|21/07/17 10:17 AM

Defensa: una agenda difícil

 

Acaba de jurar el doctor Oscar R. Aguad como el vigésimo ministro de Defensa de la democracia. Lo hace en un momento crucial. Uno caracterizado por haberse alcanzado el punto culminante en el proceso de irrelevancia de esa cartera desde la escandalosa caída del proceso militar.

 

Por aquel entonces, nuestras Fuerzas Armadas habían sido diseñadas para pelear un conflicto regional convencional de intensidad media. Malvinas fue la cumbre de ese modelo. Uno que fracasó en forma gloriosa, pero estrepitosa. 

 

Después de eso se cayó el muro de Berlín, tuvimos el 11S, las grandes migraciones y la yihad europea. La instalación del narco y de la pobreza y de la economía en negro entre nosotros. El no haber sabido adaptarlas a tiempo, las condenaron su actual irrelevancia, ya que una organización no puede no tener una misión útil y trascendente si es que quiere sobrevivir.

 

En ese sentido, no vamos a repetir aquí lo que hemos sostenido siempre, respecto de la imperiosa necesidad de reformar a estas Fuerzas para que vuelvan a ser una institución al servicio de la defensa, también del progreso y de la grandeza de la Nación.


Fue el propio presidente Mauricio Macri quien en el momento de tomarle juramento a su nuevo ministro, remarcó la importancia de ellas. Como él mismo dijo: “Siempre al lado de su pueblo”. Hizo alusión a su uso en la mitigación de los desastres naturales y las emergencias. Esa tarea secundaria, pero fundamental, que llegó de la mano del cada vez más presente cambio climático.

 

Nuevos roles


Creemos, por venir estudiando estos temas desde hace varios años, que hay –en estos días– otras exigencias que se nos imponen. A saber:


La primera, no podemos olvidar que somos la novena extensión territorial del planeta, lo que implica, entre otras muchas cosas, la de poseer apetecibles recursos naturales y de una línea de costas y de fronteras en consonancia. 


Para colmo de males, tenemos uno de nuestros territorios en poder de una potencia ocupante. Al respecto, se podrá argumentar que no será a través de la guerra que lo recuperaremos. Puede ser que así sea. Lo que no es menos cierto es que nadie negocia favorablemente nada desde una posición de debilidad.


La segunda, es que desde nuestra Independencia hemos sido los gestores y los custodios de la libertad americana. En este sentido, siempre estuvimos impulsados por el imperativo moral de hacer lo correcto. Es por ello que hace más de 50 años que participamos en misiones de paz alrededor del mundo. Ha llegado el momento de volver a levantar esa bandera. Una que nos ha permitido tanto incrementar el prestigio de nuestras FF.AA. como el sentarnos a importantes mesas de negociación internacional.


La tercera, es reconocer que más temprano que tarde las FF.AA. deberán ser empleadas en tareas de seguridad interior, tal como sucede en la inmensa mayoría de los países del mundo. Ello, fruto de la particular situación que viven los Estados modernos atacados por una miríada de actores no estatales, como el terrorismo y el narcotráfico.


En nuestro caso en particular, se suma la exigencia asumida por el país de organizar la próxima Cumbre del G-20 y sobre lo que ya diéramos nuestra opinión. (Cliquear: http://www.ciudadanodiario.com.ar/o/2017-7-14-11-4-38-repensar-la-defensa-interior).


La cuarta, es la que ya citó el Presidente y es la relacionada con la mitigación de los desastres naturales y las emergencias. En ese sentido, las FF.AA. disponen tanto de los medios –humanos y materiales– como de la cultura organizacional necesaria para estar presentes.

 

profesionales, antes que nada


Finalmente, me permito recomendarle al nuevo ministro una segura guía para sus funciones.


Le digo que las FF.AA. son una organización compuesta, básicamente, de buenos profesionales que necesitan de ideas de empleo adecuadas y de “fierros” para cumplir con sus tareas. En ese estricto orden de prioridad.
Muchas gestiones anteriores se malograron al intentar solucionar solo el problema, más que evidente, de la obsolescencia de los “fierros”. Olvidándose de la necesidad de actualizar las ideas y de motivar a los hombres y mujeres que integran a las fuerzas mediante la asignación de una misión trascendente.


Es más, le agrego al señor ministro que actualmente la disposición de la mejor aparatología militar no es sinónimo de victoria, como lo vemos en los estruendosos fracasos de fuerzas armadas modernísimas en lugares perdidos del mundo. Sin negar el valor de disfrutar de un equipamiento mínimo y seguro, el disponer de ideas, vale decir de una doctrina de empleo adecuada, nos reportará muchos y mejores beneficios. Con el plus que esto se puede hacer a un costo mínimo. 


En ese sentido, se hace imprescindible la actualización del marco legal que regula la defensa para adaptarlo a los tiempos que corren y permitir un efectivo control civil objetivo. También, es necesario que estas reformas se consoliden en una verdadera política de Estado, para lo cual será ineludible consensuarlas con todo el espectro político, a través de los mecanismos previstos en las respectivas comisiones de Defensa de ambas Cámaras. 

Nos quedan los profesionales militares. Su gente, señor ministro y a la que le será muy sencillo sumarla a su proyecto. Pues su vocación de servicio y su cultura organizacional los inclina, naturalmente, a obedecer.


Le pido que esta vez no los decepcionemos.