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Violencia: un mal endémico en la Argentina
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Por Redacción

Violencia: un mal endémico en la Argentina



La Argentina ha sido escenario de violencia de todo tipo durante sus 200 años de historia. Desde los movimientos independentistas en los alrededores de la Plaza de Mayo, donde el pueblo “quería saber de que se trataba”; hasta el Litoral bravo, el Norte salvaje y el interior unitario.


Mendoza no fue ajena a los calores de la discordancia con el objetivo de formar una patria, un “ser nacional” o una identidad. Así fue como en los principios del siglo XX los seguidores del “gaucho Lencinas” tomaban por la fuerza derechos adquiridos en nombre de transformaciones sociales en alpargatas. Este es uno de los ejemplos, quizás mas conocidos, querido lector. Pero la historia de Mendoza y Argentina está plagada de violencia en los albores de la Patria naciente.


Un poco más acá, por los 70, nuestro país vivió algo llamado “Proceso de Reorganización Nacional” que devino del terrorismo de estado del último peronismo de ultra derecha con Isabelita y el brujo López Rega.


Ahora bien, usted pensará; ¿qué tiene que ver todo esto con la realidad que transitamos por las calles de Mendoza todos los días? Bueno, mucho.


La violencia es parte del ADN de los argentinos. Nos criamos con ella, nos escondimos de las balas a la salida de los colegios, salimos a cuidar las vidrieras de nuestros negocios de la horda durante el “Mendozazo”.


Tuvimos que ver consternados como cientos de co-provincianos, motivados por el hambre y algún que otro puntero político, saqueaban supermercados (la mayoría de la cadena Átomo, saque sus propias conclusiones) durante la caída de De La Rúa, allá por 2001. Esta escena se multiplicaba en todas las provincias. Violencia, violencia y más violencia.


Hasta ahora un pequeño (pequeñísimo) repaso por algunos sucesos que marcaron a fuego nuestra forma de ser, de desenvolvernos como sociedad y como individuos inmersos en una masa ingente.


Es la historia la que nos cuenta que, cuando los argentinos apelamos a la violencia las cosas nunca pueden ir bien. Los ejemplos son miles y variopintos.


Es por eso que alarma ver la escalada de violencia de los últimos días. “Tiros y más tiros” dicen los hermanos Muñoz en una de sus más conocidas canciones. Y eso es lo que se vivió en un local de Nuevo Encuentro, el partido del inefable Martín Sabbatella, en la localidad de Villa Crespo en Buenos Aires. ¿Los motivos? Una campana aseguró que gente de Cambiemos de la zona está implicada, la otra habla de la interna peronista que tantas veces se resolvió a los cuetazos sin ningún tipo de miramientos. Ahora bien, ¿realmente importa el motivo? La alarma se enciende con cualquier razón, de derecha a izquierda; de negro a blanco.


Y una versión más vernácula de violencia fue protagonizada por los sindicatos estatales en medio de la Vendimia. Dato más que importante porque muchos mendocinos, con sobrados derechos, utilizan la Fiesta para presentar sus propuestas y hacer reclamos pertinentes. Porque son visibles y a veces (sólo a veces), escuchadas.


Sin embargo, eso no da vía libre a tirarle un cartel a un ministro de la Nación a la voz de “¡para vos, puto!”. ¿Acaso no se da cuenta la señora Blas que la inmensa mayoría de los mendocinos (trabajadores estatales, privados, monotributistas, desempleados, autónomos; sea quienes sean) no avala la violencia injustificada y sin ningún tipo de resultados, más que ganar algunos metros de tinta (virtual en este caso)? Tal vez no se da cuenta que pierde fuerza en la negociación al caer en prácticas que son rechazadas por la gran mayoría. “No es lo mismo atrás que en anca”, decía mi abuelo; no es lo mismo protestar que forzar, y mucho menos violentar.


Y el segundo capítulo local habla de lo sucedido el domingo en el hipódromo de Mendoza. Otra vez ATE, esta vez Roberto Macho como protagonista y como golpeado, defendiendo los derechos de los trabajadores cesanteados del Casino. Graves sucesos en una jornada “burrera” clásica como el premio Vendimia. Un grupo estatal con banderas y pecheras naranjas comenzó a protestar en medio de la misa quincenal y los muchachos no se la bancaron. Mucho menos cuando se encendió una bengala que empañó la jornada más esperada por toda la comunidad turfística. A partir de ahí palos, ladrillos, piedras, golpes, sangre. La barbarie. Sin justificación. Totalmente repudiable. La falta de presencia del estado.


Pero lo curioso se dio cuando, luego del “despiplume” y las cabezas rotas, se quiso ligar el acto de violencia con una “patota de Cornejo y de Canale”. Rápidamente las redes sociales comenzaron a llenarse de mensajes que alentaban esta teoría, levantando el dedo acusador contra la dirección del Instituto de Juegos y Casino y contra el cuarto piso de la Casa de Gobierno; junto a la fotografía de la cabeza rota de los gremialistas.


Estos, sin dudas, hechos aislados pero que preocupan. De ninguna manera (no habría que aclararlo, pero… en fin) se hace una comparación de la violencia sistemática del estado, ni las peleas independentistas con los trompis e insultos de los gremios con dirigentes y diferentes sectores de la sociedad. Simplemente haciendo un racconto de nuestra breve pero intensa historia. Porque la historia hay que repasarla para entender el presente. Pero fundamentalmente para ver de antemano el futuro. La sociedad, cualquiera que sea, debe seguir el contrato social, como Rousseau explicó; normas morales y las leyes sociales que se sancionen. De esa manera se logrará el éxito de vivir en armonía y, fundamentalmente, sin violencia.


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Violencia: un mal endémico en la Argentina

La Argentina ha sido escenario de violencia de todo tipo durante sus 200 años de historia. Desde los movimientos independentistas en los alrededores de la Plaza de Mayo, donde el pueblo “quería saber de que se trataba”; hasta el Litoral bravo, el Norte salvaje y el interior unitario.

Mendoza no fue ajena a los calores de la discordancia con el objetivo de formar una patria, un “ser nacional” o una identidad. Así fue como en los principios del siglo XX los seguidores del “gaucho Lencinas” tomaban por la fuerza derechos adquiridos en nombre de transformaciones sociales en alpargatas. Este es uno de los ejemplos, quizás mas conocidos, querido lector. Pero la historia de Mendoza y Argentina está plagada de violencia en los albores de la Patria naciente.

Un poco más acá, por los 70, nuestro país vivió algo llamado “Proceso de Reorganización Nacional” que devino del terrorismo de estado del último peronismo de ultra derecha con Isabelita y el brujo López Rega.

Ahora bien, usted pensará; ¿qué tiene que ver todo esto con la realidad que transitamos por las calles de Mendoza todos los días? Bueno, mucho.

La violencia es parte del ADN de los argentinos. Nos criamos con ella, nos escondimos de las balas a la salida de los colegios, salimos a cuidar las vidrieras de nuestros negocios de la horda durante el “Mendozazo”.

Tuvimos que ver consternados como cientos de co-provincianos, motivados por el hambre y algún que otro puntero político, saqueaban supermercados (la mayoría de la cadena Átomo, saque sus propias conclusiones) durante la caída de De La Rúa, allá por 2001. Esta escena se multiplicaba en todas las provincias. Violencia, violencia y más violencia.

Hasta ahora un pequeño (pequeñísimo) repaso por algunos sucesos que marcaron a fuego nuestra forma de ser, de desenvolvernos como sociedad y como individuos inmersos en una masa ingente.

Es la historia la que nos cuenta que, cuando los argentinos apelamos a la violencia las cosas nunca pueden ir bien. Los ejemplos son miles y variopintos.

Es por eso que alarma ver la escalada de violencia de los últimos días. “Tiros y más tiros” dicen los hermanos Muñoz en una de sus más conocidas canciones. Y eso es lo que se vivió en un local de Nuevo Encuentro, el partido del inefable Martín Sabbatella, en la localidad de Villa Crespo en Buenos Aires. ¿Los motivos? Una campana aseguró que gente de Cambiemos de la zona está implicada, la otra habla de la interna peronista que tantas veces se resolvió a los cuetazos sin ningún tipo de miramientos. Ahora bien, ¿realmente importa el motivo? La alarma se enciende con cualquier razón, de derecha a izquierda; de negro a blanco.

Y una versión más vernácula de violencia fue protagonizada por los sindicatos estatales en medio de la Vendimia. Dato más que importante porque muchos mendocinos, con sobrados derechos, utilizan la Fiesta para presentar sus propuestas y hacer reclamos pertinentes. Porque son visibles y a veces (sólo a veces), escuchadas.

Sin embargo, eso no da vía libre a tirarle un cartel a un ministro de la Nación a la voz de “¡para vos, puto!”. ¿Acaso no se da cuenta la señora Blas que la inmensa mayoría de los mendocinos (trabajadores estatales, privados, monotributistas, desempleados, autónomos; sea quienes sean) no avala la violencia injustificada y sin ningún tipo de resultados, más que ganar algunos metros de tinta (virtual en este caso)? Tal vez no se da cuenta que pierde fuerza en la negociación al caer en prácticas que son rechazadas por la gran mayoría. “No es lo mismo atrás que en anca”, decía mi abuelo; no es lo mismo protestar que forzar, y mucho menos violentar.

Y el segundo capítulo local habla de lo sucedido el domingo en el hipódromo de Mendoza. Otra vez ATE, esta vez Roberto Macho como protagonista y como golpeado, defendiendo los derechos de los trabajadores cesanteados del Casino. Graves sucesos en una jornada “burrera” clásica como el premio Vendimia. Un grupo estatal con banderas y pecheras naranjas comenzó a protestar en medio de la misa quincenal y los muchachos no se la bancaron. Mucho menos cuando se encendió una bengala que empañó la jornada más esperada por toda la comunidad turfística. A partir de ahí palos, ladrillos, piedras, golpes, sangre. La barbarie. Sin justificación. Totalmente repudiable. La falta de presencia del estado.

Pero lo curioso se dio cuando, luego del “despiplume” y las cabezas rotas, se quiso ligar el acto de violencia con una “patota de Cornejo y de Canale”. Rápidamente las redes sociales comenzaron a llenarse de mensajes que alentaban esta teoría, levantando el dedo acusador contra la dirección del Instituto de Juegos y Casino y contra el cuarto piso de la Casa de Gobierno; junto a la fotografía de la cabeza rota de los gremialistas.

Estos, sin dudas, hechos aislados pero que preocupan. De ninguna manera (no habría que aclararlo, pero… en fin) se hace una comparación de la violencia sistemática del estado, ni las peleas independentistas con los trompis e insultos de los gremios con dirigentes y diferentes sectores de la sociedad. Simplemente haciendo un racconto de nuestra breve pero intensa historia. Porque la historia hay que repasarla para entender el presente. Pero fundamentalmente para ver de antemano el futuro. La sociedad, cualquiera que sea, debe seguir el contrato social, como Rousseau explicó; normas morales y las leyes sociales que se sancionen. De esa manera se logrará el éxito de vivir en armonía y, fundamentalmente, sin violencia.

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