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Tu basura, mi alimento
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Por Redacción

Tu basura, mi alimento



El análisis de todo lo que tiramos a la basura determina que un 30% de nuestros desperdicios corresponden a comida en buen estado. Alimentos que de no perder la cadena de frío, bien podrían significar el almuerzo o cena de alguno de las 72.000 personas que en Mendoza sienten hambre en forma frecuente, según el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina.

Por otra parte, de acuerdo a una investigación interdisciplinaria realizada por estudiantes de la Universidad Nacional de Cuyo, en colaboración con los llamados Recuperadores Urbanos y apoyada por el Banco Nacional de Alimentos, en Mendoza se tiran hasta 19 mil kilos de alimentos diariamente.

El estudio en cuestión analizó la calidad de los residuos sólidos urbanos durante mayo de 2012 y los resultados, recientemente presentados, señalan que a partir de estos “desperdicios” unas 100.000 personas podrían obtener hasta tres comidas diarias.

El método de selección utilizado para llegar a este triste resultado fue el mismo que se implementó en las provincias de Córdoba (se desperdician 52 toneladas diarias), Buenos Aires (210 toneladas) y Rosario (66 toneladas). El mismo fue desarrollado por el Instituto de Ingeniería Sanitaria de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires y consiste en tomar muestras aisladas de residuos para luego analizarlas y pesarlas.

“Se trata de productos alimentarios sin consumir o a medio consumir que podrían haber servido como alimento para otros. La solución consiste en cambiar los hábitos y las costumbres de la gente en la forma de comprar y concientizarlos sobre que si no van a consumir algunas cosas, las pueden donar. La gente aprovecha las ofertas 3×1 porque es más barato, pero después termina tirando los productos. Cuando hacemos los estudios de calidad en verano vemos que la gente se va de vacaciones, desconecta el freezer y tira la comida congelada, que se podría haber donado a un comedor o buscado otro destino”, afirma Marcela De Luca, docente del Instituto de Ingeniería Sanitaria.

Sin embargo, la mayor cantidad de pérdidas de alimentos se producen, principalmente, en las etapas de producción (cosecha, procesamiento y distribución), mientras el desperdicio de comida se registra con los minoristas y los consumidores en el final de la cadena alimentaria. Una gran cantidad de la pérdida de alimentos ocurre en la última etapa y una alta proporción después de que los alimentos hayan llegado al consumidor. Alrededor de la mitad son desechos inevitables, mientras que el resto son alimentos perfectamente comestibles que se tiran.

Eso se debe al comportamiento del consumidor, las regulaciones de calidad, los precios del mercado y la mala coordinación de la cadena de alimentos.


Cómo mejorar este escenario

Existen iniciativas globales, como Save Food, para buscar soluciones con inversiones en tecnología, innovación, capacitación, buenas prácticas y comunicación para sensibilizar a los actores de la cadena alimentaria.

A nivel local, hay proyectos del INTA para el aprovechamiento total en las etapas de producción y procesamiento, generando bioenergía, produciendo alimento animal o recuperando componentes para la industria alimenticia.

Además, está la Red Argentina de Bancos de Alimentos que, con 17 bancos, distribuye 7 millones de kilos de alimentos entre 1.300 organizaciones que asisten a unas 200 mil personas.

Generados por excedentes de producción, errores de envasado, fecha corta de vencimiento o por no reunir especificaciones técnicas que las empresas se imponen, estos alimentos se donan a la Red, que los clasifica y distribuye./ Orlando Tirapu


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Tu basura, mi alimento

El análisis de todo lo que tiramos a la basura determina que un 30% de nuestros desperdicios corresponden a comida en buen estado. Alimentos que de no perder la cadena de frío, bien podrían significar el almuerzo o cena de alguno de las 72.000 personas que en Mendoza sienten hambre en forma frecuente, según el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina.
Por otra parte, de acuerdo a una investigación interdisciplinaria realizada por estudiantes de la Universidad Nacional de Cuyo, en colaboración con los llamados Recuperadores Urbanos y apoyada por el Banco Nacional de Alimentos, en Mendoza se tiran hasta 19 mil kilos de alimentos diariamente.
El estudio en cuestión analizó la calidad de los residuos sólidos urbanos durante mayo de 2012 y los resultados, recientemente presentados, señalan que a partir de estos “desperdicios” unas 100.000 personas podrían obtener hasta tres comidas diarias.
El método de selección utilizado para llegar a este triste resultado fue el mismo que se implementó en las provincias de Córdoba (se desperdician 52 toneladas diarias), Buenos Aires (210 toneladas) y Rosario (66 toneladas). El mismo fue desarrollado por el Instituto de Ingeniería Sanitaria de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires y consiste en tomar muestras aisladas de residuos para luego analizarlas y pesarlas.
“Se trata de productos alimentarios sin consumir o a medio consumir que podrían haber servido como alimento para otros. La solución consiste en cambiar los hábitos y las costumbres de la gente en la forma de comprar y concientizarlos sobre que si no van a consumir algunas cosas, las pueden donar. La gente aprovecha las ofertas 3×1 porque es más barato, pero después termina tirando los productos. Cuando hacemos los estudios de calidad en verano vemos que la gente se va de vacaciones, desconecta el freezer y tira la comida congelada, que se podría haber donado a un comedor o buscado otro destino”, afirma Marcela De Luca, docente del Instituto de Ingeniería Sanitaria.
Sin embargo, la mayor cantidad de pérdidas de alimentos se producen, principalmente, en las etapas de producción (cosecha, procesamiento y distribución), mientras el desperdicio de comida se registra con los minoristas y los consumidores en el final de la cadena alimentaria. Una gran cantidad de la pérdida de alimentos ocurre en la última etapa y una alta proporción después de que los alimentos hayan llegado al consumidor. Alrededor de la mitad son desechos inevitables, mientras que el resto son alimentos perfectamente comestibles que se tiran.
Eso se debe al comportamiento del consumidor, las regulaciones de calidad, los precios del mercado y la mala coordinación de la cadena de alimentos.

Cómo mejorar este escenario
Existen iniciativas globales, como Save Food, para buscar soluciones con inversiones en tecnología, innovación, capacitación, buenas prácticas y comunicación para sensibilizar a los actores de la cadena alimentaria.
A nivel local, hay proyectos del INTA para el aprovechamiento total en las etapas de producción y procesamiento, generando bioenergía, produciendo alimento animal o recuperando componentes para la industria alimenticia.
Además, está la Red Argentina de Bancos de Alimentos que, con 17 bancos, distribuye 7 millones de kilos de alimentos entre 1.300 organizaciones que asisten a unas 200 mil personas.
Generados por excedentes de producción, errores de envasado, fecha corta de vencimiento o por no reunir especificaciones técnicas que las empresas se imponen, estos alimentos se donan a la Red, que los clasifica y distribuye./ Orlando Tirapu

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