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Una estrella de Hollywood en el cielo de Mendoza

El 12 de octubre de 1935 Clark Gable estuvo en nuestra provincia, apenas media hora, pero su presencia nunca fue olvidada por las damas que pudieron disfrutar de la rutilante visita

Por Redacción

De todos los grandes personajes que visitaron la provincia de Mendoza, fue uno –en especial– quien causó conmoción. No era presidente, ni rey, ni músico, ni político, solo un actor estadounidense llamado Clark Gable quien, en octubre de 1935, arribó en avión desde Santiago de Chile al aeropuerto local.

Por aquel tiempo, Gable era una de las estrellas más cotizadas de Hollywood y hacía unos meses que había sido galardonado con un Oscar a ‘Mejor actor’ por haber interpretado la película Sucedió aquella noche, filme que arrasó con varios premios otorgados por la academia en su séptima edición.

 

Un actor desgraciado

Se llamaba William Clark Gable y nació en Cádiz, Ohio, Estados Unidos, el 1 de febrero de 1901. Hijo de Adeline Hershelman –quien falleció cuando el futuro actor tenía solo siete meses de vida– y de William Henry Gable, un obrero de una compañía de petróleo. A los 16 años dejó el colegio y se fue a trabajar a una fábrica para finalmente tomar la decisión de ser actor.

Inició su carrera en el teatro y luego, por recomendaciones, debutó a mediados de los años 20 en pequeños papeles cinematográficos como La frivolidad de una dama (1924) o La viuda alegre (1925). No contento con esos papeles, volvió al teatro en Broadway (New York), en donde fue redescubierto por Lionel Barrymore, quien lo invitó a retornar a la meca del cine y allí fue contratado por Irving Thalberg, de la Metro Goldwyn Meyer.

En la Metro debutó en 1931 con un personaje secundario en El desierto pintado. Así inició una carrera de éxitos y se puede afirmar que la década de los años 30 fue la etapa de mayor gloria cinematográfica para Gable.

Tras ganar un Oscar con Sucedió aquella noche en 1935, el galán volvió a ser nominado a la estatuilla dorada por Rebelión a bordo (1935) y por Lo que el viento se llevó (1939), una de sus más memorables actuaciones haciendo el papel de Rhett Butler.

 

El actor ganó un Oscar con 'Sucedió aquella noche' en 1935.

 

En ese año se casó con Carole Lombard, quien murió el 16 de febrero de 1942 en un accidente aéreo, suceso fatal que provocó que el actor entrara en una gran depresión.

Recuperado de este duro golpe, se alistó en el Cuerpo Aéreo del Ejército de los Estados Unidos y fue trasladado al frente europeo con el grado de oficial.

Finalizada la segunda Guerra Mundial, volvió a filmar varias películas, entre las que se encuentran Mogambo (1953), Cita en Hong Kong y Vidas rebeldes (1961), su último filme.

El actor falleció repentinamente de un paro cardíaco en Hollywood, California, Estados Unidos, el 16 de noviembre de 1960. Sus restos están sepultados junto a los de su esposa Carole en cementerio Forest Lawn Memorial Park, en Los Angeles.

 

Su llegada a Mendoza

Se suponía que el astro de la pantalla grande estaría en nuestra ciudad apenas unos minutos del 11 de octubre de 1935. Así lo habían anunciado los diarios locales, pero su vuelo se suspendió por razones climáticas. Igual, miles de personas acudieron a la base aérea para esperarlo. Pero después se anunció que el galán norteamericano llegaría al día siguiente y las fans recobraron su entusiasmo para poder ver en carne y hueso a su actor favorito.

En la mañana del 12 de octubre, más de mil quinientas personas se reunieron en el campo de aviación. Las chicas mendocinas estaban allí, firmes, esperando a su ídolo para agasajarlo.

A media mañana, desde la base aérea se informó que el vuelo en el que viajaba la estrella de Hollywood se canceló por mal tiempo en la cordillera. La noticia causó especial desconsuelo entre la concurrencia femenina que, sin embargo, tenía la esperanza de que el galán llegara a Mendoza.

Gran parte del público regresó a sus hogares, mientras que los más comprometidos se quedaron a la espera de que un milagro pudiera producirse. Y eso ocurrió.

 

Sucedió el milagro

Desde la pequeña torre de control se anunció que el avión en que viajaba Clark Gable, que había despegado de Chile y llegaría a Mendoza en una hora. Los pocos que estaban en el interior de la aeroestación se alegraron de la buena noticia. En tanto, en la ciudad, el rumor de la llegada del actor corrió como un rayo. Inmediatamente, cientos de autos volvieron al campo de aviación, donde se congregaron más de dos mil personas, las que se ubicaron en el predio.

La multitud se entusiasmó cuando el avión tocó tierra y sus fans invadieron parte de la pista, que era protegida por un cordón de soldados de la base aérea que impidieron que la gente se acercara al aparato.

Y allí estaba él, ubicado en la última de las ventanillas, en la que se distinguió súbitamente la cara del popular sex symbol.

Cuando la estrella de Hollywood apareció junto a la escalerilla del avión, la euforia se hizo sentir en el público. El visitante sonrió y agradeció con sus gestos el afectuoso recibimiento.

Pero, de repente, en una avalancha señoras y jovencitas se precipitaron a su encuentro. A pesar de la custodia de varios soldados no se pudo evitar el desborde femenino: las mujeres presionaban por estrechar sus manos, por entregarle flores y por estar cerca de su ídolo.

 

Mujeres al borde de la locura

Acosado por la multitud, Gable continuó hasta el buffet del aeropuerto, en donde se podía sentir la euforia de cientos de admiradoras que se filtraron por el interior de las salas de espera.

El actor fue llevado a un cómodo lugar y se sentó en un sofá, donde fue fotografiado por la prensa mendocina.

Gentilmente, el recordado protagonista de Lo que el viento se llevó firmó autógrafos a una cantidad infinita de mujeres que le acercaban postales, tarjetas, servilletas, libros de poesías, carteras y pañuelos de mano.

Después de satisfacer a sus admiradoras tuvo palabras para la prensa, ya que contestó algunas preguntas hechas por los periodistas sobre sus nuevos proyectos. Entre otras respuestas, también elogió a las mujeres latinoamericanas por su belleza.

 

Apenas treinta minutos

Luego se dio por terminada la conferencia y minutos después regresó hacia el avión que lo transportaría hacia Buenos Aires. Una vez más, Gable emprendió su marcha hacia la pista como un vía crucis.

Cuando comenzaron a ponerse en funcionamiento los motores, el astro saludó desde la ventanilla y agitó su mano en despedida. Todo este tumulto duró apenas media hora, pero ninguna de las damas y adolescente de aquel tiempo pudo olvidar la visita de uno de los íconos de Hollywood.