La oscura forma de votar de nuestros abuelos
Argentina
Godoy Cruz, Mendoza, Argentina
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La oscura forma de votar de nuestros abuelos

Hasta  la promulgación de la Ley Sáenz Peña, que estableció el voto secreto y obligatorio, la elección de los candidatos era hecha de manera no del todo democrática

Desde hace 36 años los argentinos podemos votar a nuestros candidatos libremente, después de haber soportado golpes de Estado que interrumpieron a gobiernos elegidos por los ciudadanos.

Nuestro país transitó un largo camino para obtener el voto secreto y obligatorio. Recién en 1916, este nuevo sistema pudo ser implementado y, a pesar de sus vicios, por primera vez se pudo elegir democráticamente a un presidente.

Voz para votar

A mediados del siglo XIX, luego de formarnos constitucionalmente como nación, el sistema electoral que se utilizaba en nuestro país era el llamado “voto cantado".

Esto significaba que el votante elegía al candidato con su voz, o seleccionaba una boleta en presencia de las autoridades de una mesa que recepcionaba los votos. Luego, las autoridades anotaban el sufragio en una planilla.

En 1905 se produjo una revolución encabezada por Hipólito Yrigoyen, quien reclamaba otro sistema electoral. En los sucesivos años, el caudillo radical y el entonces presidente de la Nación, Roque Sáenz Peña, llegaron a un acuerdo para democratizar las elecciones.

Sáenz Peña promulgó la Ley Nº 8.871, que estableció el voto secreto y obligatorio para los argentinos varones o naturalizados mayores de 18 años. Esta norma fue sancionada por el Congreso en 1912.

Comicios sin matones

Cuatro años pasaron de la promulgación de la Ley Sáenz Peña para que el pueblo votara libremente.

Finalmente, el domingo 2 de abril de 1916, se realizó en todo el país la elección de Presidente y vice por el periodo 1916-1922 y de legisladores nacionales.

Esta fecha, marcó un hito en la historia constitucional de nuestro país, ya que se utilizó por primera vez el sistema del sufragio universal, secreto y obligatorio.

En nuestra provincia, la jornada de los comicios se ejecutó con relativa tranquilidad. Más de cuarenta mil electores fueron registrados, con un total de 235 mesas en los departamentos.

A pesar de algunas pequeñas falencias, la Junta Electoral a cargo del juez Pedro T. Lucero tuvo un aceptable desempeño.

Días previos a las elecciones, los tres partidos políticos locales realizaron sus campañas –que distaban mucho de las actuales– porque la única arma que tenía el postulante era su oratoria.

Los candidatos organizaban reuniones en las calles, especialmente en el paseo La Alameda, convocando a cientos de oyentes de sus discursos políticos.

Aquel domingo 2 de abril, a las 18, se cerraron los comicios y el escrutinio tardó cinco días.

El líder del radicalismo Hipólito Yrigoyen fue elegido presidente de la Nación, mientras que la elección de diputado nacional recayó en la figura de José N. Lencinas, quien se impuso con más de 15 mil votos, seguido por el Partido Popular, con 10 mil y el Socialista con mil.

En esa histórica jornada, por primera vez, el pueblo ejerció su poder en una elección totalmente democrática.

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Hasta  la promulgación de la Ley Sáenz Peña, que estableció el voto secreto y obligatorio, la elección de los candidatos era hecha de manera no del todo democrática

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