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El millonario negocio de percibir a la vejez como enfermedad

La consideración abre las puertas a la creencia de que si hay una enfermedad existe una cura para contrarrestar al envejecimiento, lo cual no es verdad.

Recientemente conocimos sobre la resistencia a que en enero de 2022 la Organización Mundial de la Salud, OMS, actualmente bajo la actual dirección de Tedros Adhanom Ghebreyesus, declare a la vejez como una enfermedad

Uno de los médicos argentinos, especialista en gerontología y geriatría, que le exigió públicamente a la OMS que no avance en ese camino considerado discriminatorio fue Félix Eduardo Nallim (foto), presidente de la reciente Conferencia Virtual IAGG 2021, de Gerontología y Geriatría, quien calificó a la iniciativa como “una locura”. 

 

 

El profesional mendocino, además presidente de la Asociación Gerontológica Argentina, AGA y titular de la Caja de la Salud Mendoza, calificó a la novedad como “una actitud edadista, término al que consideramos como una discriminación por edad, absolutamente irracional, ilógico, absurdo, y mucho más cuando se produce una contradicción de parte de la Organización Mundial de la Salud. Porque justamente fue esa institución la que declaró al decenio 2020 - 2030 como la década del envejecimiento saludable”.

Sin embargo, recientemente se conoció -el 13 de julio de 2021- la reflexión sobre los resultados que podría tener en términos económicos la categorización de la vejez como una enfermedad de parte de Alex Kalache (foto), médico epidemiólogo especializado en el estudio del envejecimiento y presidente del Centro Internacional de Longevidad de Brasil. 

 

 

Según Kalache, también copresidente de la Alianza Global de Centros Internacionales de Longevidad, “tener a la vejez como posible percepción de enfermedad alimenta a la industria muy poderosa del antienvejecimiento”, dijo.  

Y añadió respecto a la industria también conocida en idioma inglés como “anti-age” que “en todas las civilizaciones siempre existió el mito de beneficiarse de la fuente de juventud eterna. Eso alimenta muchísima esa percepción de que través de intervenciones se cura esa enfermedad que no existe, que es la vejez. Pero eso abre puertas de que si hay una enfermedad, hay un tratamiento, y eso mueve muchísimos millones de dólares”, precisó al ser consultado por el medio especializado Vivir Plenamente.

 

 

Desde su especialidad médica señaló que “tampoco senectud es la palabra adecuada”. El hombre marcó que “en pandemia hablamos todo el tiempo del inmunosenescience. El sistema inmunológico de una persona de 80 años no es el mismo que el de una persona de 30, debido al proceso de senescencia que no es fragilidad necesariamente”. 

“Cuando se hablo de vejez hay una definición cronológica. Porque vejez no me dice nada, es una atribución a los años o de involución. Nadie puede morir de adolescencia. Entonces ¿por qué se puede morir de vejez?”, se preguntó. Y respondió: “Es un periodo de la vida que corresponde”.

 

 

Kalache coincidió sobre el riesgo que conlleva colocar a la vejez como un sello negativo considerando que “se está transmitiendo un mensaje que discrimina”. A través de una manifestación que acentúa la idea de que “después de una edad estás enfermo, con todas sus connotaciones. Que vas a costarle más al Estado, al plan de salud, a tu bolsillo, porque sos viejo, ya no tenés nada que aportar”. Contribuyendo al “edadismo”, en sociedades tanto en Argentina, como en Brasil o Europa. 

En ese sentido y apoyando la gesta iniciada, por ejemplo en Argentina entre otros profesionales por Nallim, el brasileño destacó que hay una sociedad civil manifestándose desde Latinoamérica y que se debe respaldar, “para que se alcance a organizaciones, colegas y amigos de otros países. Para que deje de ser para la Organización Mundial de la Salud solo un movimiento iberoamericano, de los latinos, porque son muy pasionales”.

Además, si fuera considerada como una enfermedad la vejez, como otras tantas actualmente contempladas en la CIE-11, que es el acrónimo de la Clasificación Internacional de Enfermedades en su 11.ª edición, correspondiente a la versión en español de la International Statistical Classification of Diseases and Related Health Problems, IDC, las obras sociales tendrían la obligación de cubrirla.