|18/08/17 10:30 AM

Cómo mejorar la seguridad aérea del G-20 (II)

 

Cuando escribimos la primera parte de esta saga nunca nos imaginamos su inmediata y gran repercusión.  Especialmente en el mundo especializado de la Defensa Nacional. (Cliquear: http://www.ciudadanodiario.com.ar/o/2017-8-4-18-17-29-como-mejorar-la-seguridad-aerea-del-g-20).  


Obviamente, que hubo críticas de las buenas y de las otras. Lo importante fue que instalamos el tema respecto de que la seguridad aérea de la Cumbre del G-20 debe ser urgentemente mejorada, salvo que sumisamente aceptemos que la vigilancia y control de nuestro espacio aéreo quede en manos de potencias extranjeras. 


Recordemos la difusión de un audio, en las redes sociales, que alertaba acerca de que la defensa aérea de la Cumbre del G-20 iba a estar en manos de un país vecino, por carencias nuestras. Si bien esa difusión fue una evidente maniobra tendenciosa, lo cierto es que la realidad de nuestras capacidades actuales facilita que mentes desinformadas den por válida esa y otras versiones pesimistas.


 Así fue que, a partir de los importantes problemas que se generaron en la Cumbre del G-20 que se llevó a cabo en la ciudad de Hamburgo, entre los días 7 y 8 de julio de este año, pusimos la mirada y el dedo en la llaga de otro tema subyacente que lo engloba y que lo supera en nuestra querida Argentina, cual es el de preguntarnos qué hacer con nuestras Fuerzas Armadas.

 
Pero vayamos por partes. Completemos primero nuestro concepto respecto al tema de la seguridad aérea del ya mencionado mega evento, y luego expresar algunas ideas con respecto al futuro de nuestro sistema de defensa nacional.

 

Sólo una medida de emergencia

Comencemos recordando lo que decíamos en el artículo mencionado de la semana pasada: "En pocas palabras, necesitamos  disponer de, al menos, una media docena de aviones interceptores supersónicos armados con misiles aire-aire.


"Dado el escaso tiempo que nos separa de la cumbre. No más de unos 11 meses (...) de lo que se deduce que puede ser muy bien el caso de que no estemos en capacidad de adquirir un avión nuevo y que nos sea desconocido.
"La cortedad del plazo aconseja adquirir un sistema de armas conocido. Una posibilidad que estaba a nuestro alcance, pues el gobierno de Francia nos había ofrecido la entrega de seis aviones Super Étendard modernizados al muy conveniente precio de solo US$12 millones".


En relación a esto, lo primero que debemos aclarar es que la mencionada compra es una medida de emergencia que no pretende reemplazar a una necesaria política de Estado acerca de cómo la Argentina debe defenderse y, específicamente, cómo y con qué medios debe custodiar su espacio aéreo. 


En ese contexto debemos considerar la posibilidad de aprovechar adquisiciones de oportunidad, como la de estos aviones franceses cuya relación costo-beneficio, en función de las capacidades militares requeridas, resulte conveniente. Recordemos el viejo dicho: “lo perfecto es enemigo de lo posible”. En este aspecto descontamos que la adquisición de los Super Étendard contemple el armamento adecuado para la misión de defensa aérea. 


El segundo aspecto es que la medida que proponemos contempla, entre otras cosas, la creación de una unidad aérea conjunta, a la que bautizamos "Cóndor". Esta unidad permitiría mantener adiestrados a los pilotos de la Fuerza Aérea que hasta hace poco volaban en los aviones Mirage, y aprovechar su larga experiencia en una aeronave muy similar  a los Super Étendard a ser adquiridos, efecto que será de sumo interés y provecho por parte de la Fuerza Aérea. 


Por otra parte, esta unidad conjunta, una vez adiestrada en los procedimientos de defensa aérea, además de participar en la seguridad de la Cumbre del G-20, contribuirá al esfuerzo permanente que realiza el Comando Aeroespacial en defensa de la soberanía nacional, en particular en el control del espacio aéreo y los tránsitos aéreos irregulares u hostiles. 

 

Diseño de nuestras FF.AA..


Hechas las precisiones del caso y llegado a este punto, vayamos a lo importante. Vale decir, qué hacer con nuestra defensa y con nuestras alicaídas Fuerzas Armadas. 


Sin duda alguna, el diseño de nuestras Fuerzas Armadas se debe corresponder con el resguardo de los objetivos nacionales, y en función de ello deben disponer el equipamiento y el adiestramiento necesario para que ello sea posible. 


Desde hace muchos años, se vino desarrollando un Proceso de Planeamiento que concluyó en un ambicioso Plan de Capacidades Militares absolutamente carente de financiamiento, lo cual fue coherente con una visión sesgada de la misión de las FF.AA., a las que se ha tratado de entretener con lo que en la jerga se denomina “caramelos de madera”.  


En tal sentido, es fundamental poner en marcha un plan de recuperación de las capacidades militares que contemple un adecuado equilibrio entre las necesidades de nuestro país y sus disponibilidades económicas y financieras.

 
Este planeamiento, serio y realista, para llegar progresivamente a un instrumento militar que la experiencia de Malvinas nos enseño que debe priorizar el accionar conjunto, seguramente generará arduas discusiones de especialistas, que con su conocimiento profesional debatirán en defensa de las capacidades específicas de cada fuerza.

 
Para resolver esta cuestión no encontramos mejor argumento que apelar a la sabiduría de los antiguos, tal como las enseñanzas de las míticas fábulas de Esopo.

 


Por ejemplo, la de dos burros unidos por una cuerda que, apostados frente a sendos montones de pasto ubicados en los extremos, se empecinan en comer primero y en soledad. Nos dejaron la lección de que lo único que logran los asnos con la insistencia de tal conducta, fue el hambre. Mientras que cuando cada uno de ellos aceptó colaborar con su congénere, coordinando la ingesta, ambos terminaron satisfechos.


Trasladando estas enseñanzas al tema que nos interesa, que es contar Fuerzas Armadas en capacidad de  cumplir su misión, recordemos  que el todo será siempre mayor que las partes que lo componen. O en otras palabras: que la Nación estará por sobre sus Fuerzas Armadas y cada una de éstas por sobre los servicios, armas y especialidades que las integran. 

 

Aprendamos de la historia
En función de lo expuesto, debemos reconocer que nuestra historia nos ilustra mejor que ningún argumento. Tal es la operación conjunta montada, en los últimos días de la Guerra de Malvinas, por nuestra Aviación Naval y nuestra Fuerza Aérea para neutralizar un blanco de alta prioridad, como lo era el portaaviones HMS Invencible. 

 

El HMS Invencible británico, dejado fuera de combate en los últimos días de la Guerra de Malvinas por una operación conjunta de nuestra Aviación Naval y nuestra Fuerza Aérea.


Cortos de recursos como estábamos por esos días, se decidió emprender un ataque conjunto con dos aviones navales Super Étendard, los que portarían al último misil antibuque Exocet que nos quedaba. Sobre su estela de humo se montarían cuatro aviones Skyhawk de nuestra Fuerza Aérea, armados con cañones y con bombas convencionales. 


En aquella oportunidad, pese a las pérdidas, la colaboración conjunta dio sus frutos y pudimos dañar un medio importante de nuestro enemigo. Esperemos que esta vez, también, la conjuntes fructifique y nos permita custodiar adecuadamente a nuestros visitantes desde el aire, mar y tierra.

 

El Doctor Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.