ciudadanodiario.com.ar
Todo un ejemplo
Cargando...
Por Redacción

Todo un ejemplo



José Benítez nació en 1958 en Colonia Tabay, un pueblo ubicado a 139 kilómetros de la capital de Corrientes. Allí, la escuela 1-093 lo vio alcanzar el sexto grado, pero no lo vio terminar la primaria. Sus padres migraron a Buenos Aires y José abandonó sus estudios. Cuatro décadas más tarde, y siendo celador de una escuela de Guaymallén, completó la primaria y ahora cursa la secundaria. La historia de un hombre que volvió a festejar el Día del Estudiante, tras 40 años de exclusión.


“Pasaron 40 años desde que mis padres decidieron partir de Tabay y yo, con 15 años, no había terminado la primaria. Fuimos a Claypole –Buenos Aires- donde intenté retomar, pero al tiempo continuaron los viajes y mudanzas”. Así resume José una historia llena de idas y vueltas que lo fueron excluyendo del sistema educativo. Los viajes, la falta de documentación que acreditara sus estudios y el paso del tiempo fueron algunas de las causas de ese alejamiento.


José Benítez llegó a Mendoza a mediados en los ´80. Dedicado a la construcción, fue uno de los obreros que trabajó en la construcción del Dique Potrerillos. Pero, en el año 2003, un guiño del destino lo acercaría a saldar la deuda pendiente de terminar la escuela, cuando comenzó a trabajar de celador en la escuela Fray Benito Lamas, de Buena Nueva.


Sin dudas, la cercanía con el mundo de los conocimientos fue clave para que José se sacara de encima la pesada mochila de no contar con estudios primarios completos. “Llevaba y traía mapas y planisferios y por eso siempre supe mucho de geografía. Escuchaba lo que las maestras enseñaban y estaba atento a todo”, relata José.


Esto fue lo que comprobaron quienes están a cargo del programa “Escuela Abierta”, una de las herramientas con las que el municipio de Guaymallén busca apuntalar la terminalidad educativa en el departamento. “Cuando evaluamos a José nos dimos cuenta de que traía consigo un bagaje importante y estaba en condiciones de retomar sus estudios. Sabía mucho de todo y luego supimos que mientras trabajó de celador escuchaba mucho y seguía aprendiendo”, señala Grover Vega, coordinador del programa “Escuela Abierta”.


En los primeros días de septiembre de este año, José terminó la primaria y, casi de inmediato, comenzó a cursar, todos los sábados, sus estudios secundarios en un CENS que depende del SUTE.


Un buen alumno


Dedicación y sacrificio son dos de los pilares que sostuvieron firme en José la idea de terminar sus estudios. “Soy un buen alumno. Dejé muchas cosas de lado con tal de seguir estudiando. La primaria la terminé cursando los sábados, para lo que tuve que quitarle tiempo a mi familia y al fútbol”, cuenta el celador que juega de 3 y de 11 para un equipo que participa de la “Liga del Cacique”.


Fines de semana o a contraturno, Benítez aprovechó el tiempo al máximo. Los chicos de la Benito Lamas se sorprendían al verlo sentado en un aula, frente al pizarrón. “Vengo a hacer lo mismo que ustedes: aprender”, les respondía el celador. “Ellos me apoyaron siempre y estaban contentos de mi decisión de terminar la escuela”, cuenta.


En las materias humanísticas, José se mueve como un pez en el agua. Sociales y Geografía son sus favoritas y, ahora, orgulloso cuenta que puede explicar temas a dos de sus hijos que aún están en la primaria: “Hace poco pude contarle a uno de ellos cuál era la línea del Ecuador”.


Igual que Mostaza Merlo


Como buen futbolero, a Benítez le quedan cómodas las frases futboleras. Para describir sus perspectivas a futuro utiliza una de “Mostaza” Merlo. “Quiero ir paso a paso, primero terminar la secundaria y después veremos. Aunque me entusiasma la Comunicación Social”, se ilusiona.


José tiene tres años por delante para completar sus estudios secundarios. Entre tanto, su trabajo diario lo espera en la escuela Fray Benito Lamas, donde ya se supo ganar el respeto y la admiración de autoridades, docentes, padres y alumnos.


comentarios

Compartir en facebook
Compartir en twitter

Todo un ejemplo

José Benítez nació en 1958 en Colonia Tabay, un pueblo ubicado a 139 kilómetros de la capital de Corrientes. Allí, la escuela 1-093 lo vio alcanzar el sexto grado, pero no lo vio terminar la primaria. Sus padres migraron a Buenos Aires y José abandonó sus estudios. Cuatro décadas más tarde, y siendo celador de una escuela de Guaymallén, completó la primaria y ahora cursa la secundaria. La historia de un hombre que volvió a festejar el Día del Estudiante, tras 40 años de exclusión.

“Pasaron 40 años desde que mis padres decidieron partir de Tabay y yo, con 15 años, no había terminado la primaria. Fuimos a Claypole –Buenos Aires- donde intenté retomar, pero al tiempo continuaron los viajes y mudanzas”. Así resume José una historia llena de idas y vueltas que lo fueron excluyendo del sistema educativo. Los viajes, la falta de documentación que acreditara sus estudios y el paso del tiempo fueron algunas de las causas de ese alejamiento.

José Benítez llegó a Mendoza a mediados en los ´80. Dedicado a la construcción, fue uno de los obreros que trabajó en la construcción del Dique Potrerillos. Pero, en el año 2003, un guiño del destino lo acercaría a saldar la deuda pendiente de terminar la escuela, cuando comenzó a trabajar de celador en la escuela Fray Benito Lamas, de Buena Nueva.

Sin dudas, la cercanía con el mundo de los conocimientos fue clave para que José se sacara de encima la pesada mochila de no contar con estudios primarios completos. “Llevaba y traía mapas y planisferios y por eso siempre supe mucho de geografía. Escuchaba lo que las maestras enseñaban y estaba atento a todo”, relata José.

Esto fue lo que comprobaron quienes están a cargo del programa “Escuela Abierta”, una de las herramientas con las que el municipio de Guaymallén busca apuntalar la terminalidad educativa en el departamento. “Cuando evaluamos a José nos dimos cuenta de que traía consigo un bagaje importante y estaba en condiciones de retomar sus estudios. Sabía mucho de todo y luego supimos que mientras trabajó de celador escuchaba mucho y seguía aprendiendo”, señala Grover Vega, coordinador del programa “Escuela Abierta”.

En los primeros días de septiembre de este año, José terminó la primaria y, casi de inmediato, comenzó a cursar, todos los sábados, sus estudios secundarios en un CENS que depende del SUTE.

Un buen alumno

Dedicación y sacrificio son dos de los pilares que sostuvieron firme en José la idea de terminar sus estudios. “Soy un buen alumno. Dejé muchas cosas de lado con tal de seguir estudiando. La primaria la terminé cursando los sábados, para lo que tuve que quitarle tiempo a mi familia y al fútbol”, cuenta el celador que juega de 3 y de 11 para un equipo que participa de la “Liga del Cacique”.

Fines de semana o a contraturno, Benítez aprovechó el tiempo al máximo. Los chicos de la Benito Lamas se sorprendían al verlo sentado en un aula, frente al pizarrón. “Vengo a hacer lo mismo que ustedes: aprender”, les respondía el celador. “Ellos me apoyaron siempre y estaban contentos de mi decisión de terminar la escuela”, cuenta.

En las materias humanísticas, José se mueve como un pez en el agua. Sociales y Geografía son sus favoritas y, ahora, orgulloso cuenta que puede explicar temas a dos de sus hijos que aún están en la primaria: “Hace poco pude contarle a uno de ellos cuál era la línea del Ecuador”.

Igual que Mostaza Merlo

Como buen futbolero, a Benítez le quedan cómodas las frases futboleras. Para describir sus perspectivas a futuro utiliza una de “Mostaza” Merlo. “Quiero ir paso a paso, primero terminar la secundaria y después veremos. Aunque me entusiasma la Comunicación Social”, se ilusiona.

José tiene tres años por delante para completar sus estudios secundarios. Entre tanto, su trabajo diario lo espera en la escuela Fray Benito Lamas, donde ya se supo ganar el respeto y la admiración de autoridades, docentes, padres y alumnos.

comentarios

Login