Preocupa la cantidad de bebés con huellas de drogas en su organismo
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Preocupa la cantidad de bebés con huellas de drogas en su organismo

Desde que se pusieron en marcha los controles en la provincia, por iniciativa de los médicos del Lagomaggiore en 2017 y en todos los hospitales y maternidades desde 2018, el número ha ascendido, y afirman que las secuelas pueden ser de gravedad para el desarrollo futuro del niño en lo físico y en lo intelectual

La cantidad de bebés con rastros de drogas en su cuerpo es una realidad que preocupa a los médicos y a los responsables de diferentes áreas del sistema de salud provincial. 

Es que cada vez que se conocen los números, la situación parece profundizarse. Hace un par de meses, incluso, el tema saltó a la prensa nacional con cifras que luego en algún caso demostraron ser engañosas, pero no disminuye en nada la gravedad del tema.

El asunto es bastante nuevo por una cuestión: hace solo dos años que se decidió abordar el problema con seriedad y tratando de tener una idea cabal de su magnitud. Recién en 2017 se comenzaron a hacer pruebas de sangre a los niños nacidos en el Hospital Lagomaggiore, la maternidad más grande de la provincia, por iniciativa del propio cuerpo de profesionales. En esa primera oportunidad se determinó que 160 chicos, de los más de seis mil que nacieron ese año, tenían sustancias psicoactivas –fue el dato oficial–, y representaron un 2,7% de los nacidos en ese hospital.

Ante esa situación se decidió que a partir de 2018 se empezaran a hacer las pruebas en todos los hospitales de la provincia.

Cuando se tuvieron los datos de 2018, ya el 3,7% de los bebés nacidos durante 2018 dieron positivo. Las pruebas incluyen los reactivos para detectar cocaína, marihuana y benzodiacepinas, aunque se informó que en la mayoría de los casos la sustancia encontrada fue la primera de ellas.  

Cuando se verificó el dato de los bebés que debieron ser ingresados al servicio de Neonatología, luego de tener alguna complicación, se encontró que el 17% se encontraba con esos indicios. 

Entre las madres, los dosajes se le realizan a aquellas que presentan algún factor de riesgo que pueda hacer suponer el consumo de este tipo de sustancias. De las 895 evaluadas el año pasado, 12,51% dio positivo.

Ayer, quien brindó información sobre el tema fue Mónica Rinaldi, directora de Maternidad de la cartera de Salud, quien puntualizó que “se comenzó un estudio en el Lagomaggiore como una inquietud del equipo de profesionales del hospital, porque habían detectado en algunos pacientes con síntomas que no era atribuidos a ninguna enfermedad”. 

“Tenemos que mencionar que en la provincia y en el país hay muy pocos datos de consumo de madres embarazadas, por eso también fue el interés de hacer ese estudio. Los casos son detectados por un listado de factores de riesgo que están asociados a mayor frecuencia de consumo, por ejemplo, si la mamá no tiene control prenatal, si tiene algún antecedente de haber consumido o su pareja alguna vez en la vida drogas, si tiene algunos síntomas como por ejemplo el desprendimiento de placenta o antecedentes de haber tenido un bebé fallecido”, agregó la funcionaria.

“Una vez que tenemos esos factores de riesgo, se le solicita a la madre la autorización para hacerle el dosaje a su hijo en la orina para detectar consumo de sustancias”, dijo Rinaldi.

La profesional dejó claro que se han encontrado diversas sustancias, y que el kit que hay en el Hospital Lagomaggiore también está prácticamente en todas las maternidades de la provincia, aunque los centros que fundamentalmente están trabajando el tema son el citado junto con el Paroissien y el Carrillo. 

En el 2018 hubo 30 mil nacimientos en la provincia, en el Lagomaggiore nacieron unos 5 mil niños y de ese grupo el 2% de esos embarazos fueron asistidos porque sus madres consumieron drogas.

Rinaldi indicó: “Nosotros, antes no teníamos ningún dato del consumo en la embarazada. Es por eso que en estos dos años que llevamos trabajando con este tema, nos ha servido para darnos cuenta que es un problema que existe y que antes no se investigaba. Y para hacer comparaciones necesitamos un tiempo más prolongado, si bien en el primer año se vio un número determinado y en el año siguiente un poco más, pero no es para sacar conclusiones”.

Los efectos

Cuando se buscan los indicadores de que el niño puede llegar a tener síndrome de abstinencia hay varios que son considerados y según la opinión de los especialistas puede tener llanto continuo, irritabilidad, problemas en la regulación de la temperatura, pocas horas de sueño, hiperactividad, taquicardia, náuseas, vómitos y convulsiones.

Pero no todo es tan lineal. En el momento del nacimiento el niño puede no presentar ningún síntoma, de hecho han establecido que alrededor del 60% es asintomático, lo que no significa que el cerebro del bebé no vaya a estar afectado y que a largo plazo pueda tener dificultades que pueden manifestarse en la escolaridad, o dificultad para la adquisición del lenguaje. “Por lo general, en su inicio la mayoría son asintomáticos, y en segundo lugar los más frecuente es que en bebés prematuros o de bajo peso el síndrome de abstinencia se puede presentar también. La incidencia no es tan frecuente y algunas otras patológicas, por ejemplo, es tener una hemorragia cerebral o tener convulsiones, pero es inferior al 1%”, explicó Rinaldi.

Cuando detectan un caso se hace un abordaje interdisciplinario, donde se decide el tratamiento y la continuidad del bebé en el seno familiar, haciéndose todo lo posible para que permanezca en él, asegurando tratamiento para la madre y una red de contención para el pequeño. 

Daño irreparable

El consumo de sustancias psicoactivas de manera reiterada por parte de la madre gestante, produce daños irreversibles en los recién nacidos. Algunos niños presentan síntomas inmediatos pero quienes no lo hacen no están exentos de presentar efectos en el futuro.

El consumo daña la corteza prefrontal y cuando esto sucede resulta muy difícil dejar el consumo. Esta es el área asociada a los valores y por ello también tiene consecuencias en la vinculación con los demás y en particular con sus hijos.

Si nos centramos en aspectos legales, vale recordar que nuestro país adhirió a la Convención de los Derechos de los Niños y Niñas, que es un acuerdo entre países que deben respetar la misma ley. 

El Congreso de la Nación Argentina ratificó la Convención el 27 de septiembre de 1990 mediante la Ley 23.849 y la Asamblea Constituyente la incorporó al artículo 75 de la Constitución de la Nación Argentina en agosto de 1994. 

A partir de este compromiso, el Gobierno debe realizar los esfuerzos posibles para asegurar que todo niño, niña y adolescente tenga acceso a todos los derechos que figuran en la Convención. De los 54 artículos de esta Convención, los que se refieren a la salud específicamente en tres de ellos expresa: “A que el Estado ayude a los padres u otros responsables del niño para que cumplan con sus deberes y derechos. A disfrutar del más alto nivel de salud. A ser protegido contra el uso ilícito de drogas y a que se impida que se les utilice en la producción de tales sustancias”.

Sin embargo, y a pesar de que estos derechos están consagrados, se ha señalado que las nuevas tendencias de las estadísticas en la Argentina reflejan que muchos de los recién nacidos nacen con síndrome de abstinencia por consumo de drogas de sus madres durante el embarazo. 

Y otro dato muy preocupante es el que refiere a las infecciones de transmisión sexual (ITS). Los números dicen que casi mil niños/as nacieron con sífilis congénita en el 2017, más precisamente 986 contra 888 en el 2016; 786 en el 2015 y 779 en el 2014.

La situación parece agravarse cuando se consideran las cifras en niños provenientes de asentamientos. La polémica por una interpretación errónea de los datos de Mendoza, cuando indicaron que el 80% de los niños atendidos tenían huellas de cocaína en sangre, se acalló luego de la corrección de las cifras. Pero los números son demasiado alarmantes para quedarnos tranquilos, y toda campaña parece poca ante un cuadro de esa gravedad.

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Desde que se pusieron en marcha los controles en la provincia, por iniciativa de los médicos del Lagomaggiore en 2017 y en todos los hospitales y maternidades desde 2018, el número ha ascendido, y afirman que las secuelas pueden ser de gravedad para el desarrollo futuro del niño en lo físico y en lo intelectual

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