|10/11/20 07:40 AM

Pobreza y abandono de los pequeños productores rurales de Mendoza

Chacareros de Lavalle se encuentran marginados del tendido eléctrico y le cobran impensadas cifras para acceder al servicio 

Cuando uno se pone a escribir este artículo, es inevitable que surja en la memoria letra y melodía de Un pacto para vivir de La Bersuit. Y entre eso, las imágenes de nuestra gente más humilde trabajando la tierra, criando un puñados de animales o haciendo crecer pocos metros eternas chacras para que rinda un poquito más el fruto de la tierra. 

Hechos que pasan desapercibidos en el medio de la lucha contra la pandemia del COVID-19 y todos los puntos negativos de la economía que solo traen atraso por cierre de inversiones y pérdidas de fuentes de trabajo, son aquellos que sufren muchas personas que intentan sobrevivir en el difícil tiempo.

Personas a las que la vida no les resulta fácil transitarla, pero que sin embargo no decaen y redoblan sus esfuerzos en el día a día. Para ellos, por lo general, las posibilidades son casi nulas, por no decir imposibles. Salvo algunas manos particulares o instituciones solidarias, es difícil que estas personas encuentren respuestas para sus condiciones básicas de trabajar, producir o realizar alguna actividad que contemple del estado o de lo privado alguna consideración.

El caso de puesteros o chacareros en los lugares más alejados de la geografía provincial son los duros ejemplos que se encuentran, cuando la mirada ciudadana se da cuenta que existen otras realidades, más allá de la lucha del cotidiano vivir urbano.

Facilitar mínimas condiciones de que llegue el agua o la energía eléctrica, no es una cuestión que atiendan y entiendan tanto los sectores públicos o privados. Sobre todo, estos últimos que muchas veces se les pierde el horizonte de con quién tratan y no muestran oportunas flexibilidades hacia familias, cuyo único capital lo constituyen sus manos y osamentas.

 

Con avanzada edad y un puñado de chivas para sobrevivir

Buscando ejemplos de lo expresado, nos encontramos con Martina González, anciana de 74 años que vive en un cuarto de hectárea, su única posesión que heredó de sus padres. Humildes productores de chivos de una zona donde el agua es vital para la vida animal, vegetal y humana.

Martina vive sobre la Calle 3 en el distrito Tres de Mayo del departamento de Lavalle. Se mantiene con la crianza de veinte chivas, cuyas crías se constituyen en el único sustento para vivir. La anciana mujer tiene el apoyo de un hijo que realiza changas en la zona y con magros ingresos enfrentan los tiempos.

La ubicación del terreno hace que esté a 300 metros de donde pasa el tendido eléctrico de esa parte lavallina, por lo que la anciana solicitó poder acceder al beneficio de la luz. Lo que nunca se imaginó es la respuesta que recibió cuando preguntó si eso era posible, sí le contestaron, el valor neto de ese tendido es de $300.000, monto que la señora no podría pagar ni con el valor que tiene su terreno y su mínima producción.

Enterados, algunos vecinos de la zona se solidarizaron con Martina donándole cables, postes y otros elementos para ‘achicar los costos’ de semejante monto. Quizás, porque muchas de esas personas pasaron por lo mismo que la anciana, pero con otras posibilidades de enfrentar el costo de tener energía eléctrica, algo que esta humilde señora y otros tantos pequeños productores caprinos, de esa zona u otras del resto de la provincia, les resulta casi imposible de alcanzar.

Martina recibió con la humildad y el decoro de toda persona de campo, los pocos elementos que le acercaron manos solidarias. Con eso se dirigió a tramitar la necesaria conexión y la respuesta sigue siendo la misma, $300.000 para el tendido de 300 metros hasta su ranchito. Incompresible gesto que la anciana no entiende y no merece. Aún cuando ella ha expresado que pagará el servicio eléctrico una vez instalado, como todos los medianos y grandes productores de 3 de Mayo.

Desigualdades que son incomprensibles hacia personas que no solicitan planes sociales, sino mínimas posibilidades que respalden el único modo que conocen de vida, producir o trabajar lo que la tierra y la naturaleza les permita.

Para Martina, como para todos los pequeños productores del resto de la provincia, la luz y el agua no son un lujo, sino una necesidad, aspectos que tanto municipios, como empresas privadas deberían considerar. En este caso, la Municipalidad de Lavalle.