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A 57 años de la trágica muerte de aquel joven sonriente

El 1 de abril de 1964 fallecía Alejandro Lavorante. El escritor Rolando López es el autor de “El Boxeador que sonreía demasiado”, biografía del púgil mendocino que fue víctima del deshumanizante mundo del deporte de los puños

“Ahí es la tumba de Lavorante”, decía mi vieja cuando íbamos al Cementerio de la Capital cada 1 de noviembre o aniversario del fallecimiento de la abuela Joaquina. 

Cabe decir que la de mi nona estaba casi pegada a del célebre difunto. El más famoso de ese pabellón en el Cementerio de la Capital.

Diría que cada vez que iba al camposanto y luego de rezarle algún que otro padre nuestro a mi abuela Andaluza, me gustaba observar un largo rato la tumba del Lavo. Su foto sonriente sobre una lápida negra, con un mensaje afectuoso de su mamá.

Gracias a mi vieja, tuve el primer acceso a la conmovedora y trágica historia del boxeador Alejandro Tomás Lavorante quien murió el 1 de abril de 1964. 

Otro de esos tantos niños que creció con la leyenda de Alejandro es Rolando López. Periodista y escritor, el Roli narra en un relato y atrapante y vibrante la breve existencia del púgil que murió a la misma edad que las estrellas de rock: a los 27 años.

Se llama “El boxeador que sonreía demasiado” y es una novela biográfica muy detallada; desde su nacimiento hasta su triste final. 

Desde su casa en Guaymallén, Rolando López, repasa para El Ciudadano detalles de esta significativa obra que visibiliza a ese púgil que murió trágicamente por la impericia de un deshumanizado negocio del boxeo a mediados de los años 60.

-Olvidate por unos segundos que sos el autor. ¿Recomendarías “El Boxeador que sonreía demasiado”?

-Claro que sí. Cuando pensás en el lector, pensás en vos mismo también. Lo leería con gusto. Personalmente me interesan los temas en donde ronda una desgracia con situaciones concretas, no es una desgracia que aparece sin avisar. Y acá es desmenuzar y explicar porque Alejandro Lavorante termina como termina. Eso requiere una investigación periodística, más que literatura propiamente dicha. Por ello no dudo en recomendarla. 

-Pero contado en ritmo literario.

-Sí, es una novela biografiada o biografía novelada, como suelo decir. Los que hacemos periodismo escrito, leemos otras cosas, no solo diarios o revistas porque estamos muy involucrados con la literatura, en agarrar elementos de la literatura y tomarlos. En la bio deportiva está el tema de la pasión, el ejercicio es alejarse un poco del personaje, sacarle la admiración y desnudarlo en toda su dimensión.

- ¿Te pasó con Lavorante?

-Se trataba de un pobre chico, pensé que estaba alentado por cierto romanticismo del perdedor, fue un perdedor inducido. Luego de leer y hablar con familiares saqué un poco su personalidad. Porque en el libro Lavorante habla poco. Está más descripto que lo que surge a la luz de sus palabras. 

Empaticé con él, porque era un chabón buena onda, como cualquiera. Nunca se la creyó ni en el mejor momento de su carrera. Era humilde y a su vez inteligente; quería ser campeón del mundo y ahí estuvo su error, querer serlo a cualquier precio. Y estar solo tan chico, se fue con pocos años al Exterior, luego de haber vivido su infancia y adolescencia con su papá y su mamá. Hoy es complicado, imagínate tantos años atrás. Con 22 años llega a Venezuela.

-Citás a Pascual Pérez, quien fue el que lo llevó a Venezuela y dicho por el propio Lavorante lo dejó solo...

-Hay una bio sobre Pérez, allí no hay mención sobre Lavorante. Probablemente una biografía con algunas cosas feas podrían haberlo dejado mal parado. Pero hay cartas de Lavorante a su familia en el que cuenta que lo abandonó al mes de llegar. Lo tengo chequeado por sus propios hermanos. Escribía porque no tenía con quien hablar, pero no se quería volver a Argentina. Pascualito se borró, dicho por el propio Lavo.

-En ritmo vertiginoso describís lo deshumanizante del boxeo y como lo sufrió Lavo.

- Mientras todo se gestaba, hasta su final, él no la veía venir. Leí mucha bio, unos seiscientos diarios que me los mandaban de EEUU. Allí entendés como el periodismo lo alentaba y salvo el editor de Ring Side, las pocas advertencias sobre cómo se apresuraba su carrera.  Yo no sé de boxeo, pero googleas y te aparecen solo 25 peleas de Lavorante en dos años y medio. Para ese deporte, en esa categoría, donde una piña vale el doble de una pluma, requería un mayor lapso de descanso entre pelea y pelea. Y acá se pasó por alto.

- ¿El título del libro surgió naturalmente?

-Sí, de un tipo que sonreía demasiado, que no estaba al tanto frente a lo que se enfrentaba. Su sonrisa es casi sinónimo de ingenuidad. Era de por sí sonriente, chispeante y lo mismo a la hora de pelear. Sería como el error de reír tanto.

El comienzo del fin

Alejandro Lavorante venía de noquear en Cuba a Ray López y paradójicamente lo que podía ser el despegue de su carrera terminó siendo su ocaso. Fue duramente noqueado por el veterano, pero aun resistente Archie Moore el 30 de marzo de 1962. 

Cabe destacar que cuatro meses después (20-7) a Lavorante le tocó enfrentarse (y sufrir) a Cassius Clay, quien volvió a infligirle otra dura golpiza.

Apenas dos meses después y aun con secuelas del terrible nocaut a manos de quien sería en el futuro Muhamad Ali, lo hicieron combatir con John Riggins. 

Allí, nuevamente y hasta el final la prolífica pluma de Rolando López relata toda “la pasión” de Lavorante desde esa pelea en la que quedó inconsciente tras otro nocaut hasta su posterior traslado a Mendoza, en el que finalmente murió en ese otoño del '64.

-En el libro, antes del fatal declive de Lavorante, hay un diálogo entre él con Benny Paret, otro púgil que falleció también como consecuencia de un combate (ante Emil Griffith). 

-Sí es un diálogo ficcionado de Lavo con Paret, ya cuando empezaba a dudar de sus condiciones. Ya no se sentía el mismo, ya no reía tanto. Luego del combate con Moore tenían que presentar por ley dos estudios sobre su estado cerebral y eso fue omitido. Presentaron solo uno, algo que menciono en el libro, aunque no tenía documentación.

El diálogo con Paret no es casual. Para el negocio del boxeo, no se podían morir dos púgiles en tan poco tiempo por eso le ponen toda la plata para recuperarlo. Había una movida en EE.UU de prohibir el profesionalismo y hacerlo amateur para evitar la mafia de las apuestas, pero ya era demasiado tarde. Igual no era lo mismo morir allá que en la Argentina.

-La familia de Lavorante te ayudó mucho a construir esta biografía

-Sí ellos y el periodista León Balter. Ellos me facilitaron mucho material. Para la familia era un acto de justicia a un boxeador que no ocupaba el lugar que merecía, no solo en el boxeo argentino, sino de Mendoza. La mayoría de la gente no lo conocía, salvo los especialistas. 

Al decir de la familia del púgil nacido en Godoy Cruz, este laburo de Rolando López hace justicia con la memoria de aquel joven sonriente, con pinta de galán de cine, ese cordero atado que quiso ser campeón mundial en ese contexto de Lobos sueltos: Alejandro Lavorante.