Política electoral: ¿hay un tercero excluido?
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Política electoral: ¿hay un tercero excluido?

Más allá de un juego de semejanzas y diferencias entre Macri y CFK, muchos arriesgan que sería casi imposible que uno de los dos resulte electo, especialmente si apareciera un tercero en discordia

Vamos a empezar con un poco de teoría. El principio del tercero excluido fue propuesto por el sabio griego Aristóteles, maestro de Alejandro Magno, el más grande conquistador de la Antigüedad.

¿Qué enseñaba el filósofo griego? Que la disyuntiva entre una proposición y su correspondiente negación es siempre verdadera, lo que elimina la posibilidad de una tercera posibilidad. Es la lógica del tercero excluido.

Por ejemplo, es verdad decir que “es de día” y también se puede afirmar que no lo es, pero no hay otra posibilidad. 

Aristóteles, para hacer más complicadas las cosas, distinguía entre los juicios contradictorios de los juicios contrarios: dados dos juicios contradictorios, no puede darse un juicio intermedio, pero sí en cambio entre dos juicios contrarios.

Por ejemplo, si se afirma “Juan es bueno”, y si esta proposición resulta verdadera, entonces, su juicio contradictorio es “Juan no es bueno” y la proposición no es verdadera, ya que no existe la posibilidad de un juicio intermedio. Funciona la lógica del tercero excluido.

Pero en cambio, si afirmo “Juan es más o menos bueno”, el juicio contrario es “Juan es malo” y esta proposición resulta ser falsa. Lo que abre la posibilidad de los denominados juicios intermedios, donde lo que juegan son los juicios contradictorios. Esta es la denominada lógica polivalente.

Para pasar a la práctica nos deberíamos preguntar si la política responde a la lógica del tercero excluido o a una más bien polivalente.

Nuevamente nos tenemos que referir a Aristóteles, quien califica a la Política entre las ciencias prácticas. Vale decir, entre aquellas cuya materia prima es la voluntad humana, especialmente entre los que son sus causas eficientes o, en otras palabras, los políticos.

Ya el lector, aunque no haya leído al sabio mencionado tantas veces, intuye correctamente que la política mal puede llevarse bien con la lógica del tercero excluido, ya que es por propia definición el reino de lo polivalente.

Ni que hablar si hablamos de la política argentina. Posiblemente una de las más polivalentes del mundo, una en la cual casi todo parece estar permitido.

Por todos los fundamentos teóricos expresados, sumados a nuestra experiencia personal, la que ya no es corta, nos ponemos a analizar la actual situación preelectoral. Una de la que algunos quieren convencernos de que hay terceros excluidos. Veamos.

Hasta el momento, los publicistas del Presidente de la Nación –nos referimos al señor Jaime Durán Barba– nos vienen machacando con eso de que la única elección posible es entre su contratante, Mauricio Macri, o su archienemiga, CFK, entre el futuro o el pasado.

En este marco conceptual, vemos cómo se verifica la lógica del tercero excluido: “Macri es bueno, CFK es mala”. 

Sin entrar en una pormenorizada crítica de la cantidad de verdad que los extremos contrarios que esta proposición pudieran llegar a tener, afirmamos que no son términos contrarios sino contradictorios.

Macri no es CFK, ni CFK es Macri. No lo son en términos absolutos, pero si analizamos sus respectivas políticas vemos que muchas de sus diferencias se desvanecen. Por ejemplo, lo ha dicho un conocido crítico, “el macrismo no es más que un kirchnerismo de buenos modales”.

A continuación, José Luis Espert, que es de quien se trata, explica que la política económica –una basada en un Estado proveedor de subsidios sociales– es la misma. 

Obviamente que otras cosas son muy distintas, como la apertura al mundo que ha caracterizado a la actual administración, contra la cerrazón que era propia del anterior.

Pero más allá de este juego de las semejanzas y de las diferencias conviene ponernos de acuerdo en que no existe la posibilidad de un tercero excluido.

Mucho más si analizamos el tema desde el punto de las posibilidades electorales de cada uno. Sabemos, por las más diversas y recientes encuestas, que ambos –Macri y CFK– gozan de una relativamente pequeña imagen positiva y que comparten una pesada imagen negativa.

El analista político Jorge Giacobbe, que sabe de estas cosas, se atreve a afirmar que con tales características es casi imposible que alguno de los dos resulte electo, especialmente si en la elección apareciera un tercero en discordia.

En este marco, ya no son pocas las voces que sostienen este razonamiento. Por ejemplo, hay quienes proponen el denominado ‘Plan V’, en la idea de que la actual gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, sea la candidata presidencial de la alianza Cambiemos.

Mientras tanto, Roberto Lavagna, otro de los terceros en discordia, avisó el sábado pasado que será candidato a presidente y que no va sumarse a la propuesta de ampliar Cambiemos que expuso días atrás Martín Lousteau en la Feria del Libro.

“La estrategia de Cambiemos nos condena al fracaso”, se quejan varios radicales. Citan en su apoyo una seguidilla de derrotas: la de Neuquén, la de Río Negro, la de Entre Ríos, la de Santa Fe, y especialmente las más recientes, de Córdoba Capital y de la provincia homónima. Incluso, Ricardo Alfonsín avanza en ese sentido y sostiene que hasta el nombre Cambiemos debe ser renovado por uno nuevo que convoque a una nueva alianza. 

Por eso mismo, aún más dentro de esa alianza, desde la UCR son varias las voces que proponen su ampliación sumando al mismo Lavagna. Son de esa opinión Federico Storani (vicepresidente del Comité Nacional de la UCR), el ya mencionado Ricardo Alfonsín, el bonaerense Juan Manuel Casella, el gobernador socialista Miguel Lifschitz y la líder del GEN Margarita Stolbizer.

Otros han mencionado los nombres de otros candidatos a presidente, como los del senador nacional Miguel Ángel Pichetto y del diputado nacional Sergio Massa.

Por su parte, nuestro Gobernador, a la sazón presidente de la UCR, Alfredo Cornejo, mastica su malestar con Macri desde hace tiempo y por varios temas. Se le suma a ello su responsabilidad en la conducción de la próxima Convención Radical, en donde se debatirán las posturas más rupturistas ya señaladas con las de los que quieren continuar con reformas no tan tajantes. 

Pero más allá de estas diferencias, Cornejo está dispuesto a construir la idea de que hay que sumar y no dividir, de ampliar y no de expulsar. Tal vez una tarea casi imposible a estas alturas, pero que tiene a su favor el hecho nada despreciable de que la política es el arte de sumar y que ganan aquellos que pueden ponerlo en práctica.

Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

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