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Un gol, dos historias, un objetivo
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Por Redacción

Un gol, dos historias, un objetivo



Por: Gabriel Landart

Esta es una historia distinta, poco frecuente, no hay villanos y tiene héroes. Utilicé el plural porque son dos. Sí, un par de ellos. Son argentinos y de perfil bajo. Sí leyó bien de bajo perfil.
Empiezo con el mayor, por edad, por cargo y porque es responsable del éxito del otro. Que es el éxito de todos. Sí, de todos.
Llegó por consecuencia, hizo el camino más largo, el que nadie quiere recorrer, no se le conocen escándalos y nunca propició ninguno. Empezó de abajo y ahora que está en lo alto, es cultor de la palabra, el consenso, la pertenencia y el grupo. Sí del grupo.
Fue cuestionado, alabado y vuelto a criticar. Hoy instantes después de hacer historia dijo “no creo en las reivindicaciones, creo en los logros colectivos” y vaya que merece una por parte de toda la patria futbolera y de los famosos 40 millones de técnicos.
Se llama Alejandro Sabella, es el entrenador del seleccionado argentino hace casi tres años y es nuestro primer héroe y hacedor del otro. Pachorra como lo apodan desde su época de jugador, logró ayer junto a su equipo la clasificación a semifinales del Mundial Brasil 2014, logró que los nuestros no consiguen desde Italia 90.
Contando la victoria a Bélgica, Sabella dirigió a la Argentina en 39 partidos, ganó 26, empató 9 y solamente conoció la derrota en 4 oportunidades. Tiene una efectividad de 74,3%. Ah… Me olvidaba: en 16 partidos no le convirtieron goles.
En la previa de esta Copa se lo cuestionó por sostener a Sergio Romero y Marcos Rojo, el primero ha sido pilar en las victorias de Argentina y el segundo una de las revelaciones del Mundial.
Por estos días, se dudó de su poder de decisión, de su autocrítica y de no saber cambiar a tiempo. Sabella contestó de a una las críticas, no desde la sala de conferencias, sino desde el campo de juego. De la autocrítica se encargó ni bien terminó el partido frente a Bosnia, “me equivoqué” y supimos cambiar a tiempo. ayer puso a Martín Demichelis y sacó a Federico Fernández, defensor desde la primera parte de su era.
Por otro lado lo sostuvo a Gonzalo Higuaín: el delantero llevaba 4 partidos sin convertir y todos lo veíamos lejos de su nivel. El entrenador lo apoyó al ratificarle la confianza con la titularidad nuevamente frente a Bélgica, y vaya si el Pipita le respondió.
Nuestro segundo héroe tuvo su reconciliación con el gol y fue la gran figura de la inolvidable tarde de la Argentina en la capital brasileña. Luego de un rebote, apareció el instinto goleador de Gonzalo, que aprovechó como pocos el sentido de la oportunidad y dejó sin chances el gran arquero belga TIbo Curtois.
Pipita se golpeó el pecho, salió disparado para buscar ese abrazo simbólico con su gente y miró al entrenador, ése que confió en él aún jugando su prestigio. Fue cómplice la mirada y casi fraternal.
En declaraciones post partido señaló: “Siempre estuve tranquilo, este grupo se merece esto”.  Vaya coincidencia…. Nuestros héroes pusieron el interés colectivo por encima de la gloria individual. ¿Será por eso que los cuestionamos?¿Será por eso que ahora los queremos?¿Será por eso que nos cuesta identificarnos?


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Un gol, dos historias, un objetivo

Por: Gabriel Landart

Esta es una historia distinta, poco frecuente, no hay villanos y tiene héroes. Utilicé el plural porque son dos. Sí, un par de ellos. Son argentinos y de perfil bajo. Sí leyó bien de bajo perfil.
Empiezo con el mayor, por edad, por cargo y porque es responsable del éxito del otro. Que es el éxito de todos. Sí, de todos.
Llegó por consecuencia, hizo el camino más largo, el que nadie quiere recorrer, no se le conocen escándalos y nunca propició ninguno. Empezó de abajo y ahora que está en lo alto, es cultor de la palabra, el consenso, la pertenencia y el grupo. Sí del grupo.
Fue cuestionado, alabado y vuelto a criticar. Hoy instantes después de hacer historia dijo “no creo en las reivindicaciones, creo en los logros colectivos” y vaya que merece una por parte de toda la patria futbolera y de los famosos 40 millones de técnicos.
Se llama Alejandro Sabella, es el entrenador del seleccionado argentino hace casi tres años y es nuestro primer héroe y hacedor del otro. Pachorra como lo apodan desde su época de jugador, logró ayer junto a su equipo la clasificación a semifinales del Mundial Brasil 2014, logró que los nuestros no consiguen desde Italia 90.
Contando la victoria a Bélgica, Sabella dirigió a la Argentina en 39 partidos, ganó 26, empató 9 y solamente conoció la derrota en 4 oportunidades. Tiene una efectividad de 74,3%. Ah… Me olvidaba: en 16 partidos no le convirtieron goles.
En la previa de esta Copa se lo cuestionó por sostener a Sergio Romero y Marcos Rojo, el primero ha sido pilar en las victorias de Argentina y el segundo una de las revelaciones del Mundial.
Por estos días, se dudó de su poder de decisión, de su autocrítica y de no saber cambiar a tiempo. Sabella contestó de a una las críticas, no desde la sala de conferencias, sino desde el campo de juego. De la autocrítica se encargó ni bien terminó el partido frente a Bosnia, “me equivoqué” y supimos cambiar a tiempo. ayer puso a Martín Demichelis y sacó a Federico Fernández, defensor desde la primera parte de su era.
Por otro lado lo sostuvo a Gonzalo Higuaín: el delantero llevaba 4 partidos sin convertir y todos lo veíamos lejos de su nivel. El entrenador lo apoyó al ratificarle la confianza con la titularidad nuevamente frente a Bélgica, y vaya si el Pipita le respondió.
Nuestro segundo héroe tuvo su reconciliación con el gol y fue la gran figura de la inolvidable tarde de la Argentina en la capital brasileña. Luego de un rebote, apareció el instinto goleador de Gonzalo, que aprovechó como pocos el sentido de la oportunidad y dejó sin chances el gran arquero belga TIbo Curtois.
Pipita se golpeó el pecho, salió disparado para buscar ese abrazo simbólico con su gente y miró al entrenador, ése que confió en él aún jugando su prestigio. Fue cómplice la mirada y casi fraternal.
En declaraciones post partido señaló: “Siempre estuve tranquilo, este grupo se merece esto”.  Vaya coincidencia…. Nuestros héroes pusieron el interés colectivo por encima de la gloria individual. ¿Será por eso que los cuestionamos?¿Será por eso que ahora los queremos?¿Será por eso que nos cuesta identificarnos?

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