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Subsidiada, pero igual desesperada
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Por Redacción

Subsidiada, pero igual desesperada



Un nuevo caso de violencia de género, abandono social y desamparo económico, llegó a la redacción de El Ciudadano y descubre así una realidad social deficitaria relacionada con el sistema de políticas de subsidios y protección a los más vulnerables de nuestra sociedad.


El dato llegó a la redacción de este diario cuando una empleada del banco Superville (entidad encargada de pagar las Asignaciones Universales por Hijo –AUH– en Ciudad), tomó conocimiento de una realidad inquietante: “Estaba en el local cuando veo que en la fila de cobros de la AUH había una chica llorando desconsolada, con una nena chica en brazos. Me acerqué para preguntarle si estaba bien y ella, llorando, me dijo que necesitaba ayuda para poder dar en adopción dos mellizos que tenía en el vientre. Además, también me relató que, con la plata que le dan en el banco no le alcanza para darle de comer a su nena de cuatro años y mucho menos le iba a alcanzar para las bebas en camino”, comentó Lucila Fernández, empleada de la institución bancaria y testigo presencial de este hecho de abandono y vulnerabilidad al límite.


Ante esta situación, El Ciudadano tomó contacto con la joven, que vive en un evidente estado de desesperación y exclusión social.


Yamila (reservamos su apellido por su pedido expreso) tiene 29 años, es mamá de seis chicos y está embarazada desde hace cinco meses de dos mellizas que, según sus palabras, necesita “poner en adopción” ya que no puede “hacerse cargo”. Lo cierto es que, por sus propios medios, es muy difícil que pueda encarar la dramática situación.


Para empezar, esta mamá es indigente. Su único ingreso mensual es el que percibe del Estado nacional a través del sistema de asignaciones familiares. También ha tenido que abandonar su hogar por temas relacionados con la violencia de género y por el mismo motivo no puede volver. Además, está esperando familia y por lo tanto no puede trabajar, aunque por razones que se caen de maduras, tampoco podía hacerlo antes.


“Cuando no estaba embarazada no podía hacer trabajos porque no tenía donde dejar a mis hijos. Mi marido nos pegaba y me tuve que escapar a lo de mi hermana. Ella está ahora cuidando a mis otros cuatro nenes, pero ya se le está haciendo difícil porque tiene cinco hijos propios y no puede mantener a todos”, relata la joven mujer.


“El lunes (día en que fue a cobrar la asignación), mi hermana me dijo que no daba más y que me los tengo que llevar. Ahora voy callejeando con la más chiquita, que me necesita, pero necesito estar con mis otros chicos también, pero no tengo un lugar para estar”, explica Yamila con la voz entrecortada y lágrimas en los ojos”.


“No me queda otra que pedir en la calle con la nena que anda conmigo todo el día. Necesitamos ayuda, por favor”, suplicó la madre a El Ciudadano.


Ahora, el caso de Yamila está en manos de ciudadanos comunes que se interesaron en difundir su historia por los medios y proporcionarle ayuda económica de emergencia.


Sin embargo, lo que más necesita esta mujer es un lugar dónde vivir. Yamila y sus chicos no tienen dónde pasar las noches y además necesita cambiar su idea. “Hoy, que no tengo donde vivir ni donde trabajar ni nada, estoy desesperada y quiero dar en adopción a mis hijas que llegan en menos de cuatro meses. He pensado mucho y es lo que tengo que hacer por el bien de los bebés, aunque no me guste. Estoy desesperada”, finalizó Yamila M.


Sin cambios, la asignación universal por hijo perpetúa la pobreza


La política que mayor aceptación convoca es la Asignación Universal por Hijo (AUH). El oficialismo la reivindica como un gran logro y la oposición no presenta críticas, salvo formalidades, como que no fue establecida por ley sino por decreto. Sin embargo, ambos sectores pasan por alto que, debido a su rudimentario diseño, probablemente esté promoviendo la reproducción intergeneracional de la pobreza más que un proceso sostenido de inclusión social.


Las experiencias acumuladas como la descripta al comienzo de la nota, sugieren que hay elementos de diseño y gestión que se deberían mejorar. La AUH es uno de los pocos casos de política pública que congrega un alto nivel de consenso. Prueba de ello es que la mayor parte de la oposición no cuestiona  su diseño ni su gestión.


Entonces, parecería que se trata de una intervención de impactos muy positivos sobre la que habría poco por mejorar.


El programa consiste en un estipendio que se otorga a madres inactivas o que trabajen en la informalidad o en el servicio doméstico con una remuneración inferior al salario mínimo. El 80% se paga de forma mensual y el 20% restante está condicionado a que la madre cumpla con controles sanitarios y asistencia escolar de los niños. En la actualidad se paga $460 por hijo, hasta cinco hijos, lo que implica que se puede recibir hasta $2.300 mensuales.


Un tema complejo pero central como determinante del éxito de las políticas sociales es desentrañar los incentivos que los beneficios generan en la propensión a trabajar de los beneficiarios. En este sentido, la información oficial del INDEC correspondiente al cuarto trimestre del 2014 permite observar que: 1) las mujeres que tienen empleo en el sector informal cobran en promedio $2.073 mensuales trabajando una media de 32 horas semanales, y 2) Las mujeres en el servicio doméstico obtienen una remuneración de $1.220 mensuales trabajando una media de 29 horas semanales.


Es decir que, para una mujer con bajo nivel de calificación laboral y varios hijos (como Yamila), el subsidio estatal es similar a la remuneración que obtiene en el mercado laboral. Estos datos oficiales desnudan la gravedad de los problemas laborales que sufren los segmentos más postergados de la sociedad. Dadas las precarias oportunidades laborales que enfrentan las mujeres con bajos niveles de calificación, la inactividad –es decir, no incorporarse al mercado laboral para desempeñar un empleo remunerado– es una alternativa siempre latente.


Con el actual diseño de la AUH no sólo no se revierten estos incentivos a la inactividad laboral de las mujeres sino que se acrecientan. Cabe alertar que, en la inactividad laboral, la dependencia del subsidio tiende a perpetuarse, ya que se cierran las puertas a que el progreso y la salida de la pobreza sea  por la vía del trabajo y el esfuerzo propio.


Así, la idea de ser pobre para siempre prospera sin parar y las ganas de progresar están cada vez más lejos.


La problemática en Mendoza


*175.589 chicos son beneficiarios directos.


*Inversión mensual: $120.873.238


Madres menores de  25 que no estudian ni trabajan y cobran la AUH: 57% del total .


*Puestos de trabajo creados gracias a este sistema de subsidios de “emergencia”: 0


“El amplio consenso que goza la Asignación Universal por Hijo debería ser aprovechado para la evaluación crítica y propender a mejorar su diseño y gestión. Sólo de esta manera se podrá convertir a ese derecho en una herramienta eficaz de promoción social. Es decir, migrar del “asistencialismo a perpetuidad” hacia un instrumento moderno de promoción de las familias pobres para salir de la trampa de la vulnerabilidad”. Jorge Colina, del Instituto para el Desarrollo Social Argentino.


Cómo ayudar a Yamila


Para colaborar con esta causa comunicate con El Ciudadano al Whatsapp 261-6204166. Se necesita dinero, ropa y comida, pero ante todo, un alojamiento de tránsito.


Por Orlando Tirapu – Diario El Ciudadano on line


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Un nuevo caso de violencia de género, abandono social y desamparo económico, llegó a la redacción de El Ciudadano y descubre así una realidad social deficitaria relacionada con el sistema de políticas de subsidios y protección a los más vulnerables de nuestra sociedad.

El dato llegó a la redacción de este diario cuando una empleada del banco Superville (entidad encargada de pagar las Asignaciones Universales por Hijo –AUH– en Ciudad), tomó conocimiento de una realidad inquietante: “Estaba en el local cuando veo que en la fila de cobros de la AUH había una chica llorando desconsolada, con una nena chica en brazos. Me acerqué para preguntarle si estaba bien y ella, llorando, me dijo que necesitaba ayuda para poder dar en adopción dos mellizos que tenía en el vientre. Además, también me relató que, con la plata que le dan en el banco no le alcanza para darle de comer a su nena de cuatro años y mucho menos le iba a alcanzar para las bebas en camino”, comentó Lucila Fernández, empleada de la institución bancaria y testigo presencial de este hecho de abandono y vulnerabilidad al límite.

Ante esta situación, El Ciudadano tomó contacto con la joven, que vive en un evidente estado de desesperación y exclusión social.

Yamila (reservamos su apellido por su pedido expreso) tiene 29 años, es mamá de seis chicos y está embarazada desde hace cinco meses de dos mellizas que, según sus palabras, necesita “poner en adopción” ya que no puede “hacerse cargo”. Lo cierto es que, por sus propios medios, es muy difícil que pueda encarar la dramática situación.

Para empezar, esta mamá es indigente. Su único ingreso mensual es el que percibe del Estado nacional a través del sistema de asignaciones familiares. También ha tenido que abandonar su hogar por temas relacionados con la violencia de género y por el mismo motivo no puede volver. Además, está esperando familia y por lo tanto no puede trabajar, aunque por razones que se caen de maduras, tampoco podía hacerlo antes.

“Cuando no estaba embarazada no podía hacer trabajos porque no tenía donde dejar a mis hijos. Mi marido nos pegaba y me tuve que escapar a lo de mi hermana. Ella está ahora cuidando a mis otros cuatro nenes, pero ya se le está haciendo difícil porque tiene cinco hijos propios y no puede mantener a todos”, relata la joven mujer.

“El lunes (día en que fue a cobrar la asignación), mi hermana me dijo que no daba más y que me los tengo que llevar. Ahora voy callejeando con la más chiquita, que me necesita, pero necesito estar con mis otros chicos también, pero no tengo un lugar para estar”, explica Yamila con la voz entrecortada y lágrimas en los ojos”.

“No me queda otra que pedir en la calle con la nena que anda conmigo todo el día. Necesitamos ayuda, por favor”, suplicó la madre a El Ciudadano.

Ahora, el caso de Yamila está en manos de ciudadanos comunes que se interesaron en difundir su historia por los medios y proporcionarle ayuda económica de emergencia.

Sin embargo, lo que más necesita esta mujer es un lugar dónde vivir. Yamila y sus chicos no tienen dónde pasar las noches y además necesita cambiar su idea. “Hoy, que no tengo donde vivir ni donde trabajar ni nada, estoy desesperada y quiero dar en adopción a mis hijas que llegan en menos de cuatro meses. He pensado mucho y es lo que tengo que hacer por el bien de los bebés, aunque no me guste. Estoy desesperada”, finalizó Yamila M.

Sin cambios, la asignación universal por hijo perpetúa la pobreza

La política que mayor aceptación convoca es la Asignación Universal por Hijo (AUH). El oficialismo la reivindica como un gran logro y la oposición no presenta críticas, salvo formalidades, como que no fue establecida por ley sino por decreto. Sin embargo, ambos sectores pasan por alto que, debido a su rudimentario diseño, probablemente esté promoviendo la reproducción intergeneracional de la pobreza más que un proceso sostenido de inclusión social.

Las experiencias acumuladas como la descripta al comienzo de la nota, sugieren que hay elementos de diseño y gestión que se deberían mejorar. La AUH es uno de los pocos casos de política pública que congrega un alto nivel de consenso. Prueba de ello es que la mayor parte de la oposición no cuestiona  su diseño ni su gestión.

Entonces, parecería que se trata de una intervención de impactos muy positivos sobre la que habría poco por mejorar.

El programa consiste en un estipendio que se otorga a madres inactivas o que trabajen en la informalidad o en el servicio doméstico con una remuneración inferior al salario mínimo. El 80% se paga de forma mensual y el 20% restante está condicionado a que la madre cumpla con controles sanitarios y asistencia escolar de los niños. En la actualidad se paga $460 por hijo, hasta cinco hijos, lo que implica que se puede recibir hasta $2.300 mensuales.

Un tema complejo pero central como determinante del éxito de las políticas sociales es desentrañar los incentivos que los beneficios generan en la propensión a trabajar de los beneficiarios. En este sentido, la información oficial del INDEC correspondiente al cuarto trimestre del 2014 permite observar que: 1) las mujeres que tienen empleo en el sector informal cobran en promedio $2.073 mensuales trabajando una media de 32 horas semanales, y 2) Las mujeres en el servicio doméstico obtienen una remuneración de $1.220 mensuales trabajando una media de 29 horas semanales.

Es decir que, para una mujer con bajo nivel de calificación laboral y varios hijos (como Yamila), el subsidio estatal es similar a la remuneración que obtiene en el mercado laboral. Estos datos oficiales desnudan la gravedad de los problemas laborales que sufren los segmentos más postergados de la sociedad. Dadas las precarias oportunidades laborales que enfrentan las mujeres con bajos niveles de calificación, la inactividad –es decir, no incorporarse al mercado laboral para desempeñar un empleo remunerado– es una alternativa siempre latente.

Con el actual diseño de la AUH no sólo no se revierten estos incentivos a la inactividad laboral de las mujeres sino que se acrecientan. Cabe alertar que, en la inactividad laboral, la dependencia del subsidio tiende a perpetuarse, ya que se cierran las puertas a que el progreso y la salida de la pobreza sea  por la vía del trabajo y el esfuerzo propio.

Así, la idea de ser pobre para siempre prospera sin parar y las ganas de progresar están cada vez más lejos.

La problemática en Mendoza

*175.589 chicos son beneficiarios directos.

*Inversión mensual: $120.873.238

Madres menores de  25 que no estudian ni trabajan y cobran la AUH: 57% del total .

*Puestos de trabajo creados gracias a este sistema de subsidios de “emergencia”: 0

“El amplio consenso que goza la Asignación Universal por Hijo debería ser aprovechado para la evaluación crítica y propender a mejorar su diseño y gestión. Sólo de esta manera se podrá convertir a ese derecho en una herramienta eficaz de promoción social. Es decir, migrar del “asistencialismo a perpetuidad” hacia un instrumento moderno de promoción de las familias pobres para salir de la trampa de la vulnerabilidad”. Jorge Colina, del Instituto para el Desarrollo Social Argentino.

Cómo ayudar a Yamila

Para colaborar con esta causa comunicate con El Ciudadano al Whatsapp 261-6204166. Se necesita dinero, ropa y comida, pero ante todo, un alojamiento de tránsito.

Por Orlando Tirapu – Diario El Ciudadano on line

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