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Una final es otra cosa
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Por Redacción

Una final es otra cosa



La fría noche de la ciudad chilena de Concepción tenía escondida en su espesa neblina un halo de optimismo triunfal por la exhibición futbolera de los Martino Boys que dejaron a su pueblo con optimismo desbordado de cara a la final con el local del otro lado de la cordillera. Y a los chilenos con la preocupación de la aparición de un equipo letal.


Lo cierto es que ese entusiasmo que produjo la semifinal con Paraguay, en el análisis fino del juego, también dejó interrogantes. Por que antes del descanso las ya tradicionales desatenciones defensivas fueron capitalizadas por un equipo diezmado por lesiones abriendo claros síntomas de preocupación en el estado anímico de la albiceleste.


Sin embargo estas preocupaciones quedaron extintas por la rápida respuesta de Argentina que liquidó el pleito y dejó atrás fantasmas en siete minutos.


La pregunta es ¿Cual puede llegar  a ser el precio de esas desatenciones ante un elenco de mayor jerarquía individual y colectiva? Y ¿que pasa si a la Argentina se le cierra el arco como en sus anteriores presentaciones en este certamen?


Me encanta el optimismo reinante, pero siempre es preferible la cautela, por que aunque sea una frase echa en el fútbol una final es otra cosa.


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Una final es otra cosa

La fría noche de la ciudad chilena de Concepción tenía escondida en su espesa neblina un halo de optimismo triunfal por la exhibición futbolera de los Martino Boys que dejaron a su pueblo con optimismo desbordado de cara a la final con el local del otro lado de la cordillera. Y a los chilenos con la preocupación de la aparición de un equipo letal.

Lo cierto es que ese entusiasmo que produjo la semifinal con Paraguay, en el análisis fino del juego, también dejó interrogantes. Por que antes del descanso las ya tradicionales desatenciones defensivas fueron capitalizadas por un equipo diezmado por lesiones abriendo claros síntomas de preocupación en el estado anímico de la albiceleste.

Sin embargo estas preocupaciones quedaron extintas por la rápida respuesta de Argentina que liquidó el pleito y dejó atrás fantasmas en siete minutos.

La pregunta es ¿Cual puede llegar  a ser el precio de esas desatenciones ante un elenco de mayor jerarquía individual y colectiva? Y ¿que pasa si a la Argentina se le cierra el arco como en sus anteriores presentaciones en este certamen?

Me encanta el optimismo reinante, pero siempre es preferible la cautela, por que aunque sea una frase echa en el fútbol una final es otra cosa.

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