|19/01/21 01:12 AM

Está atrasada la educación sobre violencia de género en universidades

El ritual a favor de los derechos de las féminas mendocinas pide que el desafío sea atendido académicamente. 

La Ley 26.485, conocida como ley de violencia de género establece la obligación por parte de todas las universidades de educar en perspectiva y violencia de género.

Desde 2009 y 2010 rige la Ley 26.485 y su Decreto Reglamentario.

Pasaron los años y llegó la Ley Micaela que ordena capacitar en perspectiva y violencia de género a los tres poderes del Estado.

No pasemos por alto el hecho de que la Ley Micaela es toda una novedad legislativa, ya que es como si mañana se dictara una ley que obligara a estudiar la Ley de Tránsito, y después de dictada todos lo festejáramos.

 

 

Según la especialista en el caro tópico social, Carolina Jacky, “sería muy interesante que alguien encuentre algún antecedente como éste y lo haga conocer, por lo menos así no nos sentiríamos tan mal o tan engañadas y llevada de las narices”.

El argumento de Jacky redunda en la reflexión de que en las universidades y en cada facultad es donde se forman los profesionales del futuro.

“Muchos profesionales se han recibido en los últimos 10 años de vigencia de la Ley 26.485, pero como vemos nadie los ha capacitado en esta materia, y después tenemos los problemas”, advirtió la abogada mendocina.

Para la profesional “la perspectiva y violencia de género es una materia transversal a todas las materias y a toda la sociedad”.

A lo que completa que “no solo es exclusiva del mundo del derecho, todas las profesiones tienen que saber sobre ella y cómo aplicarla en cada una de sus disciplinas”.

 

 

 

Lo que han hecho las universidades

“Las universidades han hecho poco y nada, a 10 años de regir la ley, hoy deberían tener una materia anual obligatoria para toda la carrera denominada perspectiva y violencia de género”, consideró.

Y preguntó: “¿Cuántos de los egresados en los últimos diez años pueden decir que han tenido una materia anual obligatoria sobre el tema? Si no educamos no esperemos resultados positivos”.

“Si seguimos manteniendo profesores machistas, misóginos y sin haberse capacitado, no esperemos tener alumnos capacitados. 

Hoy seguimos formando estudiantes con parámetros patriarcales, y esto lo observamos, por lo menos, en los profesionales del derecho”, apuntó.

La letrada aclaró que “nos quejamos de la respuesta de la Justicia o de la falta de profesionales del derecho con perspectiva de género, y nos estamos olvidando de que hay quienes tienen el deber y obligación de formarlos, las universidades”. 

 

 

“En los primeros años se realizaban marchas hacia las legislaturas, después se agregó el Poder Ejecutivo y más tarde le llegó el turno al Poder Judicial. Hoy habría que pensar si estas marchas no deberían ir hacia las universidades. Es en las Universidades donde anida gran parte del patriarcado”, enunció. 

Ampliando la mirada reflexionó que “vemos cómo en esos lugares se han habilitado espacios para diplomaturas, cursos de capacitación o charlas sobre distintos aspectos de una materia que necesitaría como mínimo un año de cursado. La publicidad que hacen estas casas de altos estudios de este tipo de capacitaciones voluntarias, y la creación de espacios para que los grupos feministas se miren el ombligo, no deja de ser una actitud patriarcal y machista donde se pretende acorralar como en un gueto a todas, todos y todes, mientras no molesten”.

“Hasta ahora esta ha sido la conducta de estas casas de altos estudios. Hay espacios en la sociedad que parece no pueden ser cuestionados. La palabra claustros que se le asigna a estos espacios donde se reúnen los profesores o directivos, lo podemos definir como lugares cerrados”, ejemplificó.

En ese carril explicó que a “la palabra claustros no solo la relacionamos con la Iglesia, con los monasterios, sino también con las órdenes masónicas. Un muy especial lugar de reunión. Nuestras casas de altos estudios todavía mantienen muchas prácticas propias del patriarcado, donde la mujer es discriminada”. 

 

 

Masones modernos

 

En tanto aseguró que “sabemos que muchas iglesias todavía mantienen las diferencias entre hombres y mujeres. Esto también es una característica de la masonería. La vinculación de muchos de nuestros profesores universitarios con la Iglesia o con la Masonería debería ser motivo de otra nota, pero los y las hay. Si también hay mujeres que sostienen el patriarcado, que comparten esos pensamientos y por ende no cumplen con la ley”.

“Desde el momento de que se impide a la mujer participar en espacios que se dicen exclusivos para hombres, se está discriminando. El hecho de que se le permita a las mujeres constituir su propio espacio, pero no participar en el otro, se está discriminando. ¿Has pensado que tu hijo o hija está siendo educado de esta forma?”, cuestionó.

Y continuó: “¿Has pensado que el perfil profesional con que los y las jóvenes salen de los claustros universitarios se contradicen con una ley nacional de orden público?”

“¿Corresponde que nuestros universitarios tengan que capacitarse después de terminar sus estudios y que lo deban hacer a su costa, cuando el Estado tiene obligación de capacitarlos?”.

 

 

“Mientras seguimos reclamando por nuestras víctimas, y cuando muchas víctimas piden por un patrocinio capacitado para atender la violación de sus derechos, las universidades miran para otro lado”, lanzó Jacky.

En ese sentido marcó que “en todo este tiempo, los sectores conservadores y patriarcales de los claustros universitarios han venido ocupando espacios, posiciones y cátedras”. 

“Algunos y algunas han avanzado hasta ocupar o pretender ocupar espacios en esos guetos que ellos mismos le dieron a los grupos feministas, pero que ahora pretenden dirigir. Las universidades son el corazón de todo cambio que se pretenda hacer. La Perspectiva y Violencia de Género no logrará sostenerse en la sociedad si no producimos una revolución en las universidades. Ha llegado la hora de poner la vista sobre las universidades”, desafió.