|14/04/21 07:35 AM

#NuncaMás: cuentos infantiles sobre la dictadura en Argentina

A continuación 5 libros para la infancia, seleccionados, que rememoran la época mas atroz de la historia argentina.

La última dictadura cívico militar en Argentina tuvo demasiados episodios que algunos podrían calificar como que fueron y son “para el olvido”. Lejos de este pensamiento, un gran número de argentinos que viven actualmente dentro y fuera del país siguen manteniendo viva a la memoria sobre esos años obscuros por los cuales recientemente recordamos a la Guerra por las Islas Malvinas que siguen teniendo reflexiones y correlatos para que podamos entender bien todo lo que sucedió. También del 24 de marzo de 1976, cuando inició el golpe de Estado.

Ya lejos de esos tiempos, es de utilidad conocer que el consciente colectivo puede seguir siendo alimentado por la frondosa literatura disponible. En este caso, para los más chicos, que bien pueden entender lo que sucedió, mientras ellos mismos reflexionan por el preocupante presente que representa la pandemia y que nos conmueve ante la falta de un plan de lucha eficaz contra el coronavirus en Argentina.

Con el objetivo de mantener la pulseada por los Derechos Humanos a lo largo de generaciones hoy se pueden conocer mediante la narrativa popular lo que ocurrió en ese lapso donde sufrieron muchos niños y niñas a manos de la dictadura y que generaron al menos 5 obras recomendables.

 

1- Antiprincesas de Plaza de Mayo, de Nadia Fink, Pitu Saá, Victoria Veronesi y Diego Abu Arab

Antiprincesas de Plaza de Mayo (Chirimbote, 2018) se refirió a la entrega de una colección editorial que continúa desafiando los estereotipos tradicionales del rol de las mujeres en la literatura infantil para presentar historias reales de lucha a lo largo de América Latina. 

En esa oportunidad, los textos de Nadia Fink y las ilustraciones de Pitu Saá, crearon un libro-álbum que acercó las infancias a la búsqueda de verdad y justicia. 

A modo de diálogo entre dos bisnietos que se encontraron por primera vez con su bisabuela luego de que la identidad de su madre fue restituida, se lograron recorrer hechos fundamentales para mantener viva la memoria, explicados de forma dinámica y sencilla, sin que esto quite profundidad a los conceptos introducidos.

Los inicios del golpe de 1976, la complicidad civil, el nacimiento de las rondas de las Madres de Plaza de Mayo, el derecho a la identidad y la lucha de Abuelas para la búsqueda de los nietos apropiados durante la última dictadura, son algunos de los temas que el libro recorre. 

Acompañados de definiciones y analogías construidas desde voces infantiles, se introducen reflexiones para que los más pequeños puedan comprender algo de la época más oscura de la historia argentina y, a la vez, conocer el legado de Madres y Abuelas como símbolos esenciales de lucha por los Derechos Humanos en el país. 

Para profundizar sobre la identidad, el libro incluye también el cuento Lunita pequeña escrito por Victoria Veronesi e ilustrado por Digo Abu Arab. Un relato protagonizado por una cría de yaguareté que nace en cautiverio, luego de que su madre es capturada y separada del resto de la manada.

 

 

2- ¿Quién soy?, relatos sobre la identidad, los nietos y los encuentros, de Paula Bombara, Irene Singer, Iris Rivera, María Wernicke, María Teresa Andruetto, Istvansch, Mario Méndez y Pablo Bernasconi

La reconstrucción de la memoria en primera persona tiene un efecto poderoso en la presente obra. Las experiencias causan un impacto profundo y más aún cuando vienen de la mano de un libro como ¿Quién soy? Relatos sobre identidad, nietos y encuentros (Calibroscopio, 2013), una obra única dentro de la literatura infantil argentina, producto de un cuidado trabajo de edición que demandó tres años. 

Duplas de algunos de los escritores e ilustradores más reconocidos de la Literatura Infantil y Juvenil, LIJ, en Argentina hicieron una labor conjunta para ficcionar las historias de cuatro nietos recuperados y llevarlas, con los recursos más variados, a un lenguaje asequible para los más chicos. 

Cada relato se encuentra acompañado además de un texto en el que los autores explicaron su encuentro personal con los protagonistas y las emociones que influyeron en su investigación y su trabajo artístico.

Desde una óptica que reconstruye voces con la inocencia propia de la niñez, siempre atenta a los detalles, todas las narraciones tratan sobre la apropiación sistemática de bebés, el robo de identidades y la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo. 

Los relatos, que se combinan también con datos históricos e informativos concretos – como por ejemplo la importancia del ADN –  forman una pieza de gran valor estético junto a las ilustraciones y las fotografías. 

Los recuerdos de los protagonistas se anclaron en objetos sobre los que los lectores se pueden detener, abriendo la posibilidad de entablar un diálogo fluido con las infancias a través de una multiplicidad de lecturas. En su conjunto, ¿Quién soy? es un libro que recupera la memoria, pero siempre tomando a los chicos como sujetos activos en la lectura de los hechos.

 

 

3- Fofoletes, de María Gabriela Belziti y Lucía Mancilla Prieto

¿Cómo narrar el desconcierto de la mirada infantil ante la angustia de una familia que se prepara para vivir la época más oscura de la historia argentina? 

Una respuesta se puede encontrar en Fofoletes (Del naranjo, 2017), que contó la cotidianeidad de una nena de 5 años luego de una reciente mudanza y la vida junto a sus a sus padres y sus hermanos en un nuevo hogar. 

Los juegos, los libros y la relación con el mundo adulto son el eje central de la óptica de una protagonista que introduce a los lectores a su propio universo de fantasía, curiosidad e inocencia.

La precisión del tono lograda por Belziti, junto a las llamativas y minuciosas ilustraciones de Prieto configuran, en pocas páginas, un espacio totalmente verosímil. 

Es destacable la reconstrucción del contexto socio cultural de la década del ’70, que se observa en detalles como la ropa, los juguetes, los ámbitos de trabajo e incluso en los hechos históricos: hacia el final se puede ver la imagen del genocida Jorge Rafael Videla en un televisor cuando, el 24 de marzo de 1976, se instauró el golpe de Estado. 

La exactitud de la voz infantil acerca así a los más chicos a un personaje con el que es posible identificarse y compartir los mismos interrogantes que surgen cuando el padre, preocupado, quema sus libros preferidos en la parrilla del patio.

 

 

4- Mañana viene mi tío, de Sebastián Santana Camargo (Pantana)

A veces el silencio puede ser la forma más potente de expresar lo que es tan doloroso poner en palabras. Este es el caso de Mañana viene mi tío (Ediciones del Eclipse, 2014), un libro álbum que, en pocas páginas, habla de la ausencia y las marcas que el genocidio perpetrado por la dictadura cívico-militar dejó en las generaciones sucesivas. 

La economía de los recursos evocó el recuerdo de La Línea, el libro de Beatriz Doumerc y Ayax Barnes, publicado originalmente en 1975 que, con escasas palabras e ilustraciones sencillas, esconde una narración filosa y una denuncia poética fundacional en la literatura infantil argentina.

En lugar de recurrir a la abundancia de colores y formas característica de la época actual, Camargo volvió a los orígenes y eligió la sutileza de unos simples trazos para condensar la incertidumbre que acompaña al protagonista durante toda su vida. 

Una puerta que se mantiene cerrada y un personaje expectante que busca compartir sus alegrías y sus logros con alguien que no llega son todos los elementos que se necesitan para transmitir significados profundos y disparar preguntas fundamentales. 

¿Por qué no regresa? ¿Qué es lo que pasó? El blanco y el negro delinean así un escenario que avanza a lo largo del tiempo, que interpela a todas las edades, y que deja abierto un camino necesario para hablar del tema con los más chicos y mantener viva la memoria.

 

 

5- El pueblo que no quería ser gris, de Beatriz Doumerc y Ayax Barnes

Publicado originalmente en 1975 por el sello editorial Rompan Filas, El pueblo que no quería ser gris (Ediciones Colihue, 2015) se consagró como una de las obras más importantes de la literatura infantil latinoamericana. 

Fiel al estilo que les valió el reconocimiento transgeneracional, Ayax Barnes y Beatriz Doumerc explotaron la simplicidad de las ilustraciones para reflexionar sobre la libertad y el papel del pueblo como un protagonista con capacidad transformadora. 

Fue precisamente esta mirada la que llevó a que la mayor parte de sus cuentos fueran censurados como parte del ataque a los bienes culturales y simbólicos durante la dictadura cívico-militar. 

Como sucedió en muchos otros casos, los represores consideraron que este libro tenía “una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria a la tarea de captación ideológica, propia del accionar subversivo”.

Un rey autoritario que da órdenes sin importar los deseos de su pueblo hasta el punto de querer eliminar todos sus colores. Una persona que se atreve a desafiarlo, siendo el primer eslabón de una cadena de acciones que transforman el orden establecido, como una semilla que florece y se multiplica, arrastrando todo a su paso. 

Así es como El pueblo que no quería ser gris introduce en la literatura infantil conceptos esenciales para comprender la dictadura cívico-militar, sin la necesidad de nombrarlos de forma explícita. 

La represión, la democracia, los derechos, la libertad, la lucha son parte de aquellos temas que Doumerc y Barnes invitaron a explorar, indagando sobre la propia historia y poniendo en primer plano la fuerza de la construcción colectiva.