|27/12/20 08:04 PM

El peso argentino es una papa caliente

Si la moneda nacional no perdiera valor en forma permanente el panorama sería otro más alentador

Pasadas las fiestas, época donde la demanda de pesos crece siempre debido a un aumento del consumo, uno de los grandes temas nacionales volverá a ser la crisis económica que ahora parece estar en un estado de amesetamiento. Cepos mediante del Gobierno Nacional para evitar una nueva caída del valor de la moneda local respecto a otras estables como el dólar.

Lo cierto es que en los primeros meses de 2021 quien tenga pesos para ahorrar tratará de desprenderse de ellos ante el temor de una posible devaluación, ya sea refugiándose en la moneda estadounidense o en otra que bien podría ser el peso chileno.

Ante ese escenario, el economista mendocino Alejandro Trapé reconoce que "cientos de veces hemos escuchado decir que los argentinos estamos obsesionados con el dólar. Que es una conducta irracional y que en otros países eso no pasa. La tercera afirmación es cierta, pero a mi juicio las dos primeras son falsas. Por lo menos les quitaría las palabras obsesión e irracional: los argentinos no somos más obsesivos ni  menos racionales que los chilenos, uruguayos o colombianos".

Esta conducta de los argentinos que alude "tiene una explicación bastante sencilla desde el punto de vista económico y entenderla es el paso inicial ineludible para desactivarla con éxito. No entenderla implica seguir apuntando mal y, no sólo no desactivarla, sino profundizarla".

Para el Director del Centro de Investigaciones y Vinculación Económica (CIVE) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNCUYO, la explicación del problema tiene tres patas, que al relacionarse dan lugar "a la obsesión. Permítame usar la palabra aunque no creo que sea apropiada y la hacen crecer".

La primera pata "se refiere a nuestra moneda. Los argentinos no queremos tenerla encima porque pierde valor. En cuanto la recibimos tratamos de entregarla para que la tenga otro, es como una papa caliente. No la queremos tener encima para gastar y menos aún para ahorrar. Si no perdiera valor, esto sería diferente, como sucede en otros países. No es emocional, es una conducta muy racional que busca que lo que tenemos y hemos ganado con nuestro trabajo no pierda su valor y sirva para satisfacer nuestras necesidades".

La segunda pata se refiere al dólar: "El dólar es la moneda de circulación mundial, aceptada en todas partes. Ya sea en forma directa o cambiándola por la moneda local sin perder en ese cambio. Por eso es una moneda muy accesible para obtenerla en todas partes ya que podemos comprarla en cualquier país y también para venderla cuando lo necesitamos ya que se puede venderla en cualquier país a cambio de la moneda local. Esta liquidez la transforma en un activo accesible, cómodo y atractivo. Con otras monedas extranjeras no sucede lo mismo. Trate de comprar yens, yuans, euros, colones, entre otras", desafía.

La tercera pata "se refiere a nuestro sistema financiero, del cual desconfiamos en base a los episodios de quitas, cambios, incautaciones y licuaciones que hemos sufrido en los últimos 50 años. Por eso un activo simple y accesible como un plazo fijo debe ofrecernos una tasa de interés muy alta para tentarnos. Y a veces ni así...", reflexiona.

Si reunimos las tres patas entonces comprendemos el problema enunciado por Trapé: "Los argentinos no queremos tener encima nuestra moneda, no confiamos en colocarla en los bancos y buscamos posicionarnos en otro activo accesible y muy líquido como el dólar". 

"Por eso para desactivar esta obsesión hay que actuar sobre sus causas no sobre sus efectos. Sin duda frenar la inflación es el remedio, porque con eso el peso no perderá  su valor diariamente y no nos desesperaremos por gastarlo ni por ahorrar en otro activo.  Le quitamos el sustento y la razón de ser a la conducta. En cambio, actuar sobre sus efectos colocando cepos a la compra de dólares no resuelve nada, porque los argentinos, tarde o temprano  buscarán conseguirlos como sea. Ya se en forma directa o en activos que repliquen su valor. Llinkeados a dólar", manifiesta.

Pero atención que en este punto el economista anima a pensar: "Esta explicación sencilla del problema no quiere decir que la solución lo sea. No basta aplacar la inflación sino que también debe actuarse sobre las expectativas de inflación, lo cual lleva más tiempo, credibilidad y paciencia. Cuando tengamos un gobierno que reúna estas tres condiciones, estaremos en condiciones de avanzar por ese camino. Mientras, seguiremos usando parches", se queja.

"Ojalá alguna vez nuestros políticos comprendan el fondo de la cuestión: no es que los argentinos queremos tener dólares, lo que sucede es que no queremos tener pesos", remarca.