No solo es su seguridad, Señor Presidente
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No solo es su seguridad, Señor Presidente

La protesta de ambientalistas a pocos metros de Mauricio Macri y su esposa desnudaron  graves falencias técnicas y operativas, por lo que es más que necesario profesionalizar la seguridad presidencial

Como cualquier turista que pase frente a los jardines de la Casa Blanca o hasta por el coqueto barrio del 10 Downing Street londinense, uno no puede dejar de notar el cambio de actitudes que ha tenido lugar.

Presidentes y primeros ministros, que hasta no hace mucho vivían casi sin protección, ahora tienen que admitir las dificultades inherentes a la custodia de sus vidas, quedando aislados de los ciudadanos de quienes son sus representantes pues están rodeados con elaboradas vallas y han tenido que transformar sus residencias en fortalezas.

Los fríos hechos vienen demostrando que los dirigentes políticos son considerados “blancos” en forma creciente. Tiempo atrás, era impensable que esto sucediera. Pero los ataques a dignatarios se han convertido en un lugar común. No solo en lejanos e incivilizados parajes africanos o asiáticos sino también en los denominados países del Primer Mundo, como ha sido el caso repetido contra el Presidente de los EE.UU. en su historia reciente.

Por este motivo, vemos cómo todos ellos mantienen una estricta seguridad. No ya con personal militar uniformado, tampoco con sujetos que lucen como soldados, sino con personas que no tienen la obligación de vestir uniforme, sin mencionar a las faldas.

No muestran sus armas en forma abierta. La mayoría de las defensas visibles, de hecho, no son más que una fachada destinada a advertir a los curiosos y a disuadir a los terroristas aficionados. Mientras tanto, el trabajo real de protección es llevado a cabo por miembros de varios servicios secretos, otro indicador de lo lejos que han llegado los cambios.

Sin embargo, y pese a lo dicho, hace pocos días asistimos al espectáculo de ver cómo una organización ambientalista que, para sorpresa de los presentes, desplegaba sus carteles de protesta a pocos metros de nuestro Presidente y su esposa.

Probablemente, para algunos no se trata nada más que de una anécdota de color, ya que pocos días antes, en ese mismo lugar, habíamos presenciado una batalla ecuestre entre los gauchos de nuestras pampas contra los personeros del globalismo vegano.

Hasta ahí, todo casi muy divertido, pero no es así. Hay otra tela que cortar. Y es la de la seguridad presidencial.

Para empezar, podemos decir que éste no constituye un hecho nuevo, sino uno repetido, ya que no es la primera vez –y creemos que no será la última– en la que nuestro Presidente es amenazado de palabra y obra.

Pero el caso referido de la Sociedad Rural es particularmente grave, no por sus consecuencias, sino por sus potenciales implicancias. Ya que a nadie se le puede escapar el hecho de que quienes plantaron un dispositivo técnico para desplegar una pancarta, bien podrían haberlo hecho con algo mucho más peligroso para la seguridad presidencial y para las personas que lo acompañaban en el palco.

Valga recordar que todo lugar al que debe concurrir el presidente es  controlado y revisado, de antemano, por un equipo de su seguridad. Y que, en este caso, no se trató de un improvisado palco en una alejada localidad del interior sino de la centenaria sede de la Sociedad Rural Argentina, a la sazón ubicada a unos pocos minutos de viaje de la Casa Rosada.

Como sabemos, la seguridad presidencial es responsabilidad de la Casa Militar y es ejecutada por una mezcla de integrantes del Regimiento de Granaderos a Caballo 'General San Martín' y de nuestra Policía Federal.

Durante la presidencia de José Figueroa Alcorta se designó al histórico regimiento como Escolta Presidencial. Pero más recientemente, mediante sucesivos decretos, se ha establecido que la seguridad de la Casa de Gobierno y de la Residencia de Olivos, como también de otros lugares de residencia transitoria, son responsabilidad de la Casa Militar con los efectivos del mencionado regimiento.

Por otro lado, está determinado que en los casos de desplazamientos terrestres dentro y fuera del país, la custodia de la persona del Presidente y de su familia estará a cargo del personal dependiente de la División Custodia Presidencial de la Policía Federal Argentina bajo el control operacional de la Casa Militar.

Como vemos, la Casa Militar carga sobre sus espaldas con responsabilidades duales, pero de naturaleza muy distintas. Por un lado, las múltiples y coloridas tareas vinculadas con el ceremonial y el protocolo, y por el otro, las muy concretas del transporte, la logística y la seguridad presidencial.

Para el cumplimiento de sus funciones cuenta con cuatro agrupaciones: la de Logistica y Comunicaciones, la de Seguridad e Inteligencia, la Aérea y la de Gestión Administrativa. Obviamente, este completo organigrama viene provisto de una amplia panoplia de medios humanos y materiales, que incluyen desde un general de brigada y cientos de militares y policías, hasta dos aviones y tres helicópteros.

Un viejo principio organizativo reza que “solo lo sencillo promete éxito”, y está a la vista que la Casa Militar dista de cumplirlo.

A los efectos comparativos podemos analizar el sistema que custodia al presidente mejor protegido del mundo, aunque se haya atentado contra su vida, incluso con éxito, en varias oportunidades. Por lo que es probable que estas circunstancia hayan sido el motor para la creación de una eficiente organización conocida como el Servicio Secreto.

Concretamente, tras el asesinato del presidente William McKinley en 1901, el Congreso de los EE.UU. le pidió al Servicio Secreto que brindara protección presidencial. Una compleja organización, preexistente, compuesta por personal especializado en tareas de custodia VIP e investigaciones de falsificaciones de moneda.

Actualmente, su principal misión es la seguridad del propio presidente, la del vicepresidente, la de los candidatos presidenciales en campaña y la de los dignatarios extranjeros que visitan los EE.UU. La lista se engrosa con los familiares de los mencionados.

Por su parte, el transporte aéreo le es provisto al presidente y a su comitiva por el 'Air Force One' de la Fuerza Aérea de los EE.UU. y por el 'Marine One', un helicóptero del Cuerpo de Marines. Tampoco hay que soslayar la figura del edecán presidencial, un oficial militar que acompaña al presidente con una valija que contiene los códigos de lanzamiento de todo el arsenal nuclear de los EE.UU.

Todo el sistema es coordinado y conducido por el jefe de Gabinete de la Casa Blanca, por lo general, una persona de confianza del presidente.

Volviendo al principio, y a todas las falencias técnicas y operativas que desnuda el episodio de la Sociedad Rural, nos preguntamos si no ha llegado el momento de profesionalizar la seguridad presidencial, ya que creo que para ello no necesitamos transitar la traumática experiencia de tener que perder a un presidente como fue el caso de los norteamericanos.

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

 

 

 

 

 

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