Argentina
Godoy Cruz, Mendoza, Argentina

|06/05/20 02:55 PM

El doble amputado que escaló el Aconcagua y abre su corazón a la solidaridad

Su historia de vida es una muestra de superación constante. En el 2015 sufrió un accidente y perdió las dos piernas. En el 2018 escaló el Aconcagua. Durante la cuarentena, forma parte de un programa para relevar personas en situación de calle frente a la pandemia

La historia de Pablo Giesenow vale la pena conocerla. Vivió momentos muy duros, pero también tuvo otros de superación y que son ejemplos de vida. Esos percances que atravesó le sirvieron para que hoy en día durante esta trágica situación mundial por el COVID-19 salga a las calles con un fin solidario: rescatar personas necesitadas y brindarles sus dos manos para contenerlas social y económicamente.

El cordobés tiene 42 años, es abogado (se recibió hace 16) y es Director de Protección de Derechos con Personas con Discapacidad de su Córdoba natal. Cumpliendo con esa función, lleva adelante una iniciativa para rescatar personas que se encuentran en situación de calle para llevarlas a hoteles o polideportivos distribuidos en distintos puntos de la ciudad para que estén contenidas y pasen la cuarentena como el resto de los ciudadanos.

En ese marco, Giesenow está a cargo de un lugar de residencia para 40 personas: “Se les brinda las 4 comidas diarias, atención médica y psicológica. Además de medicamentos, ropa, cortes de pelo y juguetes para los niños”, sostuvo detalladamente a El Ciudadano.

Este programa surgió desde la Municipalidad de Córdoba por una cuestión sanitaria (y también social) para que todos puedan hacer el confinamiento en lugares cerrados. Como muchos de ellos residen y trabajan en las calles la idea es que no tengan de que preocuparse a la hora de alimentarse o donde pasar la noche para evitar romper con el aislamiento social, preventivo y obligatorio.

Detrás de este hombre solidario existe una persona enérgica, constante y decidida, que disimula muy bien el esfuerzo que le significa superar sus limitaciones físicas. Hace cinco años Giesenow sufrió un trágico accidente. Fue un cimbronazo para su vida. Hasta el 22 de enero de 2015, jugaba al futbol (su deporte favorito), se preparaba para correr maratones y practicaba otros deportes. Luego de ese día, todo cambió.

Su vida dio un vuelco a los 37 años cuando viajaba rumbo a la ciudad de Las Heras (Santa Cruz). Tenía como plan visitar a sus padres para festejar el cumpleaños 62 de su papá. Cuando se encontraba en Santa Rosa (La Pampa), su Astra descarrilló a 80 km por hora. Tenía el cinturón puesto y no iba dormido.

No obstante, por las malas condiciones del pavimento, su coche pisa un charco de agua (estaba lloviendo), pierde tracción sobre la Ruta 35 y empieza hacer trompos que terminan impactando sobre el guardarraíl del sentido contrario. Los fierros se desprenden y una de las puntas atraviesa el carro de lado a lado. Entra por la puerta del acompañante y les corta las piernas al instante.

Estuvo consciente durante media hora hasta que llegaron los bomberos, los médicos y la policía a salvarle la vida. Mientras estaba en shock, observa que la izquierda no la tenía y la derecha estaba aprisionada contra la guantera del coche. Inmediatamente, fue trasladado a un hospital pampeano y atendido por el médico Franco De Turris, quién se transformó con el tiempo en su amigo. El doctor fue el encargado de contarle que perdió ambas partes de su cuerpo.

Entre calmantes y anestesia, el paciente escucha semidormido: “Trajeron los miembros”. A partir de ese momento, se desmayó y cuando se despertó, se dio cuenta de que su vida cambió para siempre. Transformó esa "fatalidad" en un motivo para revitalizar su vida. Lejos de desanimarse, el incidente lo empujó para difundir un mensaje de esperanza y optimismo, bajo el lema "a fuerza de voluntad reemplaza cualquier parte del cuerpo".

Tras estar 7 meses en silla de ruedas, comienza el proceso de rehabilitación con prótesis. Con el tiempo, volvió a caminar y se propuso empezar a nadar, andar en bicicleta y a correr maratones de 3 y 5 kilómetros. Hasta llegó a participar en un duatlón, que se compone de 20 km en bici y 7 corriendo.

El accidente no fue un impedimento para que pueda escalar el Aconcagua en el 2018 junto a 12 personas. “Estuve a 5 mil metros de altura. Son varias etapas en la que te vas aclimatando. Subís y bajas. Dormís a determinada altura. Llegué hasta el departamento base “Canadá”. Podía subir más, sin ningún inconveniente. Pero en las bajadas, las prótesis me hacían palanca en la tibia y sufría muchos dolores. No quise continuar. No tenía sentido lastimarme ni pasarla mal”, remarcó.

Al final, el objetivo lo había cumplido aun sufriendo al bajar del Aconcagua porque lo hacía de costado y apoyado en los bastones. Por el sólo hecho de portar prótesis, las condiciones climáticas no lo favorecían porque en caso de una tormenta debía descender rápido y su estado no se lo permitía. Por ese motivo, decidió no subir más de los 5 mil metros y dejar a sus compañeros del grupo que sigan su marcha. “No quería quitarle guía al grupo para que me ayude. Lo más sencillo para todos, con dolor y todo, fue que no continúe. Dos se bajaron conmigo a esa altura. Y otros dos llegaron a lo más alto, pudieron hacer cumbre el 3 de marzo. Fueron el conductor televisivo, Julián Weich, y el capitán de los Espartanos del equipo de Rugby del Penal de San Martin, Ezequiel Baraja”, recalcó.

El grupo de personas que subió al cerro lo armó el Abogado argentino que reside en Los Ángeles (EEUU), Matías Gutiérrez Moyano. La iniciativa se llamó Summit Aconcagua. Y contó con el apoyo de la Fundación Lionel Messi. Todos los integrantes tenían una característica en común: a través del deporte superaron distintas adversidades. Por ejemplo, la campeona mundial de natación María del Pilar Pereyra que padeció lumbociatalgia, Fabricio Oberto que sufrió un problema cardiaco jugando en la NBA, Santiago Lange, medalla de Oro en Vela en los JJOO de Rio 2016, Paula Paretto campeona de Judo en Rio de Janeiro, Silvio Velo, capitán de Los Murciélagos, ciego de nacimiento y Elisa Forti, de 80 años que corre Maratón y hace carreras de montaña. Además, se sumó Fernando Marino, ex combatiente de Malvinas.

“Era un grupo bastante lindo e interesante. Desayunábamos juntos para compartir nuestras historias de vida y de superación. Se armó una gran familia. Se propuso, como idea llevar la bandera de los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018 a la cumbre. Y se logró depositar en la cima del Aconcagua”, destacó el abogado.

Geinsenow se preparó un mes y medio antes de escalar la montaña. Hubo un cambio en los planes de su entrenamiento. Reforzó su rutina subiendo y bajando escaleras con tres horas diarias en las escalinatas del Parque Sarmiento, en Córdoba, aprovechando la pendiente y los escalones. “Aprendí a no tener límites cuando uno se propone algo. Antes del accidente ni se me ocurría subirme a una montaña. Luego, entendí que esos límites que nos ponemos están más en nuestra imaginación que en la realidad. Y que con preparación, enfoque, mentalidad positiva y fuerza de voluntad, el objetivo llega. La experiencia fue 100 por ciento positiva”, describió.

El cordobés tiene como bandera de vida el positivismo. Habla pausado pero seguro. Se muestra orgulloso de haber logrado el objetivo, y remarca que fue difícil pero no imposible llegar tan lejos. Nunca, en sus 10 días de travesía, vio algo negativo para evitar subir el Aconcagua. Más allá de las noches en soledad, de dormir solo en una carpa con mucho viento, con 30 grados bajo cero y sin baños, su cabeza siempre se imaginaba subiendo e intentando llegar a la cima. “Feliz de haberlo hecho. Lo volvería hacer sin dudas”, repite en varios fragmentos de la charla.

El doctor esta en pareja con Angelina hace cuatro años. Tiene dos hijos: Máximo (18) y Delfina (14). “Ellos nunca intentaron disuadirme de la idea, aunque sabían el riesgo que corría, porque no tenía ese tipo de experiencia. Tenían temor porque me iba a escalar el Aconcagua. Entendían que estaba bien preparado en lo físico y mental. No tuve ningún reparo por parte de mi familia. Estuvieron siempre acompañándome”, describe al recordar los instantes previos antes de partir hacia la aventura. Es más, recuerda un momento muy lindo que pasó durante su estadía en el cerro. Recibió una carta de sus seres queridos que lo llenaron de emoción y energía, que lo empujaron a seguir en un momento que flaqueaba con abandonar todo.

“En la montaña tenía un solo juego de prótesis. Por la noche me las sacaba. Quedaban a un costado. Trataba de mantenerlas limpias y en lugares seguros. No tuve problemas en ese sentido. El inconveniente era cuando emprendía una bajada. Mis pies no tienen movimientos. En otra oportunidad, con otras prótesis, hubiera sido más apropiado. Bromeaba con mis compañeros -recordó- porque tenían frio en los pies y no padecía esos percances. El manejo de las prótesis era similar al que tengo en mi departamento”, contó el hombre nacido en Viamonte, una localidad de 2 mil habitantes, situada a poco más de 350 km al sur de la capital cordobesa.

Cuando Giesenow bajó del Aconcagua pensó que era la primera y última vez. Sin embargo, con el tiempo redobló la apuesta. Y fue por más. Subió al cerro Famatina, en La Rioja, a beneficio de un colegio con chicos discapacitados. Un año después, en marzo de 2019, llevó a cabo la expedición al cerro Chapaquí, en su provincia, para promover el turismo adaptado. “Lo único que me privó el accidente fue de jugar al fútbol, el deporte que me enamoró a los 4 años. Me quitó la posibilidad de hacerlo en forma amateur y competitiva en el marco de un torneo en el cual participaba poco antes del accidente. Hoy, soy director técnico. Y en un picado con amigos, voy al arco”, comenta ya superada la situación.

Pablo no deja de reconocer que el deporte fue muy importante para que hoy pueda contar sus vivencias y recuerda el día que significó un punto de inflexión en su vida. “El deporte me salvó la vida. Porque, tras el accidente automovilístico, pierdo cuatro litros de sangre y de no haber tenido un buen estado físico, no haber fumado nunca y haber estado bien a nivel general, lo más probable es que hubiera fallecido con el impacto y por el derramamiento de sangre. Ese día, el deporte jugó un papel fundamental en mi vida y especialmente el futbol amateur, que lo practicaba continuamente”, contó.

Hoy, es un consumado triatlonista. No podrá participar en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2021, por una cuestión simple: no tuvo el dinero suficiente para bancar las pruebas de clasificación. No pudo el año pasado participar en distintos torneos (Paratriatlon) a nivel mundial. No logró viajar a Francia, España, Italia, Estados Unidos y Brasil por los costos económicos de los viajes y las estadías. Además, se le complicó dejar de lado su estudio jurídico durante esos días de competencia porque no contaba con la plata suficiente al no tener apoyo económico de un patrocinio. “Los costos lo cubría cada deportista. No solamente para viajar y mantenerse, sino para comprar la bicicleta adecuada, la ropa de competencia y la comida. Todo corría por cuenta propia. No tenía sponsor ni tampoco el interés de buscarlo. A mi edad, no quería ese compromiso tan intenso”.

“El sueño de Tokio solo fue un motor para entrenar. Se truncó para siempre el deseo de participar en unos Juegos Paralímpicos. Voy a tener 46 años para Paris 2024. No están en mis planes. Ahora me dedico a correr en diferentes puntos del país. Y a dar charlas motivacionales para mi equipo de futbol y empresa. También, en Municipios y Cooperativas. El efecto y cariño que recibo en cada lugar vale como una medalla”, reafirmó el cordobés, resignado a no poder cumplir su sueño de disputar unos juegos paralimpicos.

“En la Argentina el apoyo económico aparece recién cuando uno clasifica a los JJOO. No durante su preparación para las pruebas clasificatorias. Quizás no supe buscar los contactos necesarios. Se pone muy complicado lo que es el deporte adaptado para alguien que viene del amateurismo y no tiene ese solvento económico”, subrayó.

Si un atleta desea llegar a un Juego Paralímpico, primero debe gestionar una licencia al Comité Paralímpico Internacional a través del comité local cuyo costo es anual. Además, debe competir a nivel local para lograr marcas que le permitan ir a competir a torneos internacionales.

El deporte lo apasiona. Una vez le salvo la vida y se la viene potenciando desde siempre. Por su vocación, Giesenow recibió la distinción de Personalidad Destacada de la ciudad de Córdoba y el Senado de la Nación Argentina le entregó el Diploma de Honor en reconocimiento a su dedicación y amor al deporte. La autodisciplina, el efecto positivo sobre la autoestima y la imagen corporal y la amistad forman parte integral del deporte.