El periodismo militante, las redes sociales y la verdad
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El periodismo militante, las redes sociales y la verdad

“Opinión no es cualquier afirmación lanzada al aire porque sí, por charlatanismo o temeridad de botarate; eso es macaneo”, decía el padre Leonardo Castellani. Y eso es algo que hoy vemos muy a menudo...

Al margen de ser el director de El Ciudadano, el periodismo es para mí una actividad que ejerzo desde lo artesanal. Sé que se trata de una ocupación profesional y que, en términos generales, consiste en el tratamiento periódico de la información bajo la forma de distintas variantes tecnológicas.

También sé que como ciencia, el periodismo se ubica dentro de las denominadas Ciencias de la Comunicación y, como tal, está vinculado a la Sociología.

Cuenta la historia que el primer diario en ver la luz lo hizo en 1556, cuando el gobierno de Venecia publicó algo que llamó “notizie scritte mensual” y que costaba una, justamente, “gaceta”, que era una moneda veneciana de la época. Palabra que pasó a integrar el título de muchos periódicos de la época y de la actualidad.

Desde esos días, mucha agua ha corrido bajo los puentes del periodismo. Especialmente en los años recientes, en los que tremendas transformaciones están teniendo lugar frente a nuestros propios ojos.

Al respecto, el famoso politólogo italiano Giovanni Sartori argumentaba que la prensa escrita había generado al “homo sapiens”, vale decir a un sujeto reflexivo. Pero que el advenimiento de las noticias por TV nos había legado al “homo videns”, aquel que ya no reflexiona y que solo cree en lo que le muestran. 

Por último, antes de morir hace poco, agregó al “homo cretinus”, el de las redes sociales, que es fácilmente manipulable porque ya no solo no reflexiona, tampoco mira la TV y solo se informa por las cadenas de WhatsApp de sus correligionarios.

Pero, como sabemos, no hay nada bajo el sol, ya que en 1947 el gran periodista y escritor inglés George Orwell escribía su obra más famosa: 1984 (Nineteen Eighty-Four). Una novela política de ficción distópica, pero que describe muy bien lo que puede llegar a ser un mundo sin la existencia del periodismo independiente y en el que se nos quiera imponer, desde el Estado, un pensamiento único. 

Orwell explica en su obra que el Estado totalitario manipula la información, practica la vigilancia masiva y la represión política y social. Para ello, tiene su ‘Ministerio de la Verdad’ que se dedica a manipular o a destruir los documentos históricos de todo tipo (incluyendo libros y diarios), para conseguir que las evidencias del pasado coincidan con la versión oficial de la historia, mantenida por el Estado.

Sin embargo, y aunque parezca paradójico, hoy por hoy, esto también lo lograron practicar las grandes corporaciones mediáticas de multimedios. En un principio, al compás del dinero de las pautas y de las instrucciones de los sucesivos gobiernos de turno.

Pero, recientemente, la tecnología ha permitido que las poderosas redes sociales no solo reemplacen en el plano informativo a esas grandes cadenas, sino que, de paso, se independicen del mismísimo Estado.

Ya es un hecho, política y judicialmente comprobado, que redes sociales como las de Facebook o de Twitter influyen conscientemente en la opinión pública. Ya que no necesitan de un reducido ejército de periodistas afines, pues utilizan mecanismos vinculados con la inteligencia artificial que les permiten llegarle a cada cliente en forma muy precisa y acorde a sus preferencias.

Para ello disponen de amplias bases de datos sobre nosotros y sobre nuestras vidas. Lo saben casi todo, desde el día de nuestros cumpleaños hasta nuestras series de TV favoritas.

Pero pasando a lo concreto, es que queremos reflexionar junto con nuestro lector –ya que de eso se trata la prensa escrita– sobre dos hechos actuales e importantes vinculados con lo que venimos explicando.

El primero, es la sorpresa que me asiste al advertir los rápidos cambios de posición de un nutrido grupo de periodistas que hasta ayer eran defensores acérrimos del oficialismo y que hoy se han convertido en los abanderados de la oposición.

En un libro especializado en periodismo leía, hace unos días, que hay dos tipos básicos de periodistas: los que se identifican con el rol de ser una suerte de “altavoz de la ciudadanía" y aquellos que se contentan con ser los “favorecedores del status quo".

La segunda consideración nos lleva a ese ejercicio de periodismo espontáneo que son nuestras redes sociales. Todos tenemos en nuestros numerosos grupos de WhatsApp, por ejemplo, al amigo que quiere emular a Mariano Moreno y nos bombardea, a diario, con noticias, videos y consignas. 

Para ambos casos –tanto el de los periodistas “favorecedores del status quo" como el amateur de nuestras redes– tenemos que juzgarlos a la luz del criterio de verdad.

“¿Qué es la verdad?”, le preguntó Poncio Pilatos a Cristo, y probablemente se la repitan ustedes ahora.

Bueno, la verdad no es otra cosa que la concurrencia de nuestro pensamiento con una realidad externa que puede ser conocida. Pero si es algo tan sencillo, ¿de dónde surgen la mentira y el error? Por ejemplo, solo para citar casos extremos, hay grupos de personas que sostienen que la Tierra no es redonda y que es plana. O que el hombre no llegó nunca a Luna.

Todo error es una mentira, nos dice el filósofo de la razón que fue Descartes. Por lo tanto, todo error es culpable porque proviene de la voluntad, no del intelecto. Vale decir que yerra quien tiene ganas de hacerlo o no tiene la voluntad de informarse correctamente.

Una forma más o menos segura de informarse correctamente es leer y dejarse guiar por los que saben, ya que una cosa es el derecho a opinar y otra, muy distinta, el derecho a macanear.

Por ejemplo, otro famoso periodista artesanal, el padre Leonardo Castellani, decía: “Yo opino que las neurosis son psicosomatogénicas, otros doctores opinan que son todas psicogénicas, otros que son todas somatogénicas. Opinión no es cualquier afirmación lanzada al aire porque sí, por charlatanismo o temeridad de botarate; eso es macaneo”.

Pues, “¿quién tiene derecho a opinar? No todo hombre sobre todo tema, sino los entendidos sobre aquello que entienden”, concluye Castellani.

Estimado lector: vivimos tiempos de abundancia de medios informativos y las noticias nos llegan rápido y por todos lados.

Tal vez ha llegado el momento de ejercer nuestro derecho a la reflexión, tal como nos lo piden los grandes periodistas que hemos citado en nuestro apoyo.

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional. 

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