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Mendoza, Argentina

|23/03/20 09:45 AM

El idioma del virus

El coronavirus sigue expandiéndose y la geopolítica continúa filtrándose en todo

Con el avance de la pandemia comienzan a desarrollarse distintas líneas de confrontación que, mayoritariamente, se producen hacia el interior de los Estados: el cómo responden las autoridades; las demandas de la ciudadanía; el rol del sector privado o los comportamientos sociales. Pero quizás la mayor de estas disputas se desarrolle en el marco lingüístico. En cuál es el idioma que habla el virus según su origen.

El 12 de marzo, Lijian Zhao, vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, twiteó un  claro mensaje de elusión política cuando afirmó que el origen del virus tenía una firma estadounidense. Más precisamente en los ejercicios militares realizados en suelo chino en Octubre del 2019. Para ello se apoyó en un artículo del Global Research y en videos de sesiones en la House of Representatives estadounidense (el equivalente a nuestra cámara de diputados). Vale destacar que Global Research es considerado por el sitio “Media bias fact check” (https://mediabiasfactcheck.com/global-research/) como un sitio con un bajo nivel de credibilidad orientado a teorías conspirativas.

Lijian Zhao.

No debiera sorprendernos en absoluto la actitud del estado chino. Un informe del New York Times reveló y cuantificó esa conducta en la que China deliberadamente utilizó una estrategia de enmascaramiento de la situación y de control de daños a través de su red de emisoras CGTN a nivel global y de sus embajadores a través de sus redes sociales. Para ello centró su mensaje en tres vectores: optimismo, protección de la imagen china y disputa del origen del virus.

Del otro lado del mundo, pero a solo segundos en nuestros smartphones, Donald Trump hizo un “rebranding” (una nueva marca) del virus para llamarlo lisa y llanamente: El virus chino. La respuesta escueta y dura sobre el porqué lo denomina así, considerando los peligros de estigmatizar a la población de origen chino en territorio estadounidense, es porque el origen del virus es China. Por supuesto que, si bien todos los indicios conducen a esa respuesta, hay mucho detrás de ella. En un mundo que se debate en un estado de G Zero como lo bautizó el analista Ian Bremmer o uno en el que el primus inter pares (primero entre iguales) ya no es tan Primus, la disputa por el dominio comunicacional es clave.

Donald Trump.

Aquí debemos comprender que el peso del mensaje se posicionará en la culpa y la capacidad. Ciertamente existe evidencia concreta que China silenció a quienes, dentro de su propio territorio, denunciaron la situación y la gravedad del mismo. ¿China pudo haber evitado la propagación? Probablemente no; pero sí pudo haber puesto sus enormes capacidades económicas y tecnológicas para evitar la terciarización de la misma, la elasticidad del problema.

Estados Unidos tiene que confrontar el otro problema: el cómo enfrenta y responde ante la adversidad. Con China poniendo a disposición know how y material a los países de Europa afectados, Estados Unidos queda en evidencia por su clara conducta aislacionista y siendo un actor que corre detrás del problema.      

De ello surgen importantes preguntas: Cómo afectara la gobernanza en dichos países; qué tipo de consecuencias traerá en el sistema internacional las características propias de los regímenes políticos que resuelvan positivamente este problema; cómo se moldeará en el imaginario colectivo la figura de los líderes; qué tipo de sistema financiero emergerá de esta verdadera tragedia; qué será de la periferia del orden global cuando esto finalmente se supere y más importante aún: ¿tomarán los recaudos por si nuevamente se repite?

Por último, creo que es importante considerar que, si bien es fundamental considerar las variables de liderazgo,  parte de la respuesta está en lo que se denomina primera imagen, la naturaleza humana. En la naturaleza y características de las sociedades diversas a lo largo del planeta que enfrentan un problema en común. ¿Nuestra occidentalidad y la (vana)glorización del individuo nos perjudicarán en pos de valores como la libertad en tiempos en los que las figuras de autoridad se revelan casi indispensables? Y más fundamental aún, ¿tomaremos esta situación como un cisme negro o como un acto de periodicidad, nuestro cometa Halley destructivo?

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