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La historia del Dibu Martínez: del bullying en inferiores a la final de la Copa América

El caso del arquero que luego de una difícil carrera hoy se destaca la Selección Argentina. Su comida preferida, su arquero referente, sus sueños y su pasión por los autos

De irse de su casa a los 13 años, a ser elegido el mejor portero de la Premier League. De jugar con botines rotos a recibir las burlas de sus compañeros por “torpe”. De tener un psicólogo personal en Inglaterra a la final de la Copa América.

“Le voy a regalar la Copa América a Messi”, manifestó Emiliano Martínez el 24 de junio pasado durante los festejos por el cumpleaños número 34 del capitán argentino. Ahora el arquero está un paso de poder cumplir el deseo del capitán. “El ´Dibu´ está re contento y eufórico. El miércoles, no pudo dormir durante todo el día”, cuentan desde su entorno.

Es indiscutible, Martínez está pasando por el mejor momento de su carrera. El martes pasado se convirtió en el héroe de la noche tras atajar tres penales (Davinson Sánchez, Yerry Mina y Edwin Cardona) frente a Colombia en Brasilia y así, el seleccionado argentino llegó a la final que se jugará el sábado próximo en el estadio Maracaná de Rio de Janeiro.

Mientras se destaca con la celesta y blanca, Emiliano fue papá por segunda vez, en este caso de Ava, a quién pudo conocer a través de una videollamada estando en la concentración argentina. “Hace dos meses que no ve a su mujer Mandinha, ni a su hijo Santi. Es un excelente padre. Lleva más de un año y medio sin ver a su hermano y a sus padres que viven en Mar del Plata. No le dan los tiempos por el futbol”, remarcó en diálogo con El Ciudadano, Alejandro Muñoz, el mejor amigo del arquero. Sin embargo, todo este sacrificio lo lleva hoy a ser el arquero titular del seleccionado de Lionel Scaloni.

Todo comenzó cuando arribó a Buenos Aires con 12 años, desde Mar del Plata, con una mano atrás y otra adelante, en busca de cumplir sus sueños.

Nació en 1992. Sus padres le inculcaron la cultura del esfuerzo permanente para alcanzar sus objetivos y la solidaridad por sobre toda las cosas. Su infancia en el barrio El Jardín de La Feliz fue humilde y cada esfuerzo se valoraba al máximo. Sus padres hicieron mucho sacrificio para que pueda desarrollar su pasión.

Desde muy chico, dejó atrás su ciudad natal donde quedaron su mamá, Susana, y su papá, Alberto, además de su hermano, Maximiliano. Su padre trabajó en el Puerto de la ciudad. Su madre limpiaba casas; se la rebuscaba con lo que podía. Viene de una familia trabajadora. Hubo meses que sus progenitores la pelearon muy duro para mantener a sus dos hijos.

En el barrio, simplemente "Emi"

El Dibu la paleó siempre, desde abajo. Los que lo conocen cuentan que desde chico siempre fue solidario y atento para que a su entorno no faltara nada. Cuando salía con sus amigos, era muy jodón y divertido. Siempre estaba sonriendo y muy pendiente del resto del grupo. Pero cuando se sumó por primera vez a Independiente, no la pasó para nada bien... “Llegó con 12 años a Avellaneda. Al principio, él único que lo bancó fue Miguel Pepe Santoro. Cuando llegó, no la pasó bien. Sus compañeros se burlaban de Emiliano porque no podía saltar una valla para tapar una pelota ni esquivar conitos, ni sabía hacer los trabajos de coordinación. Los otros arqueros se reían de él porque creían que era torpe. Le costaba porque no estaba acostumbrado a esos trabajos de campo en Mar del Plata. Con el tiempo, le fue agarrando la mano y se superó a sí mismo”, reveló Muñoz, excompañero en Independiente.

“Al llegar, Dibu pidió que le den botines porque no tenía. El club le provino un par y los usó hasta que se le rompieron por completo. No tenía otros porque era humilde. A sus 16 años estaba en la reserva del Rojo pero no tenía para comprarse calzado”, agregó.

Premio a la perseverancia 

El arquero de 195 centímetros antes de ser sumarse a las juveniles del club de Avellaneda se probó en Boca y en River en el 2003, pero no pasó la prueba. “Lo vieron muy lento de reflejos. Cansino. Muy pesado. Lo rebotaron en los dos clubes grandes. Estuvo un par de días entrenando en cada uno de ellos y no pasó la prueba. En el Millonario compartió entrenamiento con Erik Lamela, Ezequiel Cirigliano y Leandro González Pirez, entre otros, que son categoría 92´. Luego, Pepe Santoro lo vio, le gustó y lo llevó al Rojo”, describió su amigo.

Su pasó por Independiente le dejó, más allá de conocer a su “segundo padre” como definió a Pepe Santoro, compartir vestuario con el arquero que considera su referente: Oscar Ustari. “Tiene cosas muy parecidas a él, desde la pegada y la salida con la pelota en sus pies”, cuentan desde su entorno.

En junio de 2009, Dibu Martínez fue vendido al Arsenal de Inglaterra a cambio de 500.000 euros por el 60%.

En un principio, la idea del club inglés era cederlo al Salamanca de España para que juegue una temporada para poder sacar la nacionalidad española y lograr la visa de trabajo. Pero luego, a través de su bisabuelo pudo sacar la ciudadanía de España. Entonces, se fue para Inglaterra acompañado de Santoro para sumarse al equipo londinense. Al principio, no quería irse porque no le gustaba ese país. Iba a estar lejos de todo, de los padres y de sus amigos que lo bancaron siempre. Pero, tanto Alberto como Susana, lo convencieron de que debía seguir su camino.

Finalmente, Dibu -el apodo que le quedó desde las Inferiores del Diablo- se fue de la Argentina no sabiendo inglés y en cuatro meses hablaba fluido el idioma. Cuando llegó al Arsenal, la dirigencia local le prometió que le daba un bono de 20 mil libras sí en 120 días rendía los cuatro finales correspondiente para aprender el idioma. En tres meses y 10 días, aprobó los exámenes. Y un mes más tarde, hablaba fluido el idioma.

Su llegada a los Gunners no fue sencilla porque le costó adaptarse al plantel. Primero fue prestado en mayo de 2012 al Oxford United para disputar un partido de los playoffs para el ascenso a la League One, pero este equipo perdió 3-0 y su contrato no fue prolongado hasta el final de la temporada.

Sin continuidad por ser el quinto arquero del plantel, buscó rodaje en Sheffield Wednesday de la Championship inglés, club al que llegó el 15 de octubre de 2013.

Luego de una temporada volvió a Arsenal, donde no ingresó en el triunfo ante el Manchester City por 3-0 en Wembley por la Community Shield. En tanto, debutó como titular en el triunfo 2-1 ante Anderlecht de Bélgica por la fase de grupos de la Champions League 13/14.

Lo cierto es que pese a sus buenas actuaciones, "Dibu" no fue tenido en cuenta y comenzó un periplo de clubes como el Rotherham United, Wolverhampton Wanderers, Getafe (España) y Reading. No obstante, en julio de 2018 vuelve a los “Gunners”, quedando como el tercer portero detrás de Bernd Leno y Matt Macey. Entonces, Boca puso los ojos en él por la lesión de Esteban Andrada e hizo un intento para traerlo.

Por intermedio de Juan José Romero, el entrenador de arqueros del cuerpo técnico de Guillermo Barros Schelotto, se comunicaron con el marplatense para manifestarle la intención de sumarlo, ya que el xeneize necesitaba un arquero para disputar lo que restaba de la Copa Libertadores. Sin embargo, Martínez decidió quedarse en Inglaterra y desestimó el interés del equipo boquense.

A mediados de 2020, el alemán Leno tuvo una grave lesión que lo dejó varios meses fuera del campo de juego. A partir de ahí, Dibu logró tener mayor continuidad y fue fundamental para que el equipo obtenga la FA Cup y la Community Shield.

Sin embargo, su consolidación definitiva llegó el 16 de septiembre de 2020 cuando fue transferido al Aston Villa por 21,5 millones de euros, con un contrato por cuatro temporadas.

El Dibu como persona

Fuera de su vida profesional, Dibu Martínez es muy fanático de la PlayStation al nivel de quedarse jugando hasta largas horas de la noche junto a sus amigos. Tiene como comida preferida la milanesa con puré. Y es un especialista en hacer asados. Además, mantiene la pasión por los autos, que comparte con su hermano.

En la capital londinense, donde encontró una estabilidad económica y la posibilidad de desarrollar su talento en uno de los clubes más importantes de la ciudad, también se cruzó con el amor de su vida, la portuguesa Mandinha Martínez, con quien está en pareja desde el 2013. Producto de la relación, tiene un hijo, Santiago, y una niña Ava, quién nació hace cinco días: “A Mandinha la conoció en las calles de Londres. Vivía a la vuelta de su casa. La veía pasar siempre cuando esperaba el colectivo para ir a entrenar al Arsenal. Un día la encaró y le pidió de salir. Fueron a comer algo y desde ese día, se mantienen juntos”, contó su mejor amigo.

Cuando vivía en Londres, vivió días muy complicados, donde la soledad era su peor enemiga. Lejos de sus seres queridos, Emi necesitó de un psicólogo para desahogarse. Estuvo con tratamiento psicológico durante más de un año, hasta pasar el proceso de adaptación. Recurría al profesional en horas de la madrugada porque no podía dormir y, por ende, lo llamaba para contarles sus problemas personales.

El Dibu como arquero

La seguridad y confianza es una de sus principales características. Quedó demostrado en el choque ante Colombia pasado cuando les hablaba a los rivales con la intención de persuadirlos, antes de la ejecución de los penales. "Mira que te como, eh". "Yo a vos te conozco, te gusta cancherear". "¿Estás cagado?". "Te lo atajo, lo siento pero te como hermano". Pero la actitud del golero no es nueva en su carrera. En sus inicios en el club de Avellaneda, el marplatense solía utilizar esos recursos para amedrentar a los pateadores de penales. “De chiquito, ya la boqueaba y le hacía la psicológica a sus rivales. Y sí, tenían su efecto”, recuerda Muñoz entre risas y al mismo tiempo, remarca: “Con el tiempo fue armando un personalidad fuerte. Siempre fue un líder nato, de ir para adelante y mejorarse a sí mismo”.

Su manera de desconcentrar a los rivales se pudo disfrutar por primera vez aquel 9 de mayo de 2009, día que Martínez utilizó, también, esa táctica en el Sudamericano Sub 17. En la final ante Brasil, atajó dos ejecuciones desde los doce pasos pero el seleccionado comandado por el Jorge Tata Brown perdió aquel partido por la no concreción de los propios disparos. Producto de haber tenido un buen torneo, los ojeadores del Arsenal se decidieron a contratarlo y el arquero tomó la decisión de irse de Independiente.

“Desde que lo llamaron para el sub-15, Emiliano sabía que iba a ser el arquero titular de la Mayor. Desde el día que se puso por primera vez el buzo albiceleste, dijo: ´Yo voy a ser el arquero de la Selección Argentina´. Tenía apenas 14 años”, recuerda Muñoz.

Ahora, en el mejor momento de su carrera y de su vida, Emiliano espera la gran final del sábado ante Brasil en el Maracaná en la que intentará darle a Messi su regalo de cumpleaños y, además, ayudarlo a ganar ese título pendiente con la Argentina.