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Mambrú se fue a la guerra...

“Mambrú se fue a la guerra, chiribín, chin, chin…”, era una canción de cuna que nos cantaban nuestras abuelas. Pero, en realidad. estaba inspirada en un hecho bélico real: la batalla de Malplaquet, en la que se enfrentaron los ejércitos de Gran Bretaña y de Francia, durante la Guerra de Sucesión Española en 1709.

Mambrú, era –nada más y nada menos– que  John Churchill, duque de Marlborough, ancestro del conocido Winston Churchill, quien le prometiera “sangre, sudor y lágrimas” a sus conciudadanos como condición para derrotar a la Alemania nazi durante la 2da GM.

Hoy, nos hemos olvidado de Mambrú y hasta de Churchill. Ya nadie promete lo que él prometió para ganar una batalla. Ha pasado de moda. Preferimos lanzarnos “buenas ondas”, aún, a nuestros enemigos. Que los tenemos.

Este parece ser el caso de las fuerzas militares y de seguridad argentinas que cuando se empeñan, vale decir enfrentan a un enemigo/opositor/oponente, se guían por algo que se llaman:“reglas de empeñamiento”. Unas que no se aplican como se debería.

Ellas se aplican, aún, en tiempos de paz y no solo en los de guerra. Pues, es precisamente en la zona gris de los conflictos actuales. Los que medran entre la guerra y la paz, sin una clara distinción entre ambas situaciones, los que demanda una aplicación más compleja.

Las mismas se basan en el viejo principio jurídico de la legítima defensa. Aunque, pueden avanzar para responder a necesidades como el uso de la violencia mortal para lograr el cumplimiento de una misión determinada. O, aún, en el uso preemptivo de la misma.

En los últimos días, se han producido preocupantes episodios que evidencian la liviandad con la cual los Ministerios de Seguridad y de Defensa se manejan respecto de este delicado tema.

Por ejemplo, se sabe que nuestra Fuerza Aérea Argentina ha desplegado aviones desarmados para el control del tránsito aéreo irregular (léase narcotraficantes), en el marco del Operativo Fronteras.

Otro ejemplo lo constituyó la incapacidad de un buque de la Prefectura Naval Argentina para detener a un pesquero chino que pescaba ilegalmente en la Zona Económica Exclusiva y que trató de embestir al nuestro.

Hasta donde podemos saber, esto no es atribuible a la impericia de los niveles tácticos de decisión (los pilotos de la FF.AA. o el capitán del buque de la Prefectura). Por el contrario, todo indica que se trata de una grave negligencia en los niveles militar y nacional de la conducción de los medios empeñados.

Creemos que de persistir en esta actitud los efectos negativos serán graves y variados. Desde la innecesaria puesta en peligro de los que deban aplicar estas particulares reglas de empeñamiento hasta la pérdida de respeto y de prestigio del país y de sus Fuerzas Armadas y de Seguridad.

Parafraseando a la célebre canción de cuna, si seguimos así, bien podría ser que Mambrú no vuelva vivo para estas Pascuas.

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