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José María Gatica, el héroe de la monada

La muerte de Edgardo Nieva, el actor que lo personificó nos linkéo al recuerdo de aquel púgil que vivió la gloria y el ocaso y que murió tristemente bajo las ruedas de un colectivo

Su sola presencia dividía los ánimos del Luna Park. Se estaba con él o no. Para lo del gallinero era el Héroe popular, el ídolo que iba al frente, el tipo que los representaba, en ese berretín de dar y recibir.

La bandera idolotrada frente a los oligarcas del ringside, esos que veían en él a un sapo peronista difícil de tragar. Una metáfora viviente de la antinomia entre peronistas y antiperonistas en sus célebres duelos con Alfredo Prada (fueron seis) en que las tribunas politizaban el ambiente.

Mientras las populares alentaban a Gatica, los plateístas a Prada. Al decir de John Lennon alguna vez, los de asientos más baratos, los que aplaudían, lo llamaban Tigre. El resto, los que hacían sonar las alhajas, el Mono. Sin que muchos lo supieran, Prada también era peronista y cuando se retiró del boxeo abrió un restaurante y le dio trabajo a su ex rival, sumido en el más absoluto de los ocasos.

Dos potencias se saludan" la frase que Gatica le dijo al presidente Perón en una de sus veladas en el Luna Park.

El mercedino saltarín

Fue uno de los símbolos boxísticos del siglo 20.  Estaba acostumbrado a los avatares desde chico. En sus años de purrete debía ir a pelear el mango como lustrabotas en sucios bancos de Plaza de Constitución. Un día alguien lo descubrió en una riña callejera y quedó sorprendido por la agresividad de sus golpes. Todo fue dándose de a poco. El 7 de diciembre de 1945 debutó como profesional ante un tal Leopoldo Mayorano. Un solo golpe bastó para que el incipiente Mono lograra un nocaut, uno de los tantos que lo convirtieron en un favorito  de los que amaban las peleas sangrientas. Osvaldo Soriano lo describía así: “Había sufrido la violencia desde su nacimiento, en Villa Mercedes, San Luis, el 25 de Mayo de 1925. A los siete años llegó a Buenos Aires en un tren de carga, con su madre y un hermano mayor.

El Tigre mercedino en la tapa de la revista El Gráfico.

A los diez había ganado un lugar en Plaza Constitución, donde lustró miles de zapatos. De rodillas, miraba desde abajo la cara de la gente, pero hasta ese privilegio tuvo que defender a golpes frente a competidores tan desesperados como él. Un peluquero que vivía por allí lo vio pelear varias veces y quedó impresionado por su agresividad. Era Lázaro Koczi, un hombre relacionado con el boxeo profesional. Pronto le propuso cambiar de oficio.

The Sailor’s Home era la casa de la misión inglesa para marineros. Estaba en Paseo Colón y San Juan, un barrio con tradición de compadritos. Allí paraban los hombres que habían perdido sus barcos en los extravíos de una borrachera, los desertores, los enfermos, los malandras sin cuchillo. Todo se resolvía a puñetazos. Un hombre de agallas podía ganarse allí veinte pesos si era capaz de vencer en tres rounds al marinero más fuerte”.

En una exhibición e Catch contra Martín Karadagian. Allí se fracturó la cadera y sufrió una discapacidad.

Algunos manifiestan que Prada usó al Mono para exaltar la beneficencia. Algo que también se le recriminó a Martín Karadagián, un empresario del espectáculo que había montado una troupe de luchadores. Allí en una pelea entre ambos, Gatica cayó mal a la lona, sufrió fractura de cadera, la cual le provocó una discapacidad hasta el último día de su vida.

El 10 de noviembre de 1963, cayó bajo las ruedas de un colectivo a la salida de la cancha de Independiente, en donde se ganaba la vida vendiendo muñequitos. Perdió el equilibrio al tratar de subirse al estribo del bondi, y fue arrollado por el mismo vehículo. Tirado en la calle Herrera, de Avellaneda, manchado de sangre, con los ojos abiertos puestos en otro vendedor de muñecos, repitió: «No me dejés solo, hermano; levantáme, no quiero morir tirado». Es que Gatica, el Tigre, no podía darse darse el lujo de morir por nocaut.

El día que el Babilonia se llenó para verlo

El 3 de abril de 1948, José María Gatica se presentó en Mendoza para pelear a 10 vueltas en el mítico estadio Babilonia de San Juan al 731. El combate era la ocasión ideal para que los mendocinos vieran en acción a ese prominente campeón sin corona, que pese a ese detalle iba amasando fortuna y fama, a la luz de frontales combates.  

El contendiente de reparto se llamaba Livio Sosa, un bahiense que traía como antecedente principal el haberle aguantado varios rounds al Zurdo Eduardo Lausse.

Las diferencias entre Gatica y Sosa estaban dadas de un comienzo. El diario los Andes del primero de abril comentaba textualmente que mientras Livio Sosa había arribado a la provincia en el tren Aconcagua, José María Gatica lo haría por la vía aérea.

El afiche de la pelea que José María Gatica sostuvo en Mendoza ante Livio Sosa.

También se verían en el ring tales diferencias y el combate resultaría un bluff. El bahiense según cuentan las crónicas de la época “trataba de mantener alejado a Gatica de la primera vuelta,  pero bastó que este acortara distancias para meter una violenta derecha en la cara de Sosa, haciéndolo retroceder y cubrirse”. Estaba todo dicho, de ahí en más, el Mono golpeó a voluntad con izquierdas y derechas que no ofrecían réplicas de su rival. En el tercero, Livio besó la lona, pero se reincorporó con dificultad. En el sexto round todo culminó cuando Gatica aplicó primero una izquierda que dio en el plexo solar y tumbó el bahiense. Tras levantarse, el Mono culminó el asunto con un cross en el mentón. Cuenta y nocaut del Mono en el célebre Babilonia.

Así lo recordaba Edgardo Nieva

-¿Monito? ¡Monito, las pelotas!, dice el actor Edgardo Nieva en el personaje fílmico del paradigmático boxeador que escribió Favio para su Gatica, El Mono.

Años después Nieva, que falleció a los 69 años (ver páginas de Platea), recordó detalles de “su” Gatica.

“Yo no era un tipo conocido, no me daba el cartel, pero fui quien tuvo la idea de hacer Gatica”, contó el actor hace años en una entrevista”, manifestaba.

“Fui quien tuvo la idea de hacer Gatica. En realidad, me la sugirió mi papá”, confesó el actor. En ese momento “no conocía a nadie en ese ambiente”, así que decidió ir a la Asociación de Actores para que le recomendaran un guionista con quien trabajar. “Y me dijeron algunos, entre ellos Zuhair Jury, el hermano de Favio. Me contacté con él, le conté mi sueño y le dije que lo quería contratar para escribir el guión”, recordó.

Nieva contó que Favio aceptó formar parte del proyecto porque “no sólo admiraba a Gatica sino que también era peronista”. “Me recomendó que ganara tiempo y aprendiera a boxear porque él iba a tardar un año”, afirmó.

“Gatica, el Mono” se estrenó en 1993 y cuenta de forma detallada la vida de José María Gatica, boxeador e ídolo popular. Gatica peleó desde 1945 hasta que la dictadura que derrocó a Perón le sacó la licencia para boxear. La estrella pugilística murió atropellado por un colectivo en 1963. “Gatica era el Maradona de los '50. En este tiempo, él estaría con el pueblo y los trabajadores”, dijo Nieva.

Edgardo Nieva, quien falleció ayer en su inolvidable interpretación en la película de Leonardo Favio. "Gatica el Mono".

El actor también contó que escribió un libro llamado “Cómo y por qué llegué a ser José María Gatica". “Pero nunca lo publiqué. Me vinieron a buscar de varias editoriales pero no quise publicarlo porque me parece que son cosas que pertenecen al mundo del cine, y sería yo un desagradecido si cuento puntos flojos de Favio. Le estaré eternamente agradecido porque fue el primer tipo que confió en mí en el cine”, aseguró.

Nieva confesó que para caracterizar al Tigre mercedino Favio le pidió ‘un pequeño sacrificio quirúrgico’. Y así le rasgaron los ojos, me ensancharon la nariz y le cortaron los lóbulos de las orejas.

También contó que la gente lo paraba en la calle para manifestarle: "Mono, no sabe lo que me ha hecho llorar cuando vi su película". Otros me dicen que es el trabajo más grande en la historia del cine argentino. O que si hubiera ido al Oscar, hubiera ganado. Pero Favio la retiró del premio porque era un gran inseguro, y si no estaba seguro de que iba a ganar ni quería participar”.

Una vez también pudo conversar con Robert De Niro, quien había personificado a Jack Lamotta, el famoso Toro Salvaje (film  de Martin Scorsese). “Sí, hablé una vez, ayudado por una novia, porque yo hablo inglés como Tarzán. Le dije que le quería explicar quién era yo, y me dijo que ya sabía. "Vos sos Gatico", me dijo. "Yo vi tu película traducida al inglés. ¿Vos sos boxeador, no?", me preguntó. Le dije que no. Y me preguntó si había visto Toro Salvaje. Ocho veces la había visto, porque estudiamos los encuadres. Y me dijo: "La trompada que pasa más cerca de mi cara, pasa a 20 centímetros… Ustedes se mataron".