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Cuando la razón hizo que dejaran de llamarla “¡loca!”

Corrían los tumultuosos primeros meses del año 2012. Donde la provincia y la nación gozaban las mieles de un contundente triunfo electoral a solo dos meses de haberse producido el mismo. El kirchnerismo a pleno se hacía cargo del poder de la Nación y quien había sido ministro de Hacienda del primer mandato de Cristina Fernández se transformaba en el vicepresidente de su segundo período.

 

Y es entonces donde desde Mendoza se escucha la voz de Laura Muñoz. Esa mujer que con toda violencia física y psíquica sobre sus espaldas, decidió enfrentar un poder al que pocos o nadie se animaban a desafiar por aquel entonces. Si bien mostró que nada la detendría de lo que debía saber el país y, fundamentalmente la justicia, no habría contado que su entorno íntimo familiar la dañaría con inusual saña a punto tal de dejarla sola, desprotegida acusada y acosada por todos los ángulos de su vida.

 

Pero Laura se aferró a su razón, a sus tres hijos y a eso que todo un país tenía vedado hablar por imperio de poder sectario, ¡la dignidad!. Apretó los dientes y encaró desenredar esa maraña impune que les decía a los argentinos que los estaban robando por todos los costados, como jamás en su historia.

 

Entonces Laura Muñoz, la loca, para esa parte de la sociedad mediática que sobrevivió a todo gobierno con el: “no te metas”; “algo habrá hecho”, “que roben, pero que hagan algo”. Ahora tildaba a esa mujer de, “la loca despechada”; o la compelía a, “cerrá la boca”. Con todo eso Laura fue a la justicia y se amparó ante el digno y no viciado trabajo de la prensa para mostrar de qué vivía su ex marido y de qué vivían los que lo utilizaron para producir actos de corrupción por los que hoy el fuero penal los juzga.

 

Laura sabía por boca de su ex marido, Alejandro Paul Vandenbroele, que Amado Boudou (el vicepresidente que había asumido en el tórrido diciembre del 2011), junto a su socio y amigo en la consultora The Old Fund, José María Nuñez Carmona, habrían producido por lo menos dos casos fuertes de corrupción. El primero, cuando Vandenbroele en su carácter de testaferro de la consultora (Boudou era Ministro de Hacienda de la nación), firmó en el año 2009 con el gobernador de Formosa Gildo Insfrán un acta acuerdo para asesorar en el cauje de la deuda pública de esa provincia por más de $ 7 millones. Seis meses después, The Old Fund, sus dos socios y el testaferro producían el segundo acto de corrupción cuando, con turbias maniobras, se adueñaban impunemente de Ciccone Calcográfica. Empresa que estaba a punto de quebrar y que, resucitada, serviría para manejar el jugoso monopolio millonario de fabricar billetes de moneda argentina.

 

Laura Muñoz habló una y otras mil veces en cada rincón de la provincia y de la nación sobre estos dos duros y oscuros asuntos. De tanto hacerlo, la justicia tomó en serio sus dichos y tras un inadmisible tiempo comenzó a actuar. Mientras, la mujer recibió todo tipo de amenazas. Las más graves, que la matarían o que le quitarían a sus hijos. Fue perseguida y deshonrada con los mecanismos que el poder utilizó para acallar esa voz cada vez más clara y que, bajo ningún punto de vista, se alejó de ese eje de la verdad y solo la verdad.

 

Hoy por primera vez el país es testigo del juicio a uno de esos sonados casos de corrupción que denunció Laura Muñoz. Ante el Tribunal Oral Federal Número 4 de Comodoro Py se juzgan cohecho y negociaciones incompatibles con la función pública. En el banquillo de los acusados están Amado Boudou y Alejandro Vandenbroele, entre otros imputados. El primero con el vergonzoso bonus track de ser el primer vicepresidente de la historia argentina juzgado por corrupción. El segundo de cómo explicar a su hija Pauline, a su suegra y a todos que lo apoyaron para hundir en el fango de la difamación a Laura Muñoz, que la mentira no era mentira y que la verdad es que él es uno de los integrantes de una de las bandas que defraudó al país.

 

Quedará oculto en la oscuridad de la historia argentina para quiénes robaron Boudou, Nuñez Carmona y Vandenbroele. Porque si hay algo que debe quedar en claro es que cuando The Old Fund actuó, no fue una maniobra de líberos. En aquellos años NADIE en la función pública podía producir semejante acción sin la bendición o la orden de quienes o quien tenía el poder real de la Nación.

Mientras tanto, y por las calles de Chacras de Coria, Laura Muñoz intenta fortalecer su vida laboral y de mamá ante la respetuosa mirada de la gente. Todo un escenario real y definitivo envuelto en esa razón que ya, y merecidamente, dejó de llamarla "¡loca!" para nombrarla "¡ciudadana!".

 

Daniel Gallardo – Periodista Medios del Grupo Cooperativa