|18/01/21 07:26 AM

La olivicultura, resentida por la pandemia y la crisis económica

Como tantos otros rubros afectados el año pasado la producción de aceitunas atraviesa varios problemas, aunque hay señales de que se podría revertir la situación

Otra de las importantes actividades de la producción agrícola mendocina es la que se da a partir del aprovechamiento del fruto del olivo, la aceituna. Aspecto que constituye, junto a provincias productoras como la Rioja y Catamarca, entre otras del norte argentino, en la cara olivícola del país ante el mercado internacional.

Una actividad que supo lograr excelencia en rinde, calidad y cantidad, tanto en los aceites como en la amplia gama de comercialización de las variedades de aceitunas.

Lamentablemente, los avatares de los problemas económicos del país, la desatención de distintas administraciones nacionales en políticas de Estado hacia las economías regionales y los graves inconvenientes que sobrevinieron con la pandemia del COVID-19, pusieron al sector en aprietos, como sucedió con el resto de la matriz económica y productiva de la Argentina.

A pesar de todo, la olivicultura resiste y hasta se animan los productores a incursionar en variedades que darán buenos rindes en los años venideros. Algo que habla de sacrificios y de no bajar los brazos, a pesar de que se perdieron miles de hectáreas de cultivo y mucha mano de obra.

Muchas plantaciones de olivos han desaparecido.

 

Los bajos rindes dan señales de la opaca campaña olivícola

Para interiorizarnos más sobre este importante sector productivo, El Ciudadano entrevistó al empresario y productor olivícola Roberto Pradines, a quien se lo introdujo en el tema consultándole sobre la presente campaña,

La campaña olivícola de la presente temporada se notará disminuida en sus rindes si se la compara con años anteriores. El motivo es climático, esencialmente por fuertes vientos que han azotado importantes zonas productivas en épocas de floración. Un aspecto que quienes estamos en la producción sabemos que es muy negativo para los cultivos y su crecimiento”, respondió Pradines.

 

—¿Qué pasa en la provincia?

—En el caso de Mendoza se sentirá la disminución, y algo similar se presentaría en provincias de la región, como La Rioja y San Juan. Ante esta situación los productores esperamos que los kilos de aceitunas obtenidos en la temporada anterior hoy serán mucho menos, lamentablemente.

 

—¿Impactó en el sector la pandemia?

—Sí, por supuesto, la pandemia ha impactado de forma significativa, tanto en el consumo interno como en las exportaciones. Uno de los lapidarios ejemplos del consumo interno se notó con los proveedores, cuyas ventas a hoteles y restoranes cayó de manera tal que no se puede recuperar ese segmento.

 

—¿Qué pasó con el mercado externo?

—En cuanto al comercio exterior, la pandemia impactó en las exportaciones. Fíjese que, a nivel sudamericano, Brasil fue un gran perjudicado. Como en realidad lo somos todos los países productores, donde la crisis económica y productiva que apareció con el virus, azotando al mundo, es muy fuerte y perjudicial para la olivicultura.

 

Sostenida pérdida de hectáreas de plantaciones

—¿Influyeron en la pérdida de campos con olivares diferentes factores? 

—El número de hectáreas cultivadas en la provincia muestra en los últimos años una sostenida disminución. Algo que se ha focalizado en lugares donde cuesta mucho su mantenimiento, y sobre todo el abastecimiento del agua. Eso es notable en departamentos como Rivadavia, al Este del departamento de Maipú y al Norte del departamento de Lavalle. Todos con un común denominador: el abastecimiento de agua.

 

—Y como consecuencia de esto, ¿qué pasó?

—Esta situación hace que esos terrenos que estaban afectados a la olivicultura pasen a otro tipo de explotación agrícola o inmobiliaria. Eso trae como consecuencia el impacto en menos hectáreas productivas de olivos, con la consecuente caída en la mano de obra. Sobre esto último, hay que tener en cuenta que la actividad olivícola ocupa, en determinados momentos, mucha mano de obra, por lo que al desaparecer la actividad perjudica a muchos agricultores y peones que viven de la olivicultura.

 

—¿Existen mínimas condiciones de recuperación del sector? 

—Sí, a pesar de todo lo que le he expresado, que por otra parte es nuestra cruda realidad, está ocurriendo algo muy importante y auspicioso a futuro. Recorriendo viveros que preparan plantines para producción de aceitunas, dejan entrever que la variedad “manzanilla” se agotó a punto tal que ningún vivero tiene stock.

 

—¿Y eso qué deja entrever?

—Muestra que los productores mendocinos se han volcado a plantar este tipo de variedad en el convencimiento que se impondrá en el mercado. Porque es una variedad que es más fácil de trabajar en la industrialización en forma mecanizada, ya que el descarozado, el fileteado o la rodaja de esa aceituna es mucho más fácil que la variedad “Arauco”. 

“Este camino tomará su tiempo por los años de maduración de una planta de olivo, pero no deja de ser una gran noticia por lo que asegura muy buenos momentos de la olivicultura mendocina con una importante producción que hará recuperar rindes históricos que supo tener este sector agrícola”, finalizó Pradines.

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