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Instrucciones secretas para el General San Martín

Aunque se ha dicho siempre que el Libertador ideó el plan para liberar a Chile, la realidad indica que solo cumplió con gran maestría las directivas que le llegaron de Buenos Aires

Era una calurosa tarde del 30 de diciembre de 1816 en la ciudad de Mendoza y la mayoría de sus habitantes dormía la tradicional siesta. Las calles estaban desiertas, pero por el camino principal se sentía el sonido de los cascos de un caballo que venía al galope, dejando tras de sí una intensa polvareda. El jinete llegó al edificio del correo, que se ubicaba a un costado de la Plaza Mayor –hoy Pedro del Castillo– y bajó apresuradamente dirigiéndose a esa dependencia con un par de valijas de vaquetas de cuero.

El joven se hizo anunciar al administrador don Juan de la Cruz Vargas: traía un correo extraordinario de parte del gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata dirigido al flamante capitán general José de San Martín. Eran varios sobres y todos decían “de carácter reservadísimo”.

El administrador Vargas era uno de los grandes amigos del jefe del entonces Ejército de los Andes y se encargó de llevar la correspondencia personalmente al campo de instrucción situado a unos kilómetros al Norte de la entonces pequeña aldea mendocina.

Como era una documentación de gran importancia, el funcionario enfiló por la calle de la Cañada en dirección a donde estaban acantonadas gran parte de las tropas.

 

Correspondencia reservada

Al llegar Vargas al campamento los integrantes de la guardia lo hicieron pasar de inmediato al despacho en el que el vencedor de San Lorenzo esperaba a su amigo, quien después de saludarlo le entregó en mano los misteriosos sobres. Luego, el funcionario volvió a la ciudad.

El General San Martín abrió los frondosos sobres que contenían las instrucciones reservadísimas que su amigo y director Supremo Juan Martín de Pueyrredón le enviaba para concretar la campaña hacia el país trasandino.

El título “Instrucciones Reservadas que deberá observar el Capitán General don José de San Martín en las operaciones de la campaña destinada a la reconquista de Chile” daba inicio al desarrollo de la documentación.

En esos papeles se detallaban tres importantes temas: el referido a la guerra tenía nueve fojas y se describía en unos 32 artículos; seguidamente se encontraba el tema sobre política y gobernabilidad, contenido en cinco fojas de 15 artículos, y por último el de hacienda, con tres fojas y un articulado de 12 puntos que explicaban cada una de las acciones a seguir.

En el artículo primero, en el tema referido a la guerra el director Supremo instruía al General San Martín sobre lo siguiente: “La consolidación de la independencia de la América de los reyes de España, sus sucesores y metrópoli y la gloria a que aspiran en esta grande (sic) obra las Provincias Unidas del Sur, son los únicos móviles a que debe atribuirse el impulso de la campaña. Esta idea la manifestará el general ampliamente en sus proclamas, la difundirá por medio de sus confidentes en todos los pueblos y la propagará de todos modos. El ejército irá impresionado de los mismos principios. Se celará no se divulgue en él ninguna especie que indique saqueos, opresión, ni la menor idea de conquista, o que se intenta conservar la posesión del país auxiliado”.

El segundo era un tema interesante, ya que solicitaba que “para seguridad de los pertrechos de guerra, víveres y demás artículos que se depositen en los almacenes de reserva y, para establecer un camino o línea permanente de comunicación con la provincia de Mendoza, después de haber cruzado los Andes, construirá una fortificación de campaña en el pueblo, caserío o sitio más aparente, que franquee un paso sostenido de los ulteriores auxilios que deben remitirse”.

En su lectura, el jefe del Ejército de los Andes se detuvo en el quinto punto, que le fue de gran interés y donde se explicaba que “la conservación de la fuerza procedente de estas provincias será siempre la que inspire mayor confianza en la terminación feliz de la campaña. Se evitará por lo mismo cuanto sea posible su desmembración en pequeñas acciones. Se adoptará con preferencia la guerra de recursos, y las armas sólo se empeñarán en los lances de absoluta necesidad, evitando todo combate cuanto sea posible, al principio de la campaña.”

Después de leer los 28 artículos, San Martín pasó directamente al de política y gubernativo, en donde se dejaban bien aclarados los pasos a seguir durante la reconquista del país hermano. La lectura se concentró en el artículo 6º, que proponía lo siguiente: “Luego que la capital de Chile se encuentre libre de la opresión de los enemigos y a cubierto de sus invasiones, nombrará el general, provisionalmente, un ayuntamiento, incluyendo en él cuantos individuos sea posible de los que lo componían por la última elección de los patriotas antes de la entrada de Osorio con las tropas del rey, siempre que aquellas personas no sean contrarias al sistema político que sea necesario adoptar”.

Las instrucciones finalizaban con el ramo de hacienda, donde se aconsejaba al General acerca de algunas acciones relacionadas con las finanzas militares.

Estas órdenes finalizaban con el artículo 12º, que manifestaba lo que sigue: “Sin embargo de cuanto queda manifestado en los precedentes artículos de esta instrucción, no siendo posible prever los acontecimientos en la campaña y las diversas circunstancias del momento, el general en jefe es plenamente autorizado para obrar según ellas en la forma que sus talentos, honor y previsión política juzgue conforme a la conservación y aumento de la gloria de la nación, a su libertad, a su crédito y al logro de la grande empresa que se le ha confiado”.

Remataban el escrito las firmas del primer mandatario, brigadier don Juan Martín de Pueyrredón; el ministro de Guerra, José Florencio Terrada; el secretario Vicente López y el ministro de Hacienda, don Juan Domingo Trillo.

Después de leer detenidamente estos documentos –que tenían como fecha el 21 de diciembre de 1816–, el General San Martín convocó a su Plana Mayor, conformada por un pequeño grupo de hombres de confianza –entre los que se encontraban  el brigadier Bernardo O'Higgins y otro cuatro jefes– para ajustar los últimos detalles con el objetivo de lanzar la operación contra los realistas en territorio chileno en enero de 1817.

En días posteriores el Ejército de los Andes inició una marcha combinada por varios pasos cordilleranos, culminando en la cuesta de Chacabuco con la victoria final contra el ejército realista el 12 de febrero de ese año y la recomposición del gobierno patriota de Chile, nombrando a O'Higgins nuevo director Supremo del país trasandino.

 

San Martín, un fiel ejecutor

Esta documentación muy poco conocida es clave para desmitificar totalmente al General José de San Martín, quien desde hace más de un siglo es considerado por algunos historiadores como el ideólogo de toda la campaña de los Andes y el plan continental.

Sin embargo, las instrucciones reservadas fueron confeccionadas en Buenos Aires luego de la independencia de las Provincias Unidas del Sur por un grupo de militares entre los que se encontraba el joven amigo de Libertador Tomás Guido.

Además, existen datos precisos que indican que estos escritos fueron realizados previamente, a través de la llamada Logia Ministerial, integrada por San Martín, Pueyrredón, Terrada, Tagle, Guido y otros patriotas.

Esas instrucciones, sumadas a la planificación táctica que se llevó a cabo en Mendoza, dieron como resultado la mayor de las victorias que tuvieron las armas de las entonces Provincias Unidas del Sud.

De esta manera, podemos decir que el mayor mérito que tuvo el General José de San Martín fue cumplir con maestría absoluta cada uno de los objetivos de aquel plan.
 

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