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Trombosis venosa profunda
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Por Redacción

Trombosis venosa profunda



La trombosis venosa profunda es el principal factor responsable de las tres causas de muerte relacionadas a enfermedades cardiovasculares en el mundo: el infarto agudo de miocardio, el accidente cerebrovascular y el tromboembolismo venoso (TEV). Por ello es preciso prestar atención a sus signos de alarma y medidas de prevención.


A nivel mundial existe un gran esfuerzo que nuclea a médicos, científicos, asociaciones profesionales y grupos de pacientes, en torno al objetivo común de generar conciencia acerca de la magnitud del problema relacionado a la trombosis y de resaltar la necesidad urgente de realizar actividades de educación pública y profesional en todo el mundo, es especial, acerca de su amenaza no reconocida y las graves consecuencias asociadas a la morbimortalidad de la TEV. En este sentido, Mendoza adhiere al pedido y se suma a las campañas de información y prevención.


La meta a largo plazo es reducir la mortalidad cardiovascular en un 25 % para el 2025. En el caso de la trombosis esto implica bajar el número de casos no diagnosticados o diagnosticados en forma tardía; aumentar la implementación de medidas de prevención basadas en la evidencia e incentivar a los sistemas de salud a aplicar estrategias que garanticen mejores prácticas para la prevención, diagnóstico y tratamiento.


Estar alerta ante la enfermedad implica conocer que se trata de un coágulo sanguíneo que se forma en las arterias o venas. La sangre en nuestro cuerpo se encuentra en estado líquido para poder circular a través de ellas; sólo se coagula cuando es necesario cortar el flujo sanguíneo (por una herida, por ejemplo).


Para que esto suceda hay una serie de elementos anticoagulantes y pro coagulantes disueltos en la sangre, que se hayan en equilibrio. Sin embargo, este mecanismo no siempre funciona en forma correcta y en ocasiones la sangre se coagula durante la circulación, lo que produce un trombo que la dificulta y así provoca la trombosis venosa. Enfermedad que origina tres de las principales causas de muerte cardiovascular en el mundo: infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y tromboembolismo venoso, coágulo que suele presentarse en piernas y pulmones.


Los trombos suceden tanto en las arterias como en las venas, pero son más frecuentes en los vasos venosos de las piernas. Esto es así por varios motivos: en primer lugar, la sangre venosa recoge las sustancias de desecho de los órganos corporales y es pobre en oxígeno, lo que favorece la activación de la coagulación; y en segundo lugar, las venas de las piernas se encuentran en la parte más inferior del cuerpo y a la sangre le cuesta mucho ascender hacia el corazón, lo que hace que a veces se estanque y coagule con facilidad.


Hay dos tipos de venas: las superficiales se encargan de recoger los desechos de la piel y la grasa subcutánea; y las profundas, que son las que recolectan la sangre venosa de músculos y huesos de la pierna; éstas poseen válvulas que permiten el paso de la sangre hacia arriba y evitan que ella retroceda por la fuerza de la gravedad. Cuando el coágulo sanguíneo se forma en el sistema venoso profundo, se denomina ‘trombosis venosa profunda’ o TVP. Cuando el coágulo se fragmenta y se desplaza desde la pierna a los pulmones, se llama “tromboembolismo pulmonar” o TEP. Este puede amenazar la vida y requiere atención médica urgente. En conjunto, estos dos tipos diferentes de coágulos peligrosos se conocen como TEV.


Una persona de cualquier edad puede tener un coágulo sanguíneo en la pierna o en un pulmón. Además, puede o no presentar síntomas o signos de alarma. Por lo tanto, es importante conocer los factores de riesgo y saber que ciertos eventos o situaciones pueden provocar su formación:



  • El uso de medicamentos que contienen estrógeno, como los anticonceptivos orales, la terapia de reemplazo hormonal y los diuréticos.

  • El embarazo o el post parto, por la hipercoagulación natural que el cuerpo desarrolla para detener la hemorragia del parto. Además, el crecimiento del feto provoca una compresión de las venas de la pelvis, lo que dificulta que la sangre venosa ascienda.

  • La edad avanzada: una persona de 80 años tiene de cinco a seis veces más riesgo que una de 40.

  • La herencia familiar: tener hipercoagulación congénita implica someterse a tratamientos que impidan la coagulación excesiva de la sangre.

  • La obesidad: el riesgo de TEV es de dos a tres veces mayor en personas con sobrepeso que en aquellas que no lo tienen; si se considera a la obesidad como una epidemia mundial, este es un factor importante a tratar para evitar sus consecuencias peligrosas.

  • El estancamiento de la sangre: ya sea por várices venosas en las piernas o por sedentarismo; se da tanto por la falta de ejercicio físico como por permanecer en reposo por largos períodos de tiempo. Dos de cada tres de estos coágulos se conforman hospitales, lo que se constituye como  la principal muerte hospitalaria que puede prevenirse.

  • Los traumatismos: aquellos derivan en rotura de huesos o ligamentos de las extremidades inferiores y que inmovilizan o terminan en cirugías, en especial las de cadera y rodilla.

  • El cáncer: algunos tipos aumentan la cantidad de sustancias pro coagulares en sangre, lo que facilita la trombosis venosa en las piernas. En ocasiones el cáncer no provoca este cuadro en forma directa pero sí los tratamientos que se utilizan para combatirlo.

  • Las infecciones locales con bacterias: ellas activan sustancias pro coagulantes de la sangre, lo que poco a poco conforma trombos que interrumpen el flujo sanguíneo y alargan la misma infección. Por lo general, estos casos se presentan en brazos ya que se relacionan a infecciones provocadas por vías e inyecciones hospitalarias.

  • La deshidratación: ésta hace que la sangre sea más densa de lo habitual, lo que dificulta el flujo continuo y favorece la coagulación.

  • El tabaco: es una causa muy extendida de trombosis venosa en la sociedad. Los tóxicos inhalados en los pulmones al fumar pasan a la sangre y son capaces de activar la coagulación en las venas de las piernas.

  • Insuficiencia cardíaca: el mal funcionamiento del corazón hace que a éste le cueste recoger la sangre venosa y por lo tanto ella se estanque en diferentes órganos corporales.


En tanto a los síntomas en forma puntual, si bien no todos los manifiestan, es importante conocerlos según el tipo de trombosis. Si se trata de la trombosis venosa superficial, es de fácil apreciación pues se observa en la piel un cordón duro y doloroso a lo largo de la vena afectada. Es habitual también el enrojecimiento y el calor en la zona. Por su parte, la trombosis venosa profunda o TVP suele pasar desapercibida en la mitad de los casos ya que provoca pocos o ningún signo de alerta en la piel.


Sin embargo, su síntoma más frecuente es el dolor o sensibilidad que comienza, por lo general, en la pantorrilla; también puede manifestarse hinchazón que abarca el tobillo y el pie. Por último, el tromboembolismo de pulmón o TEP implica falta de aire inexplicada, aumento de la frecuencia respiratoria y de la cardíaca; dolor de pecho que suele empeorar al respirar hondo, mareos y/o desmayos.


Dada su complejidad es oportuno conocer la forma de prevenir estas enfermedades que devienen de la formación de coágulos sanguíneos. Hay dos medidas claves para reducir la morbimortalidad que ocasiona la trombosis: por un lado, el diagnóstico y el tratamiento temprano de la persona con síntomas; y por otro, la prevención en aquella que sin tener señales de alarma podría tener riesgo de conformar este tipo de coágulos.


En forma específica la trombosis superficial puede evitarse con medidas que incluyan la elevación de las piernas, los cambios de postura y el ejercicio físico; y en caso de ser muy frecuente, se puede acudir a la cirugía y las ligaduras. La que es profunda, requiere de reposo con pierna elevada, tratamientos anticoagulantes y en casos severos, un filtro en la vena cava para que los trombos no lleguen a los pulmones.


En todos los casos es bueno adquirir hábitos saludables, dejar de fumar, realizar ejercicio físico y mantener un peso adecuado. También es preciso prevenir el síndrome turista, un trastorno que se da ante la inmovilidad que provocan los viajes largos, es decir, hay que evitar el estancamiento de la sangre. Por otro lado, los grupos de riesgo establecidos, como los recién operados de la cadera o con hipercoagulación congénita, deben recibir tratamiento anticoagulante aunque nunca manifiesten un episodio de trombosis venosa.


El profesional de la salud detecta la TVP mediante algunas pruebas, las que incluyen la eco-doppler, que es una ecografía que detecta el flujo de la sangre; y la resonancia magnética: que marca la obstrucción de las venas. Es preciso realizar estos estudios a tiempo pues la trombosis puede tener complicaciones, las que varían según su tipo.  La trombosis en venas superficiales puede desarrollar dermatitis, pigmentación, úlceras en el tobillo o sangrados subcutáneos.


La trombosis profunda suele derivar en complicaciones graves, tales como insuficiencia venosa crónica, la que provoca edema de las piernas, dolor crónico y deterioro de las venas superficiales.  Cuando se trata de tromboembolismo pulmonar, su complicación constituye una emergencia médica por su alta mortalidad. Aquí un trombo del sistema venoso profundo se libera y llega al corazón, del que es impulsado hacia los pulmones; así provoca la interrupción del flujo sanguíneo.


Siempre es bueno acudir al médico, aun cuando las molestias sean pequeñas. Prevenir esta enfermedad, en cualquiera de sus formas, reduce con significancia las muertes que se le relacionan en forma directa o indirecta.


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Trombosis venosa profunda

La trombosis venosa profunda es el principal factor responsable de las tres causas de muerte relacionadas a enfermedades cardiovasculares en el mundo: el infarto agudo de miocardio, el accidente cerebrovascular y el tromboembolismo venoso (TEV). Por ello es preciso prestar atención a sus signos de alarma y medidas de prevención.

A nivel mundial existe un gran esfuerzo que nuclea a médicos, científicos, asociaciones profesionales y grupos de pacientes, en torno al objetivo común de generar conciencia acerca de la magnitud del problema relacionado a la trombosis y de resaltar la necesidad urgente de realizar actividades de educación pública y profesional en todo el mundo, es especial, acerca de su amenaza no reconocida y las graves consecuencias asociadas a la morbimortalidad de la TEV. En este sentido, Mendoza adhiere al pedido y se suma a las campañas de información y prevención.

La meta a largo plazo es reducir la mortalidad cardiovascular en un 25 % para el 2025. En el caso de la trombosis esto implica bajar el número de casos no diagnosticados o diagnosticados en forma tardía; aumentar la implementación de medidas de prevención basadas en la evidencia e incentivar a los sistemas de salud a aplicar estrategias que garanticen mejores prácticas para la prevención, diagnóstico y tratamiento.

Estar alerta ante la enfermedad implica conocer que se trata de un coágulo sanguíneo que se forma en las arterias o venas. La sangre en nuestro cuerpo se encuentra en estado líquido para poder circular a través de ellas; sólo se coagula cuando es necesario cortar el flujo sanguíneo (por una herida, por ejemplo).

Para que esto suceda hay una serie de elementos anticoagulantes y pro coagulantes disueltos en la sangre, que se hayan en equilibrio. Sin embargo, este mecanismo no siempre funciona en forma correcta y en ocasiones la sangre se coagula durante la circulación, lo que produce un trombo que la dificulta y así provoca la trombosis venosa. Enfermedad que origina tres de las principales causas de muerte cardiovascular en el mundo: infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y tromboembolismo venoso, coágulo que suele presentarse en piernas y pulmones.

Los trombos suceden tanto en las arterias como en las venas, pero son más frecuentes en los vasos venosos de las piernas. Esto es así por varios motivos: en primer lugar, la sangre venosa recoge las sustancias de desecho de los órganos corporales y es pobre en oxígeno, lo que favorece la activación de la coagulación; y en segundo lugar, las venas de las piernas se encuentran en la parte más inferior del cuerpo y a la sangre le cuesta mucho ascender hacia el corazón, lo que hace que a veces se estanque y coagule con facilidad.

Hay dos tipos de venas: las superficiales se encargan de recoger los desechos de la piel y la grasa subcutánea; y las profundas, que son las que recolectan la sangre venosa de músculos y huesos de la pierna; éstas poseen válvulas que permiten el paso de la sangre hacia arriba y evitan que ella retroceda por la fuerza de la gravedad. Cuando el coágulo sanguíneo se forma en el sistema venoso profundo, se denomina ‘trombosis venosa profunda’ o TVP. Cuando el coágulo se fragmenta y se desplaza desde la pierna a los pulmones, se llama “tromboembolismo pulmonar” o TEP. Este puede amenazar la vida y requiere atención médica urgente. En conjunto, estos dos tipos diferentes de coágulos peligrosos se conocen como TEV.

Una persona de cualquier edad puede tener un coágulo sanguíneo en la pierna o en un pulmón. Además, puede o no presentar síntomas o signos de alarma. Por lo tanto, es importante conocer los factores de riesgo y saber que ciertos eventos o situaciones pueden provocar su formación:

  • El uso de medicamentos que contienen estrógeno, como los anticonceptivos orales, la terapia de reemplazo hormonal y los diuréticos.
  • El embarazo o el post parto, por la hipercoagulación natural que el cuerpo desarrolla para detener la hemorragia del parto. Además, el crecimiento del feto provoca una compresión de las venas de la pelvis, lo que dificulta que la sangre venosa ascienda.
  • La edad avanzada: una persona de 80 años tiene de cinco a seis veces más riesgo que una de 40.
  • La herencia familiar: tener hipercoagulación congénita implica someterse a tratamientos que impidan la coagulación excesiva de la sangre.
  • La obesidad: el riesgo de TEV es de dos a tres veces mayor en personas con sobrepeso que en aquellas que no lo tienen; si se considera a la obesidad como una epidemia mundial, este es un factor importante a tratar para evitar sus consecuencias peligrosas.
  • El estancamiento de la sangre: ya sea por várices venosas en las piernas o por sedentarismo; se da tanto por la falta de ejercicio físico como por permanecer en reposo por largos períodos de tiempo. Dos de cada tres de estos coágulos se conforman hospitales, lo que se constituye como  la principal muerte hospitalaria que puede prevenirse.
  • Los traumatismos: aquellos derivan en rotura de huesos o ligamentos de las extremidades inferiores y que inmovilizan o terminan en cirugías, en especial las de cadera y rodilla.
  • El cáncer: algunos tipos aumentan la cantidad de sustancias pro coagulares en sangre, lo que facilita la trombosis venosa en las piernas. En ocasiones el cáncer no provoca este cuadro en forma directa pero sí los tratamientos que se utilizan para combatirlo.
  • Las infecciones locales con bacterias: ellas activan sustancias pro coagulantes de la sangre, lo que poco a poco conforma trombos que interrumpen el flujo sanguíneo y alargan la misma infección. Por lo general, estos casos se presentan en brazos ya que se relacionan a infecciones provocadas por vías e inyecciones hospitalarias.
  • La deshidratación: ésta hace que la sangre sea más densa de lo habitual, lo que dificulta el flujo continuo y favorece la coagulación.
  • El tabaco: es una causa muy extendida de trombosis venosa en la sociedad. Los tóxicos inhalados en los pulmones al fumar pasan a la sangre y son capaces de activar la coagulación en las venas de las piernas.
  • Insuficiencia cardíaca: el mal funcionamiento del corazón hace que a éste le cueste recoger la sangre venosa y por lo tanto ella se estanque en diferentes órganos corporales.

En tanto a los síntomas en forma puntual, si bien no todos los manifiestan, es importante conocerlos según el tipo de trombosis. Si se trata de la trombosis venosa superficial, es de fácil apreciación pues se observa en la piel un cordón duro y doloroso a lo largo de la vena afectada. Es habitual también el enrojecimiento y el calor en la zona. Por su parte, la trombosis venosa profunda o TVP suele pasar desapercibida en la mitad de los casos ya que provoca pocos o ningún signo de alerta en la piel.

Sin embargo, su síntoma más frecuente es el dolor o sensibilidad que comienza, por lo general, en la pantorrilla; también puede manifestarse hinchazón que abarca el tobillo y el pie. Por último, el tromboembolismo de pulmón o TEP implica falta de aire inexplicada, aumento de la frecuencia respiratoria y de la cardíaca; dolor de pecho que suele empeorar al respirar hondo, mareos y/o desmayos.

Dada su complejidad es oportuno conocer la forma de prevenir estas enfermedades que devienen de la formación de coágulos sanguíneos. Hay dos medidas claves para reducir la morbimortalidad que ocasiona la trombosis: por un lado, el diagnóstico y el tratamiento temprano de la persona con síntomas; y por otro, la prevención en aquella que sin tener señales de alarma podría tener riesgo de conformar este tipo de coágulos.

En forma específica la trombosis superficial puede evitarse con medidas que incluyan la elevación de las piernas, los cambios de postura y el ejercicio físico; y en caso de ser muy frecuente, se puede acudir a la cirugía y las ligaduras. La que es profunda, requiere de reposo con pierna elevada, tratamientos anticoagulantes y en casos severos, un filtro en la vena cava para que los trombos no lleguen a los pulmones.

En todos los casos es bueno adquirir hábitos saludables, dejar de fumar, realizar ejercicio físico y mantener un peso adecuado. También es preciso prevenir el síndrome turista, un trastorno que se da ante la inmovilidad que provocan los viajes largos, es decir, hay que evitar el estancamiento de la sangre. Por otro lado, los grupos de riesgo establecidos, como los recién operados de la cadera o con hipercoagulación congénita, deben recibir tratamiento anticoagulante aunque nunca manifiesten un episodio de trombosis venosa.

El profesional de la salud detecta la TVP mediante algunas pruebas, las que incluyen la eco-doppler, que es una ecografía que detecta el flujo de la sangre; y la resonancia magnética: que marca la obstrucción de las venas. Es preciso realizar estos estudios a tiempo pues la trombosis puede tener complicaciones, las que varían según su tipo.  La trombosis en venas superficiales puede desarrollar dermatitis, pigmentación, úlceras en el tobillo o sangrados subcutáneos.

La trombosis profunda suele derivar en complicaciones graves, tales como insuficiencia venosa crónica, la que provoca edema de las piernas, dolor crónico y deterioro de las venas superficiales.  Cuando se trata de tromboembolismo pulmonar, su complicación constituye una emergencia médica por su alta mortalidad. Aquí un trombo del sistema venoso profundo se libera y llega al corazón, del que es impulsado hacia los pulmones; así provoca la interrupción del flujo sanguíneo.

Siempre es bueno acudir al médico, aun cuando las molestias sean pequeñas. Prevenir esta enfermedad, en cualquiera de sus formas, reduce con significancia las muertes que se le relacionan en forma directa o indirecta.

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