|27/08/19 07:36 AM

Guillermo Pereyra: “No debemos temer una reforma laboral, pero hay que adaptarse”

El titular de la OSECAC en Mendoza se basa en los cambios en tecnología –entre otros– para dar su opinión

Pasado el año electoral y elegidas las nuevas autoridades en todo el territorio nacional, se instalará un trascendente debate en el campo del trabajo argentino: la reforma laboral.

Al conocerse que en nuestro país se comenzaría a tratar una reforma laboral integral, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) le dio a la Argentina una serie de pautas que servirían como parámetros. Todo apuntando a fortalecer derechos, conocimientos, capacitación, oportunidades y acondicionamientos al campo del trabajo

Esos puntos son importantes en un mundo con permanente perfeccionamiento y profundos cambios que marcan esencialmente la tecnología. Por eso, inclusive, la OIT habría indicado capacitación a los dirigentes sindicales argentinos para que se adecuen para los tiempos que vienen, cuando el acompañamiento y la defensa del trabajador en nuevos ámbitos y modalidades del trabajo que viene se harán vitales.

Para muchos observadores no está muy claro lo que sucederá en el país, aunque todos coinciden en que los grandes cambios en el mundo hacen que se revean las normas laborales de la Argentina.

También coinciden en que la reforma laboral no debe ser un pretexto para ser una variable de ajuste y debilitar aún más el campo del trabajo, por el contrario, incluir a los miles de desocupados y subocupados que tiene nuestro país.

“No hay que tener miedo”

Al respeto, El Ciudadano entrevistó al titular de la Obra Social de Empleados de Comercio y Actividades Civiles (OSECAC) en Mendoza y diputado provincial Guillermo Pereyra, quien opinó que “no hay que tenerle miedo a la reforma laboral”.

El avance tecnológico, la digitalización, la nanotecnología, la incursión del mercado tecnológico y las plataformas digitales –estas últimas, como Amazon, Mercado Libre o Globo, entre otras–, son también formas de trabajo que seguramente no tiene uno formal como el que hoy tenemos en el país. Pero no podemos negar que a mucha gente le interesa porque le ayudan a tener ingresos”, indicó el entrevistado.

Entonces, ¿habría que ser cauto? 

No hay que tenerle miedo, tenemos que adaptarnos a la tecnología. Porque eso hace que la sociedad tenga una mejor calidad de vida. Algo que pasa en todas las actividades, y entonces hay que debatir una reforma laboral, donde los dirigentes gremiales nos capacitemos. Sobre todo para que cuando estemos frente a los sectores patronales o el Estado, sepamos, igual que ellos, a dónde nos lleva el avance tecnológico y qué se va hacer con el futuro del trabajo en Mendoza y en el resto del país. 

¿Se mantendrán los derechos del trabajador?

Claro, debe mantener ciertos parámetros. La OIT nos habla de trabajo decente y respeto a los derechos humanos, por lo que creo que con esos puntos que indica ese organismo se puede discutir esta reforma. 

Debemos tener en cuenta que en el mundo las tendencias de las nuevas modalidades laborales, crean actores laborales que antes no existían.

¿Se debe estar atento a la reforma cuando se debata en el Congreso? 

Sí, debemos estar atentos para que esa reforma que no sea un caballo de Troya en la flexibilización, en la quita de costos a los sectores económicos, productivos y a las empresas. Todo eso para mantener el mismo aparato impositivo que es regresivo, pero que es asfixiante para las empresas, de lo que nadie ha dicho cómo se modificará. O el mismo aparato crediticio al que las Pymes nunca tienen acceso.

O sea, ¿la reforma debe ir a la par de otros componentes? 

Por supuesto, si la mentada reforma laboral va junto a una reforma impositiva o una reforma crediticia, ahí debemos discutir. No una reforma para solo bajar los costos empresarios, con un mismo sistema impositivo, sin crédito y con el mantenimiento de sus ganancias flexibilizando el puesto de trabajo.

En definitiva, ¿a qué aspira usted?

A que la reforma laboral que se debata esté acorde a los avances del mundo. Que haga que los miles de desocupados que tiene el país accedan a un trabajo. Con las garantías que marca la OIT, derechos básicos como acceso a una buena jubilación, cobertura de salud y buen salario que le permita vivir. Entonces, manteniendo esos parámetros, no hay que tenerle miedo a ninguna discusión laboral.