|20/04/21 06:30 PM

Jugó y dirigió en el Chacarero y fue colaborador de Maradona: mano a mano con el Pancho Martínez

El ex ayudante de campo de Diego contó detalles de su trabajo junto a Pelusa en México. También recordó su pasado en San Martín, entre otras tantas historias

“El Chacarero es un club que quiero mucho. Me duele que esté pasando por está mala situación y me produce nostalgia recordar mi paso por allí, porque me marcó mucho”, remarcó José María Pancho Martínez, quién inició su trayectoria como entrenador en San Martín.

El Pancho tiene una importante trayectoria en el fútbol argentino. Como jugador, además del León del Este, vistió las camisetas de Laferrere, Atlético de Rafaela, Estudiantes de La Plata, Quilmes, Atlético Tucumán, Chacarita, San Martín de San Juan y la desaparecida Asociación Atlética Luján de Cuyo. Su curriculum vitae indica, también, que jugó en el Barcelona de Ecuador, equipo con el que participó de una Copa Libertadores.

Como entrenador debutó en San Martin en el 2004. “Tengo un sentimiento muy grande hacia la institución y los hinchas. También, el mayor de mis afectos con los que trabajan en el club”, sostuvo el oriundo de Chivilcoy sobre aquel equipo que dirigía el Tano Riggio y tenía jugadores de jerarquía como Leo Aguirre, Claudio Demaría, Félix Morán, Chiquito Benítez, entre otros. 

En el Chacarero dejó buenos recuerdos y a partir de allí, deambuló por el ascenso. Condujo a Quilmes, Defensa y Justicia, Juventud Unida y Defensores de Belgrano. Posteriormente a ello, fue ayudante de campo de Humberto Grondona en Arsenal y de Sebastián Battaglia en Almagro, mientras que en México estuvo al lado de Ángel David Comizzo en Morelia y de Diego Armando Maradona en Dorados de Sinaloa. Hoy, se destaca como DT en San Luis de Quillota, en la Primera B de Chile. .

- ¿Qué recuerdos tiene de su paso por San Martin de Mendoza?

- -Es uno de los clubes con el que más sentimientos tengo. Estuve varios años en el club (del 99 a 2001). Tengo un sentimiento muy grande hacía la institución y los hinchas. También, el mayor de mis afectos con los que trabajan allí. El Chacarero es un club que quiero mucho. Me duele que esté pasando por esta mala situación y me produce nostalgia recordar mi paso por allí, porque me marcó mucho. Fue mi mejor momento como futbolista y después me dio la posibilidad de iniciarme como DT. Tengo el deseo de que le vaya bien, se unan y puedan salir adelante. 

- ¿Cómo es su presente como entrenador del San Luis de Quillota, en la segunda división de Chile?

- Tenemos muchas expectativas de pelear arriba y hacer un buen torneo, con la idea fija de ascender. Armamos un plantel muy rico y completo con jugadores de distintas características para tener diferentes maneras de jugar. Estamos preparados para ser protagonistas y no tenerle miedo a probar lo que venimos preparando.

- Dirigió en México y en el ascenso argentino, ¿qué diferencias encontró con el fútbol chileno?

- En Chile, es la cuarta vez que estoy cumpliendo con distintos roles. Cuando uno la pasa bien y se siente a gusto, es respetado. Además, yo respeto cada lugar a donde voy. Este país es muy ordenado en todos sus aspectos y el fútbol no es una excepción. Es muy prolijo la Primera B en cuanto a su organización y se rige por las mismas normas que la máxima categoría. Las reglas son muy claras y se trabaja con tranquilidad pero el resultado es lo más importante en cualquier deporte y más en este, siendo profesional. En el trabajo diario, me siento muy cómodo, respetado y querido.

- Fue ayudante de campo de Ángel Comizzo en el Morelia mexicano. ¿Qué te dejó como director técnico?

- A Ángel se lo voy a agradecer toda su vida. Me hizo conocer lo que es el fútbol de alta competencia y de primer nivel porque yo siempre jugué en el ascenso. Tuve un breve paso por el Barcelona de Ecuador como futbolista, pero jugar y dirigir en la Primera división de México es como estar al máximo nivel de Europa. Existen muchas comodidades de trabajo para poder desarrollarte en el día a día. La inversión que hay en el futbol es muy importante. El show está muy bien montado. Junto a Comizzo conocí una estructura impresionante.

- También, fuiste colaborador de Humberto Grondona en Arsenal.

- Si, dirigimos en nuestra casa y me agarró con mucha más experiencia. Transitamos un año en el cual pudimos mantener la categoría. Fue muy fructífero. Con Humberto Zucarelli arranque de muy joven y me sirvió para ir aprendiendo. Me marcó porque me hizo sentir importante. Pero ser ayudante de campo de Maradona en Dorados fue la frutilla del postre en mi carrera.

- ¿Qué significó trabajar al lado de Diego?

- Viví momentos inolvidables, un privilegio que tuvimos unos pocos. El futbol me premió por el esfuerzo que hice toda mi vida y por no bajar los brazos, siempre con la intención de seguir progresando. La vida me regaló estar al lado del más grande de todos los tiempos. Disfrutar no sólo del futbol sino de su vida privada y ser una parte pequeña de su historia. Le agradezco a la pelota que nos lleva a lugares inimaginables y me puso al lado de Dios.

- ¿Cómo eran sus charlas técnicas?

- Los entrenadores para desarrollar las charlas un poco más convincentes tenemos muchas maneras de gestionar o elaborar una estrategia para seducir y convencer a los jugadores. Lo que a nosotros nos costaba mucho tiempo planificar, armar la idea, convencer y motivar a nuestros dirigidos, a él le salía natural por ser únicamente Maradona. En sus encuentros diarios buscaba generar un ambiente en donde todos se consideren importantes, los que jugaban y los que no, pero siempre trataba a todos por igual.

- ¿Qué le pedía a sus dirigidos?

- Que se entreguen al máximo y se cuiden. Recuerdo que previo a los entrenamientos, contaba sus experiencias para que sus dirigidos no la repitan. Además, transmitía la pasión de como vivía el futbol, que al final nos terminaba contagiando. Diego tenía varias combinaciones producto de su esencia: pasión, verborragia y euforia. Le sacaba a cada jugador lo más importante, más de lo que podía dar. Después, como integrantes del cuerpo técnico, cada uno tenía un rol determinado pero la cabeza trascendental del grupo era Pelusa. Tenía un aura especial.

- ¿Lo llamó para que sea su colaborador en Gimnasia?

- Si, me llamó. Lo hablamos con Cristian Bragarnik, mi representante, y estaba todo bien. Después, Diego se operó de una de sus rodillas. Me dijo: ´Me voy a tomar 6 meses para acomodar el chasis y luego de ese tiempo, nos volvemos a juntar´. Ahí, surgió lo de Gimnasia y no estaba preparado para dirigir, pero como esperaba hace tiempo esa oportunidad la aceptó de cualquier manera. Hablamos. Me ofreció ser su ayudante de campo y le dije: ´No puedo salir de Chile porque ya dirigí seis encuentro con San Luis de Quillota´. Y lo entendió.