército Republicano y a las órdenes de Carlos María de Alvear, derrotaron a las del Segundo Imperio en la batalla de Ituzaingó, un 20 de febrero de 1827.

Para colmo de males, cuenta la historia que el propio emperador del Brasil, don Pedro I –quien era un músico aficionado–, había compuesto una marcha para el festejo de lo que creía una segura victoria. A tales efectos, se le había entregado la partitura a su comandante militar, el marqués de Barbacena.

Lamentablemente para el Imperio, la suerte ese día estuvo del lado de las armas de los patriotas argentinos.

Concretamente, la  batalla de Ituzaingó fue un enfrentamiento ocurrido el 20 de febrero de 1827 que tuvo lugar en la profundidad del Estado de Río Grande del Sur, durante el transcurso de la Guerra del Brasil.

Tras la victoria argentina, la Banda Oriental del Uruguay dejó de ser una provincia del Imperio del Brasil y se transformó en un Estado independiente y soberano, tal como hoy lo conocemos.

Por lo que no sería exagerado sostener que, a la par de Chile, de Perú y de Ecuador, las armas de la Patria le dieron la libertad a la República Oriental del Uruguay.

Volvamos a la batalla y a su postrimería. Los vencedores, como correspondía por aquellos tiempos, tomaron como botín de guerra las pertenencias de los vencidos. Grande debió haber sido su sorpresa cuando en un cofre hallado en la carpa de mando del marqués se encontraba la partitura de una hermosa marcha militar.

Ni lentos ni perezosos, los nacionales la hicieron suya y, hoy, la marcha de Ituzaingó, junto con el bastón de mando y la banda presidencial, forman parte de los atributos del Presidente de la Nación, ya que se hace sonar cada vez que éste ingresa a una ceremonia militar.

Las efemérides que nos recordara el vicepresidente del Brasil no terminan acá. Hay más.

Sigue contando la historia que luego de la batalla de Caseros, en la cual las tropas brasileñas colaboraran con las de Urquiza –gobernador de Entre Ríos– y que depusieron al de Buenos Aires, don Juan Manuel de Rosas, decidieron ingresar a Buenos Aires un 20 de febrero con la idea de exorcizar aquel mal recuerdo de Ituzaingó.

Hasta donde sabemos, nuestra Cancillería no ha acusado recibo del tuit del vicepresidente del Brasil, quien, en el fondo, no hace otra cosa que reivindicar la intervención de su país en los asuntos internos nuestros.

Una cuestión que, como explicamos al principio de nuestra nota, es algo fuera de época y de lugar.

No es para enojarse, tampoco, para dejarlo pasar sin más.

Bien podríamos devolverle el gesto. Uno que consistiría en el envío de una versión grabada de la marcha Ituzaingó al presidente y al vicepresidente de la República Federativa del Brasil para recordarle que las armas patriotas pueden estar mal vestidas y hasta mal comidas, pero que bien pueden ser temibles cuando luchan por nuestra Libertad.

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

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Ya no es solo el presidente de Brasil quien pretende inmiscuirse en nuestros asuntos internos o externos; ahora su vicepresidente nos recuerda la participación de tropas de su país en la batalla de Caseros –que provocó la caída de Rosas–, sin que nuestra Cancillería haya reaccionado

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