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El fútbol chileno despidió con dolor la partida del mendocino Villamil

El arquero surgido de Atlético Argentino y que fuera ídolo en Deportes Concepción de Chile falleció el sábado pasado por una complicación cardíaca

El fútbol chileno quedó conmocionado tras saberse la muerte del ex arquero mendocino Servando Nicolás Villamil, a los 56 años. El Loco, como se lo apodaba, sufrió un ataque cardíaco fulminante en el hospital de Tomé, el sábado 11 de setiembre. El jugador surgido de Atlético Argentino tuvo un paso por Estudiantes de La Plata y Racing antes de llegar a la Universidad de Chile y luego el Deporties Concepción, en el que fue un ídolo.

Tras darse a conocer la noticia oficial, el Boli publicó en sus redes sociales una extensa y emotiva despedida, contando sobre los inicios y hazañas de este “loco” referente. El texto de Fernando Montaña, Director de Historia y Cultura del Club, activó la memoria de muchos que tuvieron la suerte de conocerlo.

Así era el Loco Villamil, quien tuvo la disparatada idea de pararse de espalda en un penal del rival, prometiéndole a su entrenador que lo haría en un equipo importante. Después de algunos años, lo hizo en el fútbol chileno. El tipo cumplió.

Por esta y muchas otras anécdotas, el mendocino será recordado en el fútbol del país trasandino, que también lo despidió con dolor en sus redes sociales.
El ex arquero había perdido una de sus piernas a causa de la diabetes y estaba en riesgo de tener que pasar por una nueva amputación, en su otra extremidad. Además, tenía un riñón inflamado y una descompensación general.

Nicolás Villamil estaba en pleno proceso de recuperación después de haber sufrido meses atrás una descompensación producto de su enfermedad.  Gracias a la solidaridad de los hinchas del Deportes Concepción había accedido a una prótesis y también fueron ellos quienes solventaron los costos del sepelio.  
Villamil padecía depresión y fue en ese contexto en que el argentino-chileno falleció este sábado 11 de septiembre. 

La despedida del club Académico

Vivió a full, a mil, como un loco lindo que desde pibe mostraba rasgos de una personalidad llamativa. Era el Ticho, o simplemente el Loco Villamil. El que solito se designó para el arco, por su admiración a Ugliardi, el portero loco mayor de la Academia en la que jugaba.

Servando Nicolás Villamil, era una de las perlitas de la cunita de oro académica, la que pacientemente cultivaba José Ruarte.

En los torneos Evita, en los partidos contra la Lepra o el Lobo, el Ticho imponía su personalidad junto a compañeros que lo acompañaban desde el vamos en esos desafíos y le hacían la segunda en las picudeadas de niño: el Seba Cloquell, el Daniel Mazzaressi, el Omarcito Garrafo, el Abrego, el Flaco López, Fara, Méndez, entre varios más que pueden dar fe de esto...

Pero eso sí, la picudeada es chicana vacía sino viene acompañada de buen fútbol. Y sí los pibes también admiraban por juego y por ello la Academia era la Academia de buen fútbol.

Debutó en la Primera de Atlético Argentino, pero le tocó hacerlo en un tiempo de mucha exigencia. Costaba esperar a los pibes y más en el puesto de arquero. Siempre le traían otros números Uno.

Se fue a Estudiantes de La Plata y volvió al club de San José en donde parecía que al fin iba a consolidarse como titular, pero...

Sobrevino el famoso año del plantel de Racing jugando para Argentino y no tuvo continuidad. No obstante, el equipo de Avellaneda se lo llevó como suplente de Pogany.

Partió a Chile y en el Deportes Concepción encontró su lugar en el mundo. Fue ídolo y se convirtió en uno de los mejores extranjeros que pisó el fútbol trasandino. Antes había pasado por la Universidad de Chile, uno de los equipos más populares de Sudamérica, en donde fue campeón.

Un día dejó de jugar, pero mantuvo la furia de vivir. Como cuando jugaba, con la intensidad de los noventa reglamentarios en el que hay que salir a cortar centros, jugarse la vida en cada pelota y sacar rápido para sorprender a un rival. Pero el partido de la vida ya no era de once contra once. El arco era más grande y mucho más desconocido que aquel rectángulo de postes que fue su aliado y dominó desde niño a la perfección con la uno en la espalda…

No estaba bien de salud y hace años había sufrido la amputación de una pierna…

Servando, el Ticho para los mendocinos, el Loco o Nicolás para los chilenos, falleció a los 56 años. Hasta la Victoria Siempre, arquerazo...

La espalda ancha

“Una vez en inferiores, el entrañable José Ruarte dirigía al equipo en un partido de novena y casi se muere de susto cuando vio a su arquero en la situación de un penal en contra...

Servando Villamil se puso de espaldas contra su propio arco y se había agachado para observar por entre sus piernas a quien iba a rematar el penal. Cuando llegó la pelota, el Loco se dio vuelta y atajó el envío desde los doce pasos.

¡¡¡Nooo, Villamil, qué hace ¿es loco usted?!!!, le gritó el calvo técnico desde el banco al irreverente arquerito.

-Profe, no se asuste. Le prometo que un día lo voy a hacer en un partido importante, acuérdese, largó Villamil, acalorado por el reto, pero excitado por su travesura.

A comienzos de los años noventa, Ruarte escuchaba por la radio en su casa de Neuquén la transmisión de un partido entre Deportes Concepción y la Unión Española.

En la voz de un relator chileno, escuchó como el arquero, el tal Villamil, se predisponía a atajar un penal de espaldas, que increíblemente atajó…
En el campo de juego del Santa Laura, el Loco levantó la pelota hacia el cielo. Había cumplido su promesa.

En su casa, el viejo entrenador se sirvió de su botella de whisky y alzó la copa por la proeza de su hijo futbolístico.

-Gracias, dijo y bebió”