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Una Argentina desgarrada
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Por Redacción

Una Argentina desgarrada



Han pasado ya varias horas del paro de la CTA y de la CGT disidente, en las que millones de argentinos se han expedido de alguna manera por todo lo que le sucede a la Nación. Un contundente hecho, que más allá de quienes lo llevaron a cabo y quienes resistieron ser sus protagonistas, a todos, absolutamente, los incluyó en ese duro vivir de los que habitan la República Argentina de estos tiempos.


El tercer paro a la administración de Cristina Kirchner, desde que Hugo Moyano se colocó en la vereda del frente del oficialismo, deja al descubierto sin tapujos el delicado momento que atraviesa el país. Una cara no ficticia, por el contrario, es ese asunto muy traumático que necesita cirugía mayor por lo grave y complejo.


Si hiciéramos un pormenorizado análisis del porqué de todo esto, no deberíamos circunscribirnos al mínimo no imponible. Sopesa que caigamos en innecesarias chaturas de una realidad que tiene de todo, como para entender mínimamente que la Nación ha penetrado en un preocupante cono de sombra de su paz social.


Hoy por hoy la economía, tal cual está aplicada en la Argentina, perjudica directamente al sistema laboral. De acuerdo a información oficial que refleja la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, al mes de junio de este año cada 60 minutos un argentino perdió su puesto de trabajo. El mismo informe delata que en el último año unos 546 mil ciudadanos dejaron de buscar un empleo y que casi 600 mil perdieron su puesto de trabajo. Frías cifras que también reflejan que en lo que va del año casi 560 mil fueron los puestos de trabajo perdidos o cesanteados. Sobre esto último, hay informes periodísticos que deducen que, por ejemplo, las suspensiones que se dieron en los últimos meses con pago acotado de salarios equivalieron a 47 mil despidos mensuales, algo así como 1.600 por día, o 70 por hora o el equivalente a uno por minuto.


La situación de la Nación ya tiene complejidades donde la cesación de pagos, deja al descubierto cómo ha caído el poder de nuestra moneda y cómo lo ha hecho la capacidad de financiamiento de la actividad productiva y comercial. Ítems de los que habrá que esperar consecuencias aún más negativas sobre el empleo. Por eso crece el gasto para sostener el consumo y el empleo, punto de la economía que no repunta a pesar de cómo crecieron los fondos sociales, créditos y planes de compras.


Las economías regionales son rojas señales de que las cosas no están bien y que el modelo productivo de inclusión social que pretendió inyectar en el país los siete años de gestión de Cristina Kirchner ha entrado en crisis por la sostenida desaparición de empresas, suspensiones y despidos.


Si el análisis lo circunscribimos a cómo incide todo esto en la vida de los mendocinos, notaríamos que acá las cosas están muy complejas. Ese duro 36 % que golpea el rostro social de este estado provincial y que contiene a niños y jóvenes que sobreviven por debajo de la línea de la pobreza es solo la punta del iceberg de lo que pasa por estas tierras cuyanas, lugar en donde el salario de un trabajador estatal o privado no supera en la mayoría de los casos los 7 u 8 mil pesos mensuales. Salario que albergando un hogar tipo: mamá, papá y dos hijos (en la mayoría de los casos muchos más) debe enfrentar una despiadada inflación sostenida en tiempo y crecimiento. La misma que dice que la canasta básica de alimentos perfora la barrera de los 500 pesos sin miramiento alguno.


Tanto que también se manifiesta devoradora en otros aspectos que mensualmente el trabajador debe enfrentar. La mayoría de ellos, por ejemplo sin viviendas y que han debido afrontar aumentos del 25 % de alquileres en casas o departamentos. Un 40 % de aumento en el boleto del transporte público de pasajeros; descarados aumentos sobre servicios básicos, esencialmente el gas; un 41 % en impuestos nacionales, de la provincia y de tasas municipales. En fin, un complejo laberinto de porcentajes y cifras que consumen despiadadamente ese magro salario de quienes merecen un digno vivir.


Es entonces cuando uno entiende con suma preocupación el porqué de tanta masiva virulencia en la calle. Y de esas férreas posturas que han demostrado los trabajadores en las últimas horas y hasta las últimas consecuencias. Llevando esto último, y como expresábamos al principio de este análisis, a un preocupante cono de sombra sobre la la paz social de Argentina en general y Mendoza en particular.


Alguien con responsabilidad deberá responder por todo esto. Alguien que no mire con soberbia y especulación que arroja el prisma electoral. Alguien que observe, decidido a dar respuestas sobre este delicado sobrevivir de la gente en el fango de la pobreza, la desocupación, la precarización del empleo, la inflación y echar sobre sus golpeadas osamentas las responsabilidades de la manutención social de otros argentinos que perdieron todo.


Una cuestionada actitud asumida sin tapujos por la administración nacional que con los fondos jubilatorios de la ANSES y el mínimo no imponible sobre los trabajadores activos maneja a su antojo sectario el asistencialismo que cautiva adeptos, sin importar siquiera que extirpa hasta el hastío sueños y esperanzas de quienes apuestan con sacrificio por su tierra y que el jueves, en la calle dieron un contundente ¡basta! Entenderlo y dar un golpe de timón al momento difícil que pasa el país dependerá de esa sensatez y respeto que hasta ahora no figuró en el argumento de las políticas de estado de la nación.


Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7


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Han pasado ya varias horas del paro de la CTA y de la CGT disidente, en las que millones de argentinos se han expedido de alguna manera por todo lo que le sucede a la Nación. Un contundente hecho, que más allá de quienes lo llevaron a cabo y quienes resistieron ser sus protagonistas, a todos, absolutamente, los incluyó en ese duro vivir de los que habitan la República Argentina de estos tiempos.

El tercer paro a la administración de Cristina Kirchner, desde que Hugo Moyano se colocó en la vereda del frente del oficialismo, deja al descubierto sin tapujos el delicado momento que atraviesa el país. Una cara no ficticia, por el contrario, es ese asunto muy traumático que necesita cirugía mayor por lo grave y complejo.

Si hiciéramos un pormenorizado análisis del porqué de todo esto, no deberíamos circunscribirnos al mínimo no imponible. Sopesa que caigamos en innecesarias chaturas de una realidad que tiene de todo, como para entender mínimamente que la Nación ha penetrado en un preocupante cono de sombra de su paz social.

Hoy por hoy la economía, tal cual está aplicada en la Argentina, perjudica directamente al sistema laboral. De acuerdo a información oficial que refleja la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, al mes de junio de este año cada 60 minutos un argentino perdió su puesto de trabajo. El mismo informe delata que en el último año unos 546 mil ciudadanos dejaron de buscar un empleo y que casi 600 mil perdieron su puesto de trabajo. Frías cifras que también reflejan que en lo que va del año casi 560 mil fueron los puestos de trabajo perdidos o cesanteados. Sobre esto último, hay informes periodísticos que deducen que, por ejemplo, las suspensiones que se dieron en los últimos meses con pago acotado de salarios equivalieron a 47 mil despidos mensuales, algo así como 1.600 por día, o 70 por hora o el equivalente a uno por minuto.

La situación de la Nación ya tiene complejidades donde la cesación de pagos, deja al descubierto cómo ha caído el poder de nuestra moneda y cómo lo ha hecho la capacidad de financiamiento de la actividad productiva y comercial. Ítems de los que habrá que esperar consecuencias aún más negativas sobre el empleo. Por eso crece el gasto para sostener el consumo y el empleo, punto de la economía que no repunta a pesar de cómo crecieron los fondos sociales, créditos y planes de compras.

Las economías regionales son rojas señales de que las cosas no están bien y que el modelo productivo de inclusión social que pretendió inyectar en el país los siete años de gestión de Cristina Kirchner ha entrado en crisis por la sostenida desaparición de empresas, suspensiones y despidos.

Si el análisis lo circunscribimos a cómo incide todo esto en la vida de los mendocinos, notaríamos que acá las cosas están muy complejas. Ese duro 36 % que golpea el rostro social de este estado provincial y que contiene a niños y jóvenes que sobreviven por debajo de la línea de la pobreza es solo la punta del iceberg de lo que pasa por estas tierras cuyanas, lugar en donde el salario de un trabajador estatal o privado no supera en la mayoría de los casos los 7 u 8 mil pesos mensuales. Salario que albergando un hogar tipo: mamá, papá y dos hijos (en la mayoría de los casos muchos más) debe enfrentar una despiadada inflación sostenida en tiempo y crecimiento. La misma que dice que la canasta básica de alimentos perfora la barrera de los 500 pesos sin miramiento alguno.

Tanto que también se manifiesta devoradora en otros aspectos que mensualmente el trabajador debe enfrentar. La mayoría de ellos, por ejemplo sin viviendas y que han debido afrontar aumentos del 25 % de alquileres en casas o departamentos. Un 40 % de aumento en el boleto del transporte público de pasajeros; descarados aumentos sobre servicios básicos, esencialmente el gas; un 41 % en impuestos nacionales, de la provincia y de tasas municipales. En fin, un complejo laberinto de porcentajes y cifras que consumen despiadadamente ese magro salario de quienes merecen un digno vivir.

Es entonces cuando uno entiende con suma preocupación el porqué de tanta masiva virulencia en la calle. Y de esas férreas posturas que han demostrado los trabajadores en las últimas horas y hasta las últimas consecuencias. Llevando esto último, y como expresábamos al principio de este análisis, a un preocupante cono de sombra sobre la la paz social de Argentina en general y Mendoza en particular.

Alguien con responsabilidad deberá responder por todo esto. Alguien que no mire con soberbia y especulación que arroja el prisma electoral. Alguien que observe, decidido a dar respuestas sobre este delicado sobrevivir de la gente en el fango de la pobreza, la desocupación, la precarización del empleo, la inflación y echar sobre sus golpeadas osamentas las responsabilidades de la manutención social de otros argentinos que perdieron todo.

Una cuestionada actitud asumida sin tapujos por la administración nacional que con los fondos jubilatorios de la ANSES y el mínimo no imponible sobre los trabajadores activos maneja a su antojo sectario el asistencialismo que cautiva adeptos, sin importar siquiera que extirpa hasta el hastío sueños y esperanzas de quienes apuestan con sacrificio por su tierra y que el jueves, en la calle dieron un contundente ¡basta! Entenderlo y dar un golpe de timón al momento difícil que pasa el país dependerá de esa sensatez y respeto que hasta ahora no figuró en el argumento de las políticas de estado de la nación.

Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7

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