|17/06/18 10:35 AM

Cambia Cambiemos, pero con rumbo incierto

Una vez cada cuatro años el mundo sigue siendo redondo, pero para la perspectiva lo reviste de gajos de pelota, y las metáforas futboleras se nos imponen a la hora de analizar cualquier clase de problemas, desde los políticos hasta los económicos. Así las cosas, pinta como irresistible mirar con esa lente los cambios del Gabinete.

Entonces, la primera duda que aparece es develar si lo que está haciendo el presidente, junto a su mesa chica, es reemplazar a aquellos que no dan más, que están golpeados o exhaustos, y que ya no pueden rendirle al equipo, o bien si está rearmando la estrategia para salir a comerse la cancha, a definir y resolver la continuidad en este campeonato que, en rigor, nos lleva a todos y no sabemos si al descenso o a la coronación.

Los cambios en sí permiten vislumbrar algunos detalles de antemano. Por ejemplo, siendo Aranguren el ministro que más repulsivo resultó a nivel imagen –le tocó casi imposible tarea del ajuste tarifario, nada menos- sin embargo pudo ser el que mejores resultados le pudo ofrecer. En parte porque fue quien más aportó a la reducción del desesperante déficit fiscal, con las quitas de subsidios y los tarifazos, y en parte porque fue la cartera que logró traer más inversiones genuinas para su área. Hay en ejecución muchos proyectos en el terreno de la energía, con las licitaciones del RenovAr, las licitaciones de áreas petroleras y los nuevos impulsos en Vaca Muerta, por ejemplo.

Su reemplazante, Javier Iguacel, es casi un desconocido, pero puede mostrar como credenciales algunos logros nada desdeñables. En un área tan conflictuada por el pasado reciente, como las licitaciones de obras viales (el funcionario viene de encabezar Vialidad Nacional) –que apañó el desastre de Lázaro Báez, las obras cobradas pero nunca ejecutadas y todo lo que ya sabemos en el aparato de corrupción– logró aportar la tan ansiada transparencia, que se demuestra palpablemente en la reducción  de los costos de las obras, aun en un contexto inflacionario.

En el otro cambio, Dante Sica por Francisco Cabrera, es donde tal vez se note el guiño de Macri hacia un grupo de presión tan pesado como la UIA. Sica tiene años al frente de la consultora ABECEB, pero también tuvo su paso por la función pública siendo que ocupó el cargo de secretario de Industria, Comercio y Minería de la Nación durante la transición de Eduardo Duhalde. En el mundo económico se lo reconoce como un industrialista, sus pergaminos académicos se ligan mucho a esa área, y además suma como clave una buena relación de años con el peronismo bonaerense, una pata a negociar si es que en algún momento aparece en riesgo la paz social.

Pero más allá de estos cambios, de la frecuencia en que puedan leerse y su significado puertas adentro de los poderes en pugna, hay una alarma en el tablero del gobierno, una luz roja que persiste encendida y que abre el punto de incertidumbre más difícil de remontar. El humor social ha cambiado mucho, de las últimas discusiones públicas –todas las que se dieron este año, por ejemplo- no logró salir fortalecido en ninguna de ellas. En algunos casos se dijo que fueron globos de ensayo para distraer a la opinión pública, en otros que pifiaron la oportunidad, pero lo cierto es que la caída de imagen es palpable, lo muestran todas las encuestas, y por más que se consuelen con que nadie en la oposición parece capitalizarlo, eso no garantiza que el Gobierno tenga un tránsito cómodo en el próximo año electoral.

En esta coyuntura, volviendo a lo futbolero, el futuro político de la Argentina parece estar más o menos tan imprevisible como la lotería de la definición por penales. Todo puede pasar, pero a diferencia del deporte, el barco en que vamos no significa un fracaso en un torneo, sino otro naufragio colectivo en un país que siempre parece al borde de la desesperación. Y encima Messi erra los penales…