ciudadanodiario.com.ar
También hay que barrer debajo de la alfombra
Cargando...
Por Redacción

También hay que barrer debajo de la alfombra



A 15 días de comenzado el presente año, la Argentina ya lamenta dos muertes por desnutrición que no tardaron en despertar la atención de los medios por la gravedad del caso. El 7 de enero, el país se despertaba con la triste noticia de que Néstor Femenía, de siete años, y perteneciente a la comunidad qom había fallecido de tuberculosis pulmonar, la cual se había desarrollado en un claro contexto fisiológico de bajo peso. En otras palabras, de no haber estado desnutrido, Néstor todavía estaría entre los suyos. Por otra parte, ayer se conoció el caso de Carlos Cáceres, un adolescente de 16 años, también del Chaco, quién habría muerto por tuberculosis aunque además presentaba un alto grado de desnutrición.


Lo único rescatable de todo este negro panorama, calificado de “surrealista” por el médico Abel Albino, es que la desnutrición volvió a tomar atención tanto de los medios de comunicación como de los organismos encargados de controlar “por fuera” esta habitual problemática del granero del mundo.


Así se pudo saber que a pesar de las políticas inclusivas que caracterizan a esta gestión de gobierno, la cantidad de chicos desnutridos en Mendoza superarían los 850 casos. El dato es el resultado de un cruzamiento realizado por diversas asociaciones locales que trabajan en defensa de los derechos humanos y del niño acopladas a los balances anuales de la Fundación CONIN, la principal red de lucha contra este flagelo, que cuenta con 63 centros de asistencia en todo el país y preside el doctor Albino.


Sin embargo, este tipo de balances sanitarios, que a su vez reflejan una realidad de características sociales, son vilmente ocultados por los responsables de hacerle frente al problema que evidentemente hoy no tiene solución. Así, el Ministerio de Salud de la provincia solo se limita a difundir una vez por año las cifras asociadas con el bajo peso o muy bajo peso al nacer, e inclusive el último cálculo corresponde a 2012. Mientras tanto, en relación a la estadística reciente, la cartera sanitaria no ha brindado números que reflejen con exactitud la cantidad de episodios en los que un niño abandona un hospital afectado por la desnutrición.


Mientras tanto, la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo releva márgenes de sobrepeso u obesidad, pero nada dice sobre el bajo peso. Para colmo, la última Encuesta Nacional de Nutrición y Salud es de hace nueve años. En esa época (2007), los resultados alcanzaron a chicos de hasta 5 años, embarazadas y toda población femenina de entre 10 y 49 años. Entonces, menos del 2% de los “censados” padecían desnutrición aguda y alrededor del 8% de desnutrición crónica, en función al índice antropométrico utilizado para el relevamiento.


Pero por más que se lo intente, el sol no se puede tapar con una mano y por suerte todavía existen muchas organizaciones no gubernamentales, como CONIN, que bregan por la salud de estos miles a los que no les alcanza ni para comer.


Para el doctor Albino, “la mortalidad infantil hoy es muy alta, y la desnutrición también, pero tenemos un indicador indirecto, porque no hay estadísticas, porque como no se considera que existe esta enfermedad, porque como cuando se habla de desnutrición se habla de un culpable, y como el nuestro es un país sin culpables, nadie tiene la culpa de nada. La mortalidad infantil es un indicador indirecto de desnutrición; entonces, si tenemos tasas de mortalidad infantil que van del 7,4 por mil en Tierra del Fuego al 20 por mil en Formosa, ése es el nivel de desnutrición que tenemos. Si queremos analizarlo tenemos que movernos dentro de eso; no parece mucho, tenemos el 13, 15 por mil, pero si lo comparamos con el 6 o 7 por mil de Chile, es un papelón de la Argentina, y es una vergüenza para nuestro país. Argentina fue la séptima economía del mundo, a principios del siglo pasado nos llamaban ‘El asombro del mundo’, hoy nos siguen llamando así porque nadie entiende cómo hicimos para fundirla”.


Además de CONIN, existen otras agrupaciones, como Help Argentina, Nutrir Vida y Sin Fronteras, que también trabajan para terminar con esta dolorosa injusticia./ Orlando Tirapu


comentarios

Compartir en facebook
Compartir en twitter

También hay que barrer debajo de la alfombra

A 15 días de comenzado el presente año, la Argentina ya lamenta dos muertes por desnutrición que no tardaron en despertar la atención de los medios por la gravedad del caso. El 7 de enero, el país se despertaba con la triste noticia de que Néstor Femenía, de siete años, y perteneciente a la comunidad qom había fallecido de tuberculosis pulmonar, la cual se había desarrollado en un claro contexto fisiológico de bajo peso. En otras palabras, de no haber estado desnutrido, Néstor todavía estaría entre los suyos. Por otra parte, ayer se conoció el caso de Carlos Cáceres, un adolescente de 16 años, también del Chaco, quién habría muerto por tuberculosis aunque además presentaba un alto grado de desnutrición.

Lo único rescatable de todo este negro panorama, calificado de “surrealista” por el médico Abel Albino, es que la desnutrición volvió a tomar atención tanto de los medios de comunicación como de los organismos encargados de controlar “por fuera” esta habitual problemática del granero del mundo.

Así se pudo saber que a pesar de las políticas inclusivas que caracterizan a esta gestión de gobierno, la cantidad de chicos desnutridos en Mendoza superarían los 850 casos. El dato es el resultado de un cruzamiento realizado por diversas asociaciones locales que trabajan en defensa de los derechos humanos y del niño acopladas a los balances anuales de la Fundación CONIN, la principal red de lucha contra este flagelo, que cuenta con 63 centros de asistencia en todo el país y preside el doctor Albino.

Sin embargo, este tipo de balances sanitarios, que a su vez reflejan una realidad de características sociales, son vilmente ocultados por los responsables de hacerle frente al problema que evidentemente hoy no tiene solución. Así, el Ministerio de Salud de la provincia solo se limita a difundir una vez por año las cifras asociadas con el bajo peso o muy bajo peso al nacer, e inclusive el último cálculo corresponde a 2012. Mientras tanto, en relación a la estadística reciente, la cartera sanitaria no ha brindado números que reflejen con exactitud la cantidad de episodios en los que un niño abandona un hospital afectado por la desnutrición.

Mientras tanto, la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo releva márgenes de sobrepeso u obesidad, pero nada dice sobre el bajo peso. Para colmo, la última Encuesta Nacional de Nutrición y Salud es de hace nueve años. En esa época (2007), los resultados alcanzaron a chicos de hasta 5 años, embarazadas y toda población femenina de entre 10 y 49 años. Entonces, menos del 2% de los “censados” padecían desnutrición aguda y alrededor del 8% de desnutrición crónica, en función al índice antropométrico utilizado para el relevamiento.

Pero por más que se lo intente, el sol no se puede tapar con una mano y por suerte todavía existen muchas organizaciones no gubernamentales, como CONIN, que bregan por la salud de estos miles a los que no les alcanza ni para comer.

Para el doctor Albino, “la mortalidad infantil hoy es muy alta, y la desnutrición también, pero tenemos un indicador indirecto, porque no hay estadísticas, porque como no se considera que existe esta enfermedad, porque como cuando se habla de desnutrición se habla de un culpable, y como el nuestro es un país sin culpables, nadie tiene la culpa de nada. La mortalidad infantil es un indicador indirecto de desnutrición; entonces, si tenemos tasas de mortalidad infantil que van del 7,4 por mil en Tierra del Fuego al 20 por mil en Formosa, ése es el nivel de desnutrición que tenemos. Si queremos analizarlo tenemos que movernos dentro de eso; no parece mucho, tenemos el 13, 15 por mil, pero si lo comparamos con el 6 o 7 por mil de Chile, es un papelón de la Argentina, y es una vergüenza para nuestro país. Argentina fue la séptima economía del mundo, a principios del siglo pasado nos llamaban ‘El asombro del mundo’, hoy nos siguen llamando así porque nadie entiende cómo hicimos para fundirla”.

Además de CONIN, existen otras agrupaciones, como Help Argentina, Nutrir Vida y Sin Fronteras, que también trabajan para terminar con esta dolorosa injusticia./ Orlando Tirapu

comentarios

Login