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Cambio climático: Mendoza deberá planear acciones para evitar un desastre

La agenda pública mundial ya tiene el tema en agenda, pero según los expertos, la región de Cuyo podría estar entre las más perjudicadas

Lo que parecía hace un tiempo ciencia ficción, donde el cine advertía de un mundo sometido a cataclismos climáticos devastadores, los científicos se han encargado de hacerlo saber como un futuro tangible. Tales son las advertencias que surgen de las cumbres que abordan el tema, que apuran el reloj de ese momento de no retorno, donde la humanidad cruzaría el rubicón del agotamiento del planeta.

En nuestro país, hace pocos días, el ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable presentó el Sistema de Mapas de Riesgo del Cambio Climático en el que indica que la Argentina se está tropicalizando, con un incremento de los días con olas de calor en casi todas las regiones, y que las precipitaciones extremas seguirán aumentando en la mayor parte del territorio. Esta información es en base a la Tercera Comunicación Nacional de la República Argentina a la Convención Marco de las Naciones Unidas Sobre el Cambio Climático.

Mendoza es una de las zonas más vulnerables al cambio climático, ya que es altamente dependiente del agua que proviene de la cordillera. La temperatura promedio de la provincia aumentará entre 4 y 5 grados entre 2050 y 2100, según el informe.

En la capital mendocina, por ejemplo, aumentará 4,85°; en San Rafael, entre 3,97° y 4,78°, y en Malargüe, entre 4,23° y 4,84°. Las olas de calor con respecto al presente serán más extensas: en Capital, 115 días más; en San Rafael, entre 46 a 100 días más, y en Malargüe, entre 41 y 91 días más, según la zona.

Hacia mitad de siglo habría una reducción de los caudales en los ríos de provincias de la región de Cuyo y, al caer menos nieve se reducirá la oferta de agua sobre todo en verano, época en la que más necesario se hace este recurso para los cultivos bajo riego. Más precisamente, la disminución sería de casi el 30% en el caso del río San Juan, mientras que en las cuencas de los ríos Mendoza, Tunuyán, Diamante y Atuel, las reducciones de los caudales estarían entre el 10% y 13%.

 

Acciones locales

Sebastián Melchor, director de Recursos Naturales y coordinador de la Agencia de Cambio Climático de Mendoza, dialogó con la 91.7, donde sostuvo: “La agencia está en el área de la Secretaría de Ambiente y Ordenamiento Territorial, y tiene por función la coordinación de las distintas acciones, y construir los escenarios futuros”.

Ampliando la definición, indicó: “En ese contexto, en el diálogo interinstitucional, y también entre los distintos ministerios, que es un poco lo que se lleva a cabo día a día, en las acciones de gobierno me refiero”.

Entre las iniciativas que están desarrollando, se encuentran las referentes a los servicios públicos, entre las que destacó: “Tener transporte eléctrico y, en ese sentido, reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero”, y el trabajo “llevado adelante con los municipios para la construcción de sus inventarios de gases efecto invernadero, para llevar así a cabo planes locales de hacer climática, que esto quiere decir medidas de adaptación y también medidas de mitigación”.

Entre ellos citó también la construcción de un reservorio en conjunto con Irrigación, que fue realizado por medio de financiamiento que se gestionó a través de la Agencia de Cambio Climático, en cooperación con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

“Es importante entender”, agregó el funcionario, “que el cambio climático lo tenemos que ver o entender no de manera lineal, sino que es obviamente un conjunto de elementos, de factores que generan esa situación que estamos viviendo, y nos obliga a tener acciones de distintos niveles: local, provincial, nacional e internacional”, enfatizando: “Y, en particular, que la provincia en esto tiene un problema importante, porque es una zona donde, según los especialistas, vamos a tener consecuencias importantes, a partir de la reducción de precipitaciones mínimas en alta montaña, reducción de nuestros cursos de agua, y eso va a generar la necesidad de empezar a adaptarnos”.

La urgencia más grande parece ser el recurso hídrico, ya escaso en el presente, y ponen especial atención a los riesgos aluvionales, por lo que es necesario un ordenamiento territorial sustentable. 
Sobre los estudios que se están realizando, aclaró: “No los hacemos nosotros de manera directa, sino a través de los institutos que tienen esa función. El Ianigla, Irrigación, por eso recalcaba el rol de coordinación que tiene la agencia, no para su sumar burocracia, sino para sumar las distintas iniciativas”.

 

Islas de calor

La ciencia ha establecido que algunas áreas urbanas se comportan como “islas de calor”, a causa de la temperatura que adquieren las construcciones, pero que luego no se disipan con la noche, manteniendo temperaturas muy altas, que incluso perjudican el desarrollo normal de la vida. Se analizó este fenómeno y se sabe que con noches por encima de los 25 grados el ser humano no descansa bien, sobre todo los niños y la gente mayor, es decir, que los primeros que van a sentir los efectos son los más vulnerables.

Las proyecciones indican que para 2080-2099, los veranos mendocinos serán entre 3 a 4 grados más calurosos, en tanto que los inviernos subirán 1 o 2 grados. Y eso en un escenario medianamente optimista. Melchor lo ratificó con un ejemplo: hace 20 años, quienes llegaban al parque provincial Aconcagua no necesitaban heladera. Podían dejar los alimentos afuera y se conservaban. Ahora tienen que gastar en refrigeración, porque eso se modificó y la comida se les pudre.

Una parte de la mitigación pasaría por vegetación inteligente, reemplazando una parte del arbolado por otro que consuma menos riego porque hay especies no sustentables para nuestro ecosistema.

En definitiva, se trata de un conjunto de acciones, que deben ser llevadas adelante por la administración, pero no es menor la contribución que a esto puede hacer la conducta colectiva. Ser más amigables cada uno de nosotros con el medio ambiente ya no será un cuestión de voluntad, se transforma cada vez más en una obligación de supervivencia.
 

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