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Los juegos del K-lamar

El autor presenta un análisis sobre el escenario político y económico nacional. "Entrar al supermercado es casi como adentrarnos en un campo de batalla", asegura.

El mismo día de las PASO, el presidente Alberto Fernández reflexionó que “algo no habrían hecho bien” para que los resultados le fueran tan adversos. 

La lista de esos ‘algos' es tan larga que sería más fácil decirle lo qué sí hicieron bien, el problema es que esa, de tan corta, sería casi inexistente.

Desesperado ante esos resultados, el Gobierno nacional decidió desempolvar el clásico manual kirchnerista. Ante cada problema, un enemigo. Jamás una solución.

Hay algo que no podemos negarle, saben imprimirle emoción a la vida de los argentinos y hoy, entrar al supermercado es casi como adentrarnos en un campo de batalla, donde todos corremos para ver qué podemos comprar antes de que aumente.

Convirtieron a nuestro país en Los juegos del hambre, literalmente.

En un claro camino hacia la Argenzuela que añoran, donde los comandantes de turno envían grupos de tareas a mirar fijamente las góndolas para que los precios no se muevan, nos enseñan a combinar varios juegos de nuestra infancia. La estatua de hielo (mientras te miro no te movés) y el Estanciero, con la diferencia de que al final del juego esos billetes de colores siguen teniendo el mismo valor de compra, mientras que los nuestros, ese millón de billetes de $1.000 que se emiten todos los días, cada vez son más y sirven menos.

Para colmo, ahora pretenden que intendentes y gobernadores tengan el poder de policía para allanar, vigilar y hasta secuestrar elementos de las industrias y los comercios.

O sea, quieren crear una especie de grupos de tareas paramilitares (o paramunicipales) de los precios y volver cómplices a los gobernantes de todo el país. ¡Argenzuela potencia!

¿Se irán a poner algunos intendentes kirchneristas el chaleco flúor y la gorra para salir a clausurar a los mismos locales a los que ya obligaron a cerrar por capricho durante la cuarentena eterna, cuando en el resto de la provincia ya estaban trabajando? 

No vengan con el cuento de que quieren cuidar a la gente de la maldad de la imaginaria “Corpo”. 

Ante cada inconveniente, un enemigo. Ante cada contrariedad, esa retórica inflamada de nacionalismo ficticio, más cercano al nacional socialismo de la década del 30’ o al chavismo venezolano de hoy que, al patriotismo sanmartiniano, donde hasta el doble discurso perdió cohesión y sincronía. Coherencia nunca tuvo.

No bajan la inflación ni les interesa, sólo comprar unos 'votitos', paradójicamente, con nuestra propia 'platita'.

Increíblemente fue uno de los suyos y un fiel soldado de CFK quien definió a la perfección lo que sucede en un país agotado de tanto verso, y lo hizo públicamente en un cruce tuitero con Aníbal Fernández.

“Si mis matemáticas no me fallan el 12 de septiembre hubo 16.323.291 argentinos que no aprobaron nuestra gestión. ¿Fui claro o le hago un dibujito?”, le preguntó Sergio Berni a 'La Morsa'. 

Porque el manual K es dogma puro. Ante cada problema, un enemigo. Y si no se puede apelar a uno externo porque nos van a dar una paliza, crearemos uno adentro para que sea culpable de todos nuestros males.

No usen más ese agotado y vetusto dogmatismo fanático. ¡Necesitamos pragmatismo social! Muchachos, no se alejen de la gente. 

 

Adrián Reche, abogado.

Diputado provincial por la UCR

 

Las expresiones vertidas en este artículo de opinión corresponden al autor y, de ninguna manera, forman parte de la línea editorial de El Ciudadano.