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Súper Dan
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Por Redacción

Súper Dan



La historia siempre guarda lugar para unos pocos. Parece cosa de elegidos eso de trascender. Y solo de un puñado aquellos que pueden transformar sus sueños en realidad.


Daniel William “Dan” Carter, nació el 5 de marzo de 1982 en Southbridge, Christchurch (una pequeña ciudad de la isla sur de Nueva Zelanda). La historia cuenta que hizo su primer tackle a los tres años (a su madre) y que a los 5 jugó su primer partido de rugby unión para el Southbridge Rugby Club, jugando de medio scrum (como su tio abuelo Bill Dalley , que fue miembro de los invencibles en 1924-1925).


A los 8, su padre destruyó el jardín de su casa para que su hijo pudiera practicar tiros a los palos, ya que era un verdadero fanático. Asistió inicialmente a la Ellesmere College y pasó luego a la prestigiosa Christchurch Boys High School , cuna de muchos de los All Blacks.


Su otra gran pasión fueron los trajes de súper héroes, colecciono durante años hasta que su esposa Honor Dillon (jugadora de Hockey de su país) le obligó a sacarlos de la casa por qué ocupaban todo un placard que en unos meses iba a ser ocupado por su primer hijo. Entonces Dan llevo todos sus trajes a casa de un amigo.


Solo conservo uno, el de mejor jugador de un Mundial de Rugby. Es que Carter vio como sus compañeros se coronaron en el Mundial de 2011 desde el banco de suplentes, no por una merma en su nivel, sino por una lesión que le impidió jugar los cotejos decisivos.


El astro neocelandés puso su residencia en juego, poso la mirada en Inglaterra y se preparó para ello. No fueron años fáciles para Carter que tuvo numerosas lesiones e inclusive algunos diagnósticos poco favorables. Sin embargo la mentalidad de crack le permitió llegar de la mejor forma al Mundial y, una vez ahí nada podría detenerlo.


El mundial de Dan Carter fue de menor a mayor, en el partido inicial con los Pumas mostró apenas detalles de su innumerable cantidad de recursos. La efectividad de siempre en sus envíos a los “palos” la precisión de sus kicks para poner a los “hombres de negro” siempre adelante, y algún que otro rever sobre el contacto para deleitar a propios y ajenos.


Lo mejor se lo había guardado para el 31 de octubre en Twickenham. Sus rivales, el poderío de Australia y sus propios fantasmas. Esos que surgen de saber que ya no hay más oportunidades, este era su último partido con la camiseta negra, ya que había decidido emigrar al rugby francés (Racing Metro) y no podes vestir la camiseta de los All Blacks si jugas e otro país.


Lo cierto es que cuando el encuentro parecía complicársele a Nueva Zelanda, aquel chico que coleccionaba disfraces de súper héroes, sacó el de Súper Daniel para convertir un drop dificilísimo que le dió respiro al doble campeón del Mundo.


Pero esa no fue la única proeza de Súper Dan, su efectividad fue casi perfecta y cada una de sus decisiones siempre fueron correctas para que su seleccionado pudiera coronarse. Carter jugó su partido perfecto en su encuentro despedida, ya podrá llevar su último traje a la casa de su amigo.


Por Gabriel Landart – Diario El Ciudadano on line


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Súper Dan

La historia siempre guarda lugar para unos pocos. Parece cosa de elegidos eso de trascender. Y solo de un puñado aquellos que pueden transformar sus sueños en realidad.

Daniel William “Dan” Carter, nació el 5 de marzo de 1982 en Southbridge, Christchurch (una pequeña ciudad de la isla sur de Nueva Zelanda). La historia cuenta que hizo su primer tackle a los tres años (a su madre) y que a los 5 jugó su primer partido de rugby unión para el Southbridge Rugby Club, jugando de medio scrum (como su tio abuelo Bill Dalley , que fue miembro de los invencibles en 1924-1925).

A los 8, su padre destruyó el jardín de su casa para que su hijo pudiera practicar tiros a los palos, ya que era un verdadero fanático. Asistió inicialmente a la Ellesmere College y pasó luego a la prestigiosa Christchurch Boys High School , cuna de muchos de los All Blacks.

Su otra gran pasión fueron los trajes de súper héroes, colecciono durante años hasta que su esposa Honor Dillon (jugadora de Hockey de su país) le obligó a sacarlos de la casa por qué ocupaban todo un placard que en unos meses iba a ser ocupado por su primer hijo. Entonces Dan llevo todos sus trajes a casa de un amigo.

Solo conservo uno, el de mejor jugador de un Mundial de Rugby. Es que Carter vio como sus compañeros se coronaron en el Mundial de 2011 desde el banco de suplentes, no por una merma en su nivel, sino por una lesión que le impidió jugar los cotejos decisivos.

El astro neocelandés puso su residencia en juego, poso la mirada en Inglaterra y se preparó para ello. No fueron años fáciles para Carter que tuvo numerosas lesiones e inclusive algunos diagnósticos poco favorables. Sin embargo la mentalidad de crack le permitió llegar de la mejor forma al Mundial y, una vez ahí nada podría detenerlo.

El mundial de Dan Carter fue de menor a mayor, en el partido inicial con los Pumas mostró apenas detalles de su innumerable cantidad de recursos. La efectividad de siempre en sus envíos a los “palos” la precisión de sus kicks para poner a los “hombres de negro” siempre adelante, y algún que otro rever sobre el contacto para deleitar a propios y ajenos.

Lo mejor se lo había guardado para el 31 de octubre en Twickenham. Sus rivales, el poderío de Australia y sus propios fantasmas. Esos que surgen de saber que ya no hay más oportunidades, este era su último partido con la camiseta negra, ya que había decidido emigrar al rugby francés (Racing Metro) y no podes vestir la camiseta de los All Blacks si jugas e otro país.

Lo cierto es que cuando el encuentro parecía complicársele a Nueva Zelanda, aquel chico que coleccionaba disfraces de súper héroes, sacó el de Súper Daniel para convertir un drop dificilísimo que le dió respiro al doble campeón del Mundo.

Pero esa no fue la única proeza de Súper Dan, su efectividad fue casi perfecta y cada una de sus decisiones siempre fueron correctas para que su seleccionado pudiera coronarse. Carter jugó su partido perfecto en su encuentro despedida, ya podrá llevar su último traje a la casa de su amigo.

Por Gabriel Landart – Diario El Ciudadano on line

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