La esposa de Tomás Godoy Cruz asesinó a su yerno
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La esposa de Tomás Godoy Cruz asesinó a su yerno

En 1853, ocurrió en nuestra provincia un asesinato que conmocionó a toda la sociedad mendocina. ¿La víctima? El doctor Federico Mayer, yerno del patriota Tomás Godoy Cruz.

Para la mayoría de los historiadores, el crimen fue encargado por su suegra, la señora Luz Sosa, a raíz de un oculto amor hacia Mayer, quien se había casado con su hija Aurelia. Otra causa del alevoso crimen podrían haber sido los intereses económicos. 

Lo cierto es que quienes participaron de este crimen fueron condenados a pocos años de cárcel y la supuesta autora intelectual fue absuelta. Parece una historia muy actual, pero ocurrió hace muchos años. Aquí, los pasajes más ocultos de esta truculenta historia.

Viaje accidental

Fue por el año 1851 que un alemán llamado Federico Mayer realizó un viaje hacia Chile con el fin de radicarse algunos meses allí. Pero su viaje tuvo un destino diferente y tras cruzar la cordillera se quedó en Mendoza.

Varios conocidos le recomendaron a Mayer que parara en la casa de la ilustre familia Godoy Cruz, y en una de sus visitas, don Tomás lo invitó a alojarse en su casa.

Con el tiempo, el viajero decidió quedarse; le gustaba el lugar, la gente lo trataba muy bien y le encantaba pasear por la Alameda y tomar café. Nunca faltaba una invitación al joven extranjero a las tertulias y baile de la pequeña aldea.

Los bailes más espectaculares eran los que realizaba doña Luz Sosa de Godoy Cruz, la esposa del viejo patriota mendocino.

Doña Luz era una joven y hermosa mujer, frívola, con un carácter despótico y dominante que influía a don Tomás y toda su familia en lo afectivo y lo material.

A esta residencia concurría lo más importante de la sociedad mendocina; y fue en uno de ellos en donde Mayer conoció a Aurelia, hija de aquella familia.

Federico era un hombre muy atractivo: alto, ojos celestes, de origen sajón; su porte impactó a muchas mendocinas que lo conocieron, en especial a Aurelia, quien le entregó su amor de inmediato. Pero había otra persona que también se había enamorado de él: era la madre de la joven, doña Luz.

La suegra despótica

Al poco tiempo de noviazgo, ambos se casaron, pero la felicidad del flamante matrimonio duró muy poco, ya que los desprecios de la familia Godoy Cruz, especialmente de doña Luz, no se hicieron esperar. El punto máximo de tensión llevó a doña Luz a presionar a su hija para que eligiera entre su madre y su esposo.

Esta intimación puso a Aurelia en una situación muy difícil, pero dueña de un carácter y una personalidad sólida, eligió a su marido.

Al enterarse de este suceso, Federico fue muy cauto para no herir a su esposa y no agravar más la situación. Entonces, preparó un viaje hacia Chile y durante su estadía en Santiago los dos pasaron momentos de felicidad.

¿Por qué retornaron finalmente? Porque desde Mendoza, el padre de Aurelia insistía en que regresaran.

Después de unos meses don Tomás se enfermó y falleció, lo que produjo que Luz Sosa profundizara aún más la mala relación con Federico y Aurelia.

La muerte de un inocente

En una calurosa noche de marzo de 1853, el matrimonio Mayer salió de la casa de don Melitón Gómez, quien vivía a unas cuatro cuadras de la finca de Aurelia. Allí doblaron hacia la izquierda, en donde había un callejón oscuro, y apresuraron la marcha.

Aurelia comentó que tenía un poco de miedo, pero Federico le contestó que estaba armado. Él le preguntó si quería doblar hacia la otra calle, cuando de repente aparecieron desde la oscuridad dos hombres que venían del lado opuesto, en mangas de camisa y con sombreros.

Estos individuos se enfrentaron al matrimonio. Los malhechores fueron a buscar a Federico, le asestaron varias puñaladas y lo remataron con dos tiros en la cabeza y el pecho. A pesar de los esfuerzos de Aurelia por defenderlo, nada pudo hacer, y los dos asesinos huyeron corriendo.

El cuerpo de Mayer estaba en el suelo y su esposa trató de auxiliarlo; la sangre brotaba por doquier. Desesperada, corrió hacia la casa de Nicolás Villanueva, de donde salieron con dos peones armados para auxiliarla. Al llegar estos, Aurelia llamó a un médico, dándole por seña un pañuelo ensangrentado.

Pero ya era tarde, Federico murió desangrado. No hubo mayor socorro para la pareja: fueron a buscar al Juez de Paz, pero no pudo asistir por no tener un caballo en que llegar.

Después de un tiempo la policía atrapó a los asesinos, Esteban y Martiniano Sambrano, cuando trataban de escapar hacia Chile. Los sospechosos confesaron luego que habían sido pagados por la señora Luz Sosa de Godoy Cruz para cometer el horrendo crimen. Inmediatamente fue llamada, y ella se declaró culpable de aquellos hechos.

La impunidad de los poderosos

Al mes y medio de ese mismo año, el juez Palma dictó la sentencia contra los asesinos del doctor Federico Mayer Arnold.

En los fundamentos de la sentencia, el juez explicó la participación que habían tenido los reos Esteban y Martiniano Sambrano en ese homicidio, y sostuvo que la señora Luz Sosa, madre política de Mayer, fue la instigadora del crimen.

“Ella les proveyó las armas para cometer el delito y encargó su ejecución”, narró. A todo esto se sumó el agravante de haber puesto en peligro la vida de su propia hija, quien acompañaba a la víctima cuando ésta fue atacada.

El magistrado dictó la sentencia y los hermanos Sambrano y Luz Sosa fueron condenados a la pena de muerte por fusilamiento.

Cuando todo hacía presumir que la sentencia del juez Palma era irrevocable, inesperadamente fue apelada y un tribunal compuesto por Leopoldo Zuloaga, Baltasar Sánchez y Clemente Cárdenas conmutó la pena de muerte de los Sambrano por diez años de cárcel. A Luz Sosa se le revocó la sentencia y se le impuso una multa de dos mil pesos para la construcción de la cárcel.

Una vez cancelada la multa, Luz Sosa viuda de Godoy Cruz recuperó la libertad. Ella falleció en el terremoto del 20 de marzo de 1861.

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