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Viviendas, festín de las estafas
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Por Redacción

Viviendas, festín de las estafas



Increíble, pero cierto. Esas historias duras que de vez en cuando caen como pesadilla en la gente, en nuestra Argentina se repiten. Inadmisiblemente se repiten. Aquí en Mendoza, por ejemplo, las “torcidas historias de viviendas” a partir de cooperativas o sindicatos lo demuestran. Feos testimonios con una brecha en el tiempo que no superan la barrera de los 20 años, con distintas víctimas y similares procedimientos.


Por eso creo que en los barrios SPUNC y los pergeñados por la Cooperativa de Viviendas Gualcamayo muestran lo que uno no se cansa de encontrar a cada paso institucional, político, económico y social: “esas cuestiones que han destrozado la vida y el concepto civilizado de la misma en los ciudadanos”. Un verdadero muestrario de indisolubles nichos de corrupción. Los que, a pesar de muchas y profundas crisis que hemos vivido, lejos han estado de morigerarse primero, terminarse después. Por el contrario, se han multiplicado, tanto en sus dantescas formas, como en reprochables actitudes de los que repugnantemente y sirviéndose de ellos, han hecho el gran negocio de su inadecuado existir.


En los once barrios SPUNC “se produjeron en cadena y ordenadamente” graves irregularidades en terrenos y viviendas que fueron adquiridos con absoluta responsabilidad al gremio de los no docentes de la Universidad Nacional de Cuyo. Pero, que sin embargo no hubo “ninguna” responsabilidad a la hora de cristalizar la operación que en tiempo y forma hicieron esas 1.200 familias para tener ese único bien de vida, como es la vivienda.


Sospechosos retrasos en entrega de títulos, tardía entrega de barrios que ya fueron usurpados y la reventa de una misma vivienda, componen ese mugriento e inmerecido panorama con el que los propietarios de los SPUNC deben batallar para no perder lo que “ya han pagado y por lo tanto les pertenece legítimamente. También para que se investiguen los organismos de contralor que debieron haber advertido lo sucedido y para que los fueros civil y penal entren en acción para encontrar responsables en una maniobra que a todas luces se habría transformado en una estafa.


Por eso, es que recuerdo aquella historia de algunos años atrás cuando 400 familias mendocinas fueron engañadas y debieron pasar junto a conciudadanos de San Juan y Córdoba por un espinoso trámite de muchos años para no perder la vivienda. Una historia que la inicia la Cooperativa de Viviendas Gualcamayo. La misma que tras las primeras maniobras dolosa, tiene su correlato con sucesivas configuraciones sistemáticas. Las que a medida que se fue corriendo el velo de la historia, dejó al descubierto una “gran sirvengüenzada”, como Asuma Construcciones y Edifisa S.A. Formatos que desaparecerían tras fallos judiciales y posteriores conformaciones de dos fondos fiduciarios, cuyos dineros convergieron en los grupos Cuántica y Admicor. Figuras empresarias que las investigaciones posteriores arrojaron absoluta conexión con el mismo grupo empresario que conformó en su momento la Cooperativa Gualcamayo y que produjo desde sus raíces esa maquiavélica maniobra sobre más de 2 mil familias mendocinas, sanjuaninas y cordobesas.


El caso mendocino envolvió, como se expresó, a 400 familias de los núcleos habitacionales Portal de Cuyo de Maipú, Praderas de Trapiche de Godoy Cruz y Casas de Villanueva, de Guaymallén. Familias que adquirieron terrenos y acordaron con Gualcamayo la construcción de sus viviendas. Allí, cada titular firmó papeles y recibos que con el tiempo se transformaron en la espada de Damocles.


La cooperativa, tras sus primeros pasos desaparece y con la documentación firmada cede derechos a la constructora que estaba levantando los nombrados barrios. De ahí en más se inicia la pesadilla para los adjudicatarios al encontrarse los mismos ante una multiplicidad de ventas de cada vivienda hasta tres veces. Donde hubo de todo, desde el tétrico desfile de abogados, jueces, oficiales de justicia, miles de expedientes, juicios y un mar de fondo muy turbio con tufillo de corrupción.


La fenomenal estafa de Gualcamayo fue descubierta a más de una década de haberse producido. Tras una oportuna intervención del parlamento provincial ningún adjudicatario perdió el bien adquirido. Lamentablemente no fue nadie preso y nada se supo del dinero adquirido en forma mal habida.


Como se aprecia, las coincidencias con lo ocurrido con las viviendas de los barrios SPUNC están a flor de piel. Y, nuevamente la Legislatura provincial interviniendo para que defraudados adjudicatarios no pierdan el bien adquirido. Aunque también queda claro que se está sobre una maniobra “dolosa” a todas luces. Un punto no menor que tanto la justicia civil, comercial, como la penal deberán determinar con oportuna y no tardía intervención.


Mientras tanto, otros miles de mendocinos estarán ahorrando con sacrificio para obtener en algún condominio sindical o cooperativo una casa sin saber, quizá, que pueden estar siendo víctimas de nuevas maniobras de los que no se han cansado de lucrar vilmente con sus sueños. Los mismos que amparan incomprensiblemente el deficiente accionar de los organismos de contralor, que hasta ahora no han terminado con el festín de las estafas sobre los ahorros de ese único legado de vida para un hijo, ¡la vivienda!.


Daniel Gallardo – Periodista y productor de radio Estudio Cooperativa y diario El Ciudadano.


(Imagen sólo ilustrativa)


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Viviendas, festín de las estafas

Increíble, pero cierto. Esas historias duras que de vez en cuando caen como pesadilla en la gente, en nuestra Argentina se repiten. Inadmisiblemente se repiten. Aquí en Mendoza, por ejemplo, las “torcidas historias de viviendas” a partir de cooperativas o sindicatos lo demuestran. Feos testimonios con una brecha en el tiempo que no superan la barrera de los 20 años, con distintas víctimas y similares procedimientos.

Por eso creo que en los barrios SPUNC y los pergeñados por la Cooperativa de Viviendas Gualcamayo muestran lo que uno no se cansa de encontrar a cada paso institucional, político, económico y social: “esas cuestiones que han destrozado la vida y el concepto civilizado de la misma en los ciudadanos”. Un verdadero muestrario de indisolubles nichos de corrupción. Los que, a pesar de muchas y profundas crisis que hemos vivido, lejos han estado de morigerarse primero, terminarse después. Por el contrario, se han multiplicado, tanto en sus dantescas formas, como en reprochables actitudes de los que repugnantemente y sirviéndose de ellos, han hecho el gran negocio de su inadecuado existir.

En los once barrios SPUNC “se produjeron en cadena y ordenadamente” graves irregularidades en terrenos y viviendas que fueron adquiridos con absoluta responsabilidad al gremio de los no docentes de la Universidad Nacional de Cuyo. Pero, que sin embargo no hubo “ninguna” responsabilidad a la hora de cristalizar la operación que en tiempo y forma hicieron esas 1.200 familias para tener ese único bien de vida, como es la vivienda.

Sospechosos retrasos en entrega de títulos, tardía entrega de barrios que ya fueron usurpados y la reventa de una misma vivienda, componen ese mugriento e inmerecido panorama con el que los propietarios de los SPUNC deben batallar para no perder lo que “ya han pagado y por lo tanto les pertenece legítimamente. También para que se investiguen los organismos de contralor que debieron haber advertido lo sucedido y para que los fueros civil y penal entren en acción para encontrar responsables en una maniobra que a todas luces se habría transformado en una estafa.

Por eso, es que recuerdo aquella historia de algunos años atrás cuando 400 familias mendocinas fueron engañadas y debieron pasar junto a conciudadanos de San Juan y Córdoba por un espinoso trámite de muchos años para no perder la vivienda. Una historia que la inicia la Cooperativa de Viviendas Gualcamayo. La misma que tras las primeras maniobras dolosa, tiene su correlato con sucesivas configuraciones sistemáticas. Las que a medida que se fue corriendo el velo de la historia, dejó al descubierto una “gran sirvengüenzada”, como Asuma Construcciones y Edifisa S.A. Formatos que desaparecerían tras fallos judiciales y posteriores conformaciones de dos fondos fiduciarios, cuyos dineros convergieron en los grupos Cuántica y Admicor. Figuras empresarias que las investigaciones posteriores arrojaron absoluta conexión con el mismo grupo empresario que conformó en su momento la Cooperativa Gualcamayo y que produjo desde sus raíces esa maquiavélica maniobra sobre más de 2 mil familias mendocinas, sanjuaninas y cordobesas.

El caso mendocino envolvió, como se expresó, a 400 familias de los núcleos habitacionales Portal de Cuyo de Maipú, Praderas de Trapiche de Godoy Cruz y Casas de Villanueva, de Guaymallén. Familias que adquirieron terrenos y acordaron con Gualcamayo la construcción de sus viviendas. Allí, cada titular firmó papeles y recibos que con el tiempo se transformaron en la espada de Damocles.

La cooperativa, tras sus primeros pasos desaparece y con la documentación firmada cede derechos a la constructora que estaba levantando los nombrados barrios. De ahí en más se inicia la pesadilla para los adjudicatarios al encontrarse los mismos ante una multiplicidad de ventas de cada vivienda hasta tres veces. Donde hubo de todo, desde el tétrico desfile de abogados, jueces, oficiales de justicia, miles de expedientes, juicios y un mar de fondo muy turbio con tufillo de corrupción.

La fenomenal estafa de Gualcamayo fue descubierta a más de una década de haberse producido. Tras una oportuna intervención del parlamento provincial ningún adjudicatario perdió el bien adquirido. Lamentablemente no fue nadie preso y nada se supo del dinero adquirido en forma mal habida.

Como se aprecia, las coincidencias con lo ocurrido con las viviendas de los barrios SPUNC están a flor de piel. Y, nuevamente la Legislatura provincial interviniendo para que defraudados adjudicatarios no pierdan el bien adquirido. Aunque también queda claro que se está sobre una maniobra “dolosa” a todas luces. Un punto no menor que tanto la justicia civil, comercial, como la penal deberán determinar con oportuna y no tardía intervención.

Mientras tanto, otros miles de mendocinos estarán ahorrando con sacrificio para obtener en algún condominio sindical o cooperativo una casa sin saber, quizá, que pueden estar siendo víctimas de nuevas maniobras de los que no se han cansado de lucrar vilmente con sus sueños. Los mismos que amparan incomprensiblemente el deficiente accionar de los organismos de contralor, que hasta ahora no han terminado con el festín de las estafas sobre los ahorros de ese único legado de vida para un hijo, ¡la vivienda!.

Daniel Gallardo – Periodista y productor de radio Estudio Cooperativa y diario El Ciudadano.

(Imagen sólo ilustrativa)

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