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Por Redacción

Un amor de primavera



Por Gabriel Landart


Parecía imposible de lograr, era una opción en otros tiempos. Que el nerviosismo que generan los promedios, que se van cuando son muy chicos, que resignemos… Que es lo que hay… La chatura cada vez más chata y el fútbol argentino cada vez más mediocre.
La aparición de la primavera futbolística en pleno invierno y post mundial parecía una ilusión óptica que ni el más optimista se animaba a confirmar. Pero la sensación de calidez que genera a los ojos del que disfruta del deporte nacional el equipo de Gallardo fue confirmándose domingo a domingo y hoy la ilusión es realidad.
Saber que se puede, querer que se pueda, pintarse la cara color esperanza parece ser el leitmotiv de la gestión Donofrio.
Casi sin contrataciones, vendiendo a valores importantes como Lanzini y Carbonero, repatriando a jugadores cedidos a préstamo y sin su máximo referente sentado en el banco de suplentes, River fue por Gallardo para reemplazar a Ramón y por Pisculicchi para sustituir al joven Lanzini.
Así fue como la institución de Núñez planifico el segundo semestre de 2014 con su política de precios cuidados par superar el default imperante sobre el nivel de juego nacional.
Gallardo resultó ser el mejor intérprete para transmitir el concepto River. Un equipo que tomó lo que dejó el Mundial en eso de “ocupar espacios”, presión alta y constante, precisión en velocidad y los resultados que elevan autoestima y confianza a niveles superlativos.
Lo cierto es que este equipo armado con pesos tiene la estética de aquellos que cuestan millones en euros y genera la expectativa en propios y ajenos, cuenta con la admiración de sus rivales y despierta del letargo al más exigente plateísta del Monumental.
Ojalá, por la sanidad de nuestro fútbol, la primavera no se transforme en verano y sea por siempre un amor de primavera replicado en el resto de los equipos.


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Un amor de primavera

Por Gabriel Landart

Parecía imposible de lograr, era una opción en otros tiempos. Que el nerviosismo que generan los promedios, que se van cuando son muy chicos, que resignemos… Que es lo que hay… La chatura cada vez más chata y el fútbol argentino cada vez más mediocre.
La aparición de la primavera futbolística en pleno invierno y post mundial parecía una ilusión óptica que ni el más optimista se animaba a confirmar. Pero la sensación de calidez que genera a los ojos del que disfruta del deporte nacional el equipo de Gallardo fue confirmándose domingo a domingo y hoy la ilusión es realidad.
Saber que se puede, querer que se pueda, pintarse la cara color esperanza parece ser el leitmotiv de la gestión Donofrio.
Casi sin contrataciones, vendiendo a valores importantes como Lanzini y Carbonero, repatriando a jugadores cedidos a préstamo y sin su máximo referente sentado en el banco de suplentes, River fue por Gallardo para reemplazar a Ramón y por Pisculicchi para sustituir al joven Lanzini.
Así fue como la institución de Núñez planifico el segundo semestre de 2014 con su política de precios cuidados par superar el default imperante sobre el nivel de juego nacional.
Gallardo resultó ser el mejor intérprete para transmitir el concepto River. Un equipo que tomó lo que dejó el Mundial en eso de “ocupar espacios”, presión alta y constante, precisión en velocidad y los resultados que elevan autoestima y confianza a niveles superlativos.
Lo cierto es que este equipo armado con pesos tiene la estética de aquellos que cuestan millones en euros y genera la expectativa en propios y ajenos, cuenta con la admiración de sus rivales y despierta del letargo al más exigente plateísta del Monumental.
Ojalá, por la sanidad de nuestro fútbol, la primavera no se transforme en verano y sea por siempre un amor de primavera replicado en el resto de los equipos.

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