El nuevo Messi: el poder de su palabra y la responsabilidad de ser líder
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El nuevo Messi: el poder de su palabra y la responsabilidad de ser líder

“Un gran poder conlleva una gran responsabilidad” frase de cabecera que se le atribuye al Tío Ben en los cómics de Spiderman pero existe una historia muy interesante de la vida real detrás de la cita.

El 11 de abril de 1945 cuando Franklin Roosevelt, ex presidente de los Estados Unidos, se dirigió a su pueblo por última vez, en su discurso que quedará en la historia por tratarse de su último mensaje antes de morir dos días después, sostuvo: “Great power involves great responsibility”, que traducido al español es: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Y me quiero quedar con esta frase contundente y realista para llevarlo al contexto deportivo y, más precisamente, al mejor jugador del Mundo, Lionel Messi.

Sin duda, que desde la posición de ser el mejor de todos tiene un poder mucho mayor que el resto de sus colegas y que otros deportistas. Por ende, es escuchado, aclamado, criticado, valorado, y sus palabras generan un revuelo social impresionante. Por eso, sus declaraciones provocan adeptos y detractores al mismo tiempo, en todo el mundo.

Cada cual es libre de estar de acuerdo o no con su visión de lo sucedido en la Copa América. Pero lo cierto es que la selección Argentina vio una mano negra y un verdadero líder hace lo que hizo Messi: salir a hablar de la manera que él lo considera porque así lo siente. Y eso no es criticable.

Messi tiene un gran poder en sus pies que conlleva una gran responsabilidad de encaminar a la Selección Argentina al éxito. Porque su habilidad y talento así lo permiten. También, porque su exitosa carrera así lo demanda. El único título que le falta a su vitrina es uno con la selección Mayor, ya sea Copa América o Copa del Mundo. Pero cuando los árbitros, incluido el VAR, le ponen piedras en el camino, es correcto que quién tenga el poder de hacerlo salga a opinar de la manera que considera, y a embarrar la cancha.

Messi es libre de decir lo que piensa, le gusta a quién le guste. Tal vez, sus declaraciones deberán estar acompañadas de las pruebas de “corrupción” que él denunció, pero claramente Argentina fue perjudicada frente a Brasil y ante la impotencia y la bronca acumulada sus declaraciones post Brasil fueron duras y contundentes: “El arbitro nos faltó el respeto todo el partido”. Además, agregó que: “En las divididas eran todas a favor de ellos (Brasil)” y que terminó cobrando “boludeces”.

Todo líder de un grupo sale a defender a sus integrantes como lo hizo él. En este caso, el número 10 salió a bancar al seleccionado cuando le metieron la mano en el bolsillo.

En varias ocasiones, parte del pueblo argentino criticó a Messi porque no cantaba el himno ni defendía a sus compañeros ni se ponía en el rol de capitán dentro y fuera de la cancha. Durante la Copa América, tanto en el campo de juego como fuera del mismo, fue un verdadero líder. Y así debería ser a partir de ahora.

A esa rebeldía positiva tendría que acompañarla de su buen juego que fue visto solamente en los partidos ante Brasil y los pocos minutos que estuvo frente a Chile, es decir, en los momentos en los cuales el seleccionado más lo necesitó.

A partir de Brasil 2019, se vio otro Messi. Un capitán renovado. El que canta el himno. Y es para aplaudirlo, aunque cuando no lo hacía no era para criticarlo, ya que no es menos argentino que el resto.

Un Messi más protestón, que sería lo correcto cuando la jugada así lo requiere. Y por llevar la cinta de capitán. Más dialoguista con sus compañeros. No es necesario mostrar liderazgo solamente con la pelota en los pies. Lionel lo hacía desde ubicar a sus compañeros en diferentes sectores de la cancha. Ordenar el equipo en ofensiva. Y dar indicaciones. Habló mucho con los árbitros, ya sea para que éstos consulten al VAR como también para reclamar faltas que no cobraban. Además, se notó que hablaba con sus rivales para demostrarle que no era menos que ellos y que no lo iban a correr de palabra.

Es un Messi distinto. Más líder que nunca. Faltó más de su juego en los primeros partidos. Pero apareció en los encuentros determinantes.

El capitán se hizo cargo, esta vez, de la responsabilidad que asumió desde que se convirtió en el máximo referente del plantel, tras la salida de Javier Mascherano.

Su primer cambio de actitud fue salir hablar después de cada partido en zona mixta sin el cassette puesto. Tras la derrota ante Colombia en Salvador de Bahía, agarró el timón del barco y sostuvo: “Hay que cambiar el chip rápidamente. Levantar la cabeza y seguir para adelante”.

Luego del empate con Paraguay habló de una reunión previa al partido que hubo en el plantel entre futbolistas e integrantes del cuerpo técnico: “Fue una charla para el bien del grupo, para seguir creciendo, porque sabíamos que hoy nos jugábamos muchísimo, no pudimos tener la victoria que queríamos, pero todo lo que se hace es para buscar el objetivo”. Y agregó: “Sería una locura quedar eliminados cuando pasan tres por grupos”.

Tras la victoria frente a Qatar con clasificación incluida a cuartos de final, le mando un tiro por elevación al entrenador, Lionel Scaloni, de cómo se sentía más cómodo jugando: “Me sentí bien con Agüero y Lautaro Martínez adelante. Creamos más situaciones y pudimos concretar”.

Después de ganarle a Venezuela, dijo: “No estoy jugando como me gustaría”, se sincero el número 10 de la selección.

Tras la caída ante la “Verdeamarela” y su expulsión frente a Chile, salió y se quejó de los árbitros sin pelos en la lengua: “Nos robaron”, “No quiero ser parte de esta corrupción”, “Es difícil que la Conmebol haga algo porque maneja todo Brasil”, “Mucha bronca porque no merecía mi expulsión (contra Chile)”, “Nos vamos con la sensación de que no nos permitieron estar en la final y estábamos para más”, “No se puede ser sincero porque te pasa lo que me pasó”, todas frases de un nuevo Messi dolido, que ya no se calla más, que sale a bancar a sus compañeros y que asumió el liderazgo público.

Este Messi difiere mucho del que se vio en la Copa del Mundo en Rusia que jugaba con el freno de mano puesto y apenas emitía una que otra palabra.

Con este cambio dio un paso adelante. Es el que vale la pena ver y escuchar. El verdadero conductor de un equipo con hambre de gloria. A sus palabras y a sus acciones ahora deberá sumarle su muy buen juego.

Vale la pena que la Asociación Argentina de Futbol (AFA) pague las consecuencias por un nuevo Messi. Porque todo hombre con poder conlleva una gran responsabilidad. Y Lionel está asumiendo está responsabilidad de ser el nuevo líder de este grupo, le guste a quién le guste

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