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Un Pancho con sabor Chacarero

Francisco Monárdez, fue uno de los referentes del Atlético San Martín en la década del setenta, cuando el Albirrojo brillaba en los torneos Nacionales

Y el Pancho va por afuera. Encarando por la izquierda, memoria del wing que fue. Y de pronto engancha para adentro y se frena, consecuente con un tal José D’Amico, su técnico en Banfield, el que lo reinventó como jugador, tirándolo en posición de volante. 

Hábil y veloz, el Pancho va y va. Y encara a los recuerdos, los que pasan con precisión de fechas. El Pancho y su circunstancia. Goles son amores. Y sí, la vida de Francisco Monárdez se cubrió de ambos. De fervor por la red y de su apego emocional a su familia y a sus amigos.

“Pancholo” en La Rioja, donde nació hace 73 años. Pancho en Mendoza, adonde llegó por primera vez para vestir la casaca de Luján Sport Club y desde allí construir una carrera vinculada a los viejos torneos Nacionales, en donde fue un protagonista con el Atlético San Martín y también junto a Independiente Rivadavia en una temporada.

“De chico sabía que quería ser futbolista. Yo no hice inferiores, salí de La Rioja y fui directamente a Banfield. De 14 años ya fui goleador y jugaba en la selección de la provincia en el torneo Beccar Varela. 

El Gurí tenía su personalidad marcada desde chico. La vida había dejado sus marcas; su mamá había fallecido muy joven y apenitas cuando se fue a jugar al Taladro, su papá también murió.  Y así como antes había dicho que no, ante una nueva chance diría sí.

Y se dio nomás esa chance. El pianista de Tango y uno de los directores de orquesta más grande de nuestra historia, Alfredo De Angelis, hincha fanático de Banfield, justo andaba por La Rioja y le llegó el rumor sobre un chico que jugaba bien.  

“Don Alfredo vino a tocar a mi provincia, me fue a ver y me recomendó para Banfield. Así fue que viajé a Buenos Aires con la recomendación de De Angelis. En Buenos Aires me recibe el técnico que era Benicio Acosta. Me mira y me dice: ‘¿Quince tiene? ah, pero pibe usted tiene que ir a entrenar en Remedios de Escalada, ahí practican las inferiores’

Como ya estaba allí, lo piensa y me dice que me quede y entrene con la Primera. Hicimos fútbol y cuando terminamos me dice: ‘mañana venga acá. Lo había convencido”’. 

Casi casi del Xeneize

El Pancholo, tenía la venia para quedarse en Banfield, pero por un pelito no se fue a Boca. 

“Había un basquetbolista riojano, el Tata Diaz que jugaba en Boca y por su intermedio me presenta a don Jorge Campos que estaba en las inferiores del Xeneize. Hice una prueba un jueves en Barracas Central, lugar donde entrenaban y quedé”

Dos pruebas, dos fichajes. Monárdez le había dado su palabra a Banfield, pero lo del club de la Ribera tentaba. No obstante, no forzó nada y dejó que el destino se forjara solo. 

“Banfield se apuró y por intermedio de Valentín Suárez (el presidente del Taladro) mandó a pedir el pase a La Rioja y fui a préstamo. A los días entró la solicitud de Boca”, cuenta sobre cómo se desentrañó la historia.

El equipo de la Provincia de Buenos Aires le había ganado la pulseada al Xeneize y así Francisco Monárdez firmó para el Albiverde. Allí comenzó a frecuentar la reserva con los entrenamientos en Primera División.

“En Primera debuté en un amistoso en el 64 y en el 65 fue el debut oficial. Me tocó enfrentar a Boca y River donde anduve bien”, rememora.

En el plantel de Primera estuvo casi cinco años, pero solo actuó en treinta encuentros y convirtió tres tantos. La gente del barrio lo había adoptado como un hijo dilecto de la casa, pero al equipo le tocó descender en 1969 y le dijeron que no lo tendrían en cuenta.

Arriba Mendoza

“Tenía la chance de irme al Sporting Cristal de Perú, pero aparece Benicio Acosta y me pregunta si no me gustaría irme a Luján que era dirigido por su hermano Pastor (Acosta Barreiro). Fui a Luján con la condición de que si salía lo de Sporting Cristal (adónde iba a firmar Benicio) viajaba a Perú. Al final me quedé y fui muy feliz en el Granate. El fútbol mendocino era muy competitivo y las canchas estaban siempre llenas. En Mendoza pasé mis mejores años futbolísticos y tengo recuerdos inolvidables. Me casé con mi novia riojana y armé mi familia”, enfatiza.

En el Bajo fue parte de un verdadero club de amigos: el Cabezón Bordeira, Chuchi Fumagalli, Hugo Oro, Pepa Falcioni, Dante Garro, Eleazar Tercilla, Gauchito Guzmán… La buena faena en el Granate hizo que la dupla goleadora Monárdez- Guzmán también se repitiera en el Atlético San Martín del Nacional de 1972.

“Fuimos a préstamo a San Martín. Hicimos un gran nacional y Gimnasia casi compra nuestros pases, pero Esteban Constantini (presidente del Chacarero) hizo uso de la opción. Él quería armar un equipo potente porque hacía varios años que San Martín no salía campeón”.

Sobre aquel Nacional del 72’ en el que San Martín culminó cuarto en la zona de trece, afirma: “Ese fue uno de los mejores equipos que integré. Hicimos un brillante torneo, nos dirigía Bernardino Prado, un señor con todas las letras”. 

El equipo del Este tuvo una noche cumbre en ese certamen cuando derrotó a River en la cancha de Independiente Rivadavia por 4 a 1. Fue la noche que usó casacas azules para diferenciarse de su rival.

“Esa noche la cancha estaba repleta, el partido estuvo demorado porque la luz estuvo cortada un largo rato. River venia de ganarle 7 a 2 a Independiente y el Beto Alonso hizo el gol que no pudo hacer Pelé en el Mundial de México. Nos salieron todas. No hice ningún gol, pero intervine en dos. En el primero, pateé un tiro libre con zurda; la pelota le llegó a Zuvialde que convirtió de cabeza, pero se lo anularon.

Pongo la pelota de vuelta en el piso; levanto la cabeza y le hago unas señas a Guzmán, con quien nos entendíamos de memoria y sabía adonde se la iba a tirar. Yo le pegaba con mucha dirección, Gauchito se adelantó a los defensores y la metió de cabeza. Después hizo un gol Gramari, que no hacia goles, el Pocho Barroso y Chupete Márquez. Esa noche terminé acalambrado y salí antes; cuando me cambian -entró Dionisio Neumann en mi lugar- el árbitro (Roberto Goicochea) me vino a felicitar.

“Teníamos un gran equipo y la confianza para jugar con tranquilidad. No éramos menos que nadie, teníamos equipo para jugarle de igual a igual a cualquiera. En San Martín estuve varias temporadas y salí campeón tres veces. Jugábamos Regionales, íbamos a todos lados sin miedo y convencidos de nuestro nivel. Hacíamos de a cuatro como en San Juan contra Desamparados o a Belgrano de Córdoba”, enfatiza.

Luego de un olvidable Nacional 73’ llegaría el torneo de 1974 que fue una de las mejores campañas del equipo del Este en aquellos certámenes.

“En el 74 no jugué muchos partidos, y estaba más bien en el banco, pero era un equipo era muy compacto, me ponían para tener la pelota. Siempre respeté las decisiones de los técnicos, pero sabía que cuando me tocaba entrar, tenía la misión de hacer la diferencia”.

Junto al Chacarero logró varios títulos: 73, 75, 79. “Aquella época fue gloriosa, no sé si se va a volver a repetir”.

La lepra y otra gran campaña

Independiente Rivadavia con el Cholo Converti en el banco, lo llamó a préstamo para jugar el Torneo Nacional de 1977. En el Azul del Parque marcó cuatro goles en los 13 encuentros que disputó la Lepra en ese certamen. 

“Ese fue el segundo mejor equipo que me tocó integrar. Salimos segundos en la zona (junto a San Lorenzo), hicimos una gran campaña, pero nos quedamos afuera porque solo clasificaban los primeros de cada zona (el primero fue Newell’s). Estábamos con Zolorza, Andrés Molina, el Puma Molina, Héctor Cúper, Montilla, el Oso Villegas, el cura Vergara, Millán, Mémoli, Ramón Cabrero. Yo jugaba como un cuarto volante”.

La anécdota mayor en ese torneo, fue en la cuarta fecha cuando el equipo del Parque visitó a Banfield y el Pancho que nunca se había enfrentado a su ex club marcó el gol del triunfo para ese 2 a 1, que además tuvo de goleadores a Cerqueiro para los bonaerenses y a Raúl Zolorza para el Azul.  “Antes del partido me dieron una plaqueta por mi paso por el club y la gente me recordaba con afecto”. 

De vuelta al Chacarero, Pancho siguió rompiéndola y volvería a jugar otro Nacional, el de 1978, aquel de otro gran triunfo ante River, en el Estadio Provincial, día que el Pato Fillol tuvo un día de furia correteando a un fotógrafo que se burló del arquero tras un gol.

“Sí pasó de todo. El Mono Olmos hizo un gol y se rió, el Pato Fillol le tiró un patadón y al final hubo una discusión y se armó lo del fotógrafo, pero en el vestuario de repente vino el Pato a pedir disculpas por lo que había pasado. Es un grande, un fenómeno”, desliza.

“Nos dirigía Juan Carlos Montes. Yo tenía un pequeño tironcito y no entré de arranque. Me acuerdo que Luque marcó un golazo. En el entretiempo, Montes me mandó a calentar y me puso. Hice un gol luego de un jugadón- pase de Cabrero. En verdad no tuve más que tocarla”.

Para 1979 San Martín volvió a gritar campeón en la Liga y el Pancho formó parte del plantel que al año siguiente jugó su último certamen Nacional. 

Tras ello, con 32 años, habló con su esposa. Ya tenía en mente colgar los botines y además pegar la vuelta a su provincia natal.

“Podría haber seguido jugando, pero ya empezaba a cambiar todo y queríamos volver a La Rioja. Y nos vinimos a nuestra provincia. Acá trabajé en el gobierno municipal, en la dirección de deportes, en divisiones inferiores”, describe el querido Pancho Monárdez, quien volvía a sus orígenes, al sitio desde donde siendo un gurí soñaba con seguir el recorrido de la pelota. Y vaya que había rodado detrás de ella, el Pancholo.

Algunas frases

-Sobre la pandemia: “No soy de salir mucho, me trato de cuidar y soy muy activo en las redes sociales. Me entretiene y hace bien, la gente me recuerda con cariño y soy agradecido de la vida, más allá de lo que haya hecho bien o mal en el fútbol”

-Su gol más lindo: “Se lo hice a Tesorieri cuando arranqué. Salí de atrás y gambeteé a todos incluso al arquero, le hice el sombrerito y la metí. Otro de buena factura fue contra All Boys de La Pampa en un Regional, la agarré de mitad de cancha, cuando me salió uno, le pegué y la puse en el ángulo”.

-Anécdota: “En La Pampa, había un córner a favor, la cancha estaba lluviosa. Me doy vuelta, miro a los hinchas detrás de la tela y les digo: ‘voy a hacer un gol olímpico’. Le pegué y fue nomás olímpico. Me doy vuelta y les digo: ‘¿No les dije? Ellos se reían, la gente se bancaba ese folclore, no había agresiones, todo era con respeto”.

-El fútbol mendocino: “La Liga era un torneo increíble, todas las canchas se llenaban.  Desgraciadamente hundieron al fútbol del interior”.

-La selección de Monárdez: “Fumagalli o Tamagnone, Gramari o Mémoli, Vergara, Zuvialde, Maryllack o Millán; Documento Ibáñez, Quique Lucero o Lalo Bazán, Zolorza, Víctor Guzmán, Andrés Molina, Puma Molina, el Chirola Ibáñez. Me quedo corto con los tantos que elegiría”

-Su último acto: “Jugué un regional para San Lorenzo de La Rioja, pero ya estaba cansado y largué definitivamente” 

-Sus amigos: “Me siento angustiado de no poder viajar más seguido a Mendoza, para jugar con los muchachos de San Martin o Gimnasia con este problema que no es solo de Argentina sino del mundo. Estoy esperanzado con la vacuna. Me tocó de cerca sufrir la partida de familiares y amigos que murieron de Covid.

-¡Qué grande sos!: “Vengo de una familia de raíces peronistas.  A Evita y Perón los llevo en el corazón. En algún rincón de la casa tengo la máquina de coser, la Singer que le dieron a mi mamá. Vi como tiraban los bustos de Evita, y como dejaron sin trabajo a mis viejos por sus ideas políticas. Mi mamá trabajaba en el hospital y mi papá era policía y los persiguieron por ser peronistas. Yo ya no milito, pero soy peronista de Perón”.

- Menem: “El me conocía de chico, cuando yo jugaba en La Rioja. Cuando fue presidente jugué con él, traía jugadores como Pipo Rossi, Amadeo Carrizo y Sanfilippo, en una cancha que era un convento. Carlos me decía ‘Panchulo’, acá me dicen Pancholo. Una vez estábamos en el estadio de Vargas y Carlos lo gastaba a Amadeo que yo le había hecho muchos goles. Amadeo se reía y le contestó: ‘Cualquiera me hacía goles’. Después me abrazó afectuosamente. Era un señor”

- Expulsado: “Una sola vez me echaron. Fue Rafael Bodagnowsky. Iba a patear un tiro libre y yo acomodaba la pelota. Me dijo: ‘si me tocás la pelota otra vez’, te expulso. Estaba en un pozo el balón, lo corrí para patear. Y ahí me sacó la roja”

-Su familia. “Mi mamá, ya había fallecido cuando fui a Banfield. Se llamaba Luisa Yacante. Mi padre se llamaba Ramón Monárdez. Con mi esposa Teresita Leiva, tuvimos tres hijos que nacieron en Mendoza: Andrés (falleció hace poco), Fabio y Silvana”.