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Día del Trabajador: otro año de profunda crisis y pandemia

Este primero de mayo nos encuentra en una crisis sanitaria agravada por la crisis económica.

Gran parte del mundo, pero especialmente Argentina, hoy vive su segundo año atravesada tanto por la crisis económica como por la pandemia por el coronavirus que inició aquí, en marzo de 2020.

Poco se sabía de la enfermedad conocida hoy como COVID-19, pero mucho se temía por sus consecuencias en medio de un otoño en el que veíamos la forma en la que se organizaba la cuarentena más extensa del planeta sin resultados positivos a la vista.

Sin embargo, algo era previsible, o no. De a poco se comenzaba a hablar de vacunas para una enfermedad hasta el momento desconocida y que hoy, por su inteligencia, se ha vuelto mucho más impredecible, como las distintas políticas que siguen tratando, en vano, de luchar, por ejemplo, contra la inflación.

 

 

Mucho se ha escrito mediante este misma columna donde se han expresado empresarios, comerciantes y empresas de servicios, así como economistas que durante meses venían anticipando la profundización de una crisis por la que se espera que la inflación cercana a un 50 por ciento. O bien supere esa marca llegando a momentos que no se habían vivido en los últimos 30 años en la Argentina.

Y lo que hoy debería ser un festejo, aunque sí puede ser un valioso reconocimiento a todos los trabajadores que rinden día a día en el país con sus tareas y responsabilidades asumidas, tal vez sea más un momento de reposo. También de reflexión, de preparación, y hasta de reparación de parte de quienes tienen de su lado alguna cuota de poder para lograr responder a la larga lista de reclamos que se vienen haciendo públicos en esta realidad empantanada.

Sigue sonando en los pensamientos de quienes se mantienen actualizados la mortal cifra de 100 mil empresas cerradas en tiempo de pandemia. Y sigue repicando la campana que habla de casi 4 millones de nuevos desempleados en un país que lo tiene casi todo. Menos una clase política que sepa dar resultados al clamor popular y no tan solo discursos flojos de contenidos.

 

 

Seguramente, muy similar a lo que sucedió en 2020, no solo en Argentina sino también en el resto del mundo las celebraciones por el Día del Trabajador no sean ni tan ruidosas como coloridas ni multitudinarias por las restricciones imperantes por la pandemia. Una excelente noticia para quienes desde alguna función no quieren atender las críticas que llueven hacia la clase dirigente que mira a un costado. O en el mejor de los casos, de soslayo ensayando alguna pose que simule atender algo de lo que le dice el contribuyente. 

Dicho todo esto, sirva como botón de muestra el dolor y la incertidumbre en la que están sumidas millones de familias argentinas mientras ya estamos viendo cómo algunos iniciaron los primeros pasos de campaña. Mientras pelean por sus metros cuadrados de poder y la miseria sigue afectando a los adultos mayores, a los no tan mayores, a los jóvenes y a los niños que no pueden cubrir sus necesidades sanitarias, alimenticias, de educación o de vivienda digna.

 

 

Casi indefectiblemente aparecerá algún hombre o mujer desafiantes de las reglas impuestas por la pandemia y las buenas costumbres para expresar hartazgo y hasta tal vez sean la fuente de alguna noticia en este mismo espacio en el día en el que se recuerdan a los 350 mil trabajadores de Estados Unidos que paralizaron las fábricas para luchar en contra de una jornada laboral de 16 horas.

Seguramente muchos en su función de gobierno los recuerden con el ceño fruncido y con el barbijo hasta el cuello, quizá sin saber que muchos de esos miles de manifestantes fueron arrestados y luego condenados a muerte. Claro, el Estado en ese momento se hizo presente para tapar con una mano el Sol, pero no pudo, por eso hoy estamos de celebración. 

Recordando, valorando, a quienes perdieron sus trabajos, a quienes lo pudieron conservar, a quienes están en la línea de fuego como el personal de la salud, de la seguridad o de otras actividades esenciales que necesitan descansar. 

 

 

Pensando en quienes debieron adaptarse para trabajar desde el hogar, sin contar con los elementos necesarios para acceder a una virtualidad digna. Pero agradeciendo el estar vivos y muchos de poder contar con un grupo familiar sano, sin complicaciones mayores y que no tienen que ver necesariamente con el coronavirus.

Levantando una copa de un buen vino argentino ahora que sigue estando accesible mientras avanzan los precios de todo el resto de bienes y servicios necesarios en el proceso de vida de la gran masa que es seguida de cerca por la mass media. 

Reflexionando, que lo que hemos aprendido en estos dos primeros de mayo ha sido bastante como para darnos cuenta que vamos mal en términos económicos y que, Dios mediante, la pandemia pueda ser controlada el próximo verano en Argentina.

Feliz Día del Trabajador, a quienes hoy pueden descansar y a los que lo celebran trabajando. Y rogando para que quienes quieran ser trabajadores puedan serlo a la brevedad.