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Soñar no cuesta nada, pero…
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Por Redacción

Soñar no cuesta nada, pero…



Después de pagar con mucho sacrificio tantos alquileres –plata que se escurre de las manos irremediablemente cada mes– o, simplemente, porque sigue siendo uno de los sueños más generalizados en la población, el deseo de comprar la casa propia continúa vigente, aunque con nuevas circunstancias y, sobre todo, los mismos inconvenientes que persisten como obstáculos en el camino a lo largo de los años.

Pero aunque se hiciera un grandioso esfuerzo por buscar alternativas para dejar de pagar un alquiler cada mes, las estadísticas del mercado inmobiliario hablan por sí solas: no más del 10% de las operaciones en este rubro se realizan con financiamiento hipotecario de bancos privados, mientras que en algún momento ese porcentaje ascendía al 30.

¿Qué quiere decir? Simplemente que en la Argentina –por supuesto Mendoza no escapa a esa coyuntura– quienes pueden comprar inmuebles son los que tienen todo el capital y que los demás apenas pueden acceder a un crédito que no les alcanza para terminar la obra que inician con entusiasmo.

Para colmo, según los especialistas, el promocionado plan PROCREAR no llena las expectativas de los soñadores, dado que, como en todo préstamo, las condiciones impuestas dejan afuera a muchos postulantes, ya sea por no reunir el grupo familiar un sueldo “interesante”, no contar con un ingreso “en blanco” o estar complicado por algunas deudas contraídas con anterioridad.

Por si fuera poco, otro tema que hace tiempo no resulta ajeno a nadie es la inflación que ataca por todos lados, más aún cuando de comprar materiales de construcción se trata.


En un laberinto

Como se ve, conseguir construir una vivienda no es fácil, “menos hoy donde los valores de los materiales de construcción están lejos del bolsillo de cualquier persona”, según dice José Roberto Irrera, presidente de la Cámara Inmobiliaria de Mendoza.

Esta opinión también es abonada por Miguel Astorga, titular del Colegio de Corredores Inmobiliarios de la provincia, quien opina que “sin lugar a duda es una incógnita a resolver por cada persona que encare una construcción. Todo depende de los recursos con que cuente a la hora de tomar la decisión. Una variable muy importante es que hoy no se cuenta con un apalancamiento de crédito financiero por parte de los bancos. Los pocos que se ofrecen en el mercado son con tasas muy altas y condiciones a cumplir muy exigentes”.

Ambos profesionales coinciden además en que el plan PROCREAR, lanzado por Cristina Kirchner en junio de 2012, no ha podido ayudar demasiado en la coyuntura. “Satisfacer la necesidad de vivienda en Mendoza no será posible mientras no existan otros tipos de créditos hipotecarios”, opina Irrera, precisando que el plan nacional no podrá abastecer la necesidad real.

Por otra parte, según explica Astorga, el plan PROCREAR viene a resolver sólo en parte esta problemática. “Sin lugar a dudas es una solución extraordinaria para los que pueden acceder al crédito y solucionar su problema habitacional, pero son muchos más los que quedan en el camino debido a las condiciones necesarias para acceder a él, entre ellas un ingreso que por ahora son pocos los que pueden demostrar por distintas situaciones, como no contar con un sueldo ‘en blanco’”, dice.

“Deben pasar por el cedazo ya que no alcanza para todos”, coincide Irrera en este punto, agregando que el Gobierno “intenta cumplir con la promesa para solucionar el problema habitacional, pero el recupero no alcanza para los que vienen detrás”.


Esa inflación que mata

Unas de las barreras con las que se topan los postulantes en caso de sortear las férreas condiciones y acceder a un crédito, es el plazo en que debe terminarla y la incidencia de la inflación en el costo de la construcción.

En este sentido, Irrera plantea que la plata que recibe el solicitante no alcanza, “porque más allá de la inflación que disminuye entre un 30% y un 40% el monto asignado, hay que tener en cuenta que dan un plazo de nueve meses para el desarrollo de la obra, a lo que hay que sumarle que del primer desembolso descuentan todos los gastos. Otro punto a considerar es el aumento en los materiales que se produce ‘por las dudas’ o por la misma demanda”. “Creo que todos somos responsables”, reconoce.

El problema en este punto es que una vez acordado el monto y la hipoteca, éste queda fijo. “No conozco a alguien que le hayan actualizado el monto del crédito”, asegura Irrera.

“El monto que se le otorga a los adjudicatarios de los créditos, luego de una evaluación de cada caso por parte de la entidad bancaria, es considerando un presupuesto de construcción que ya tiene como mínimo, en el mejor de los escenarios, 60 días. En ese momento se comienza la construcción, transcurre el tiempo, avanza la obra y el banco por certificación libera los fondos. Ya pasaron otros 60 o 90 días más. Es decir cuando le otorgaron el crédito y a modo de ejemplo podía construir 100 metros cuadrados, cuando finalice la obra con ese mismo monto otorgado podrá haber construido solo 80. ¿La causa? Muy simple: la inflación que impacta sobre los materiales utilizados”, analiza Astorga.

Debido a este problema, hay además una importante cantidad de obras paradas porque los beneficiarios no pueden llegar a cubrir los costos, mientras que otros han debido recurrir a préstamos individuales o acudir a algún familiar para llegar a terminar los trabajos.

Además, para complicar el panorama, se ha registrado un aumento del precio de los terrenos a causa de esta operatoria, bastante considerable en relación a los ingresos per cápita, lo que demuestra que nadie quiere quedar al margen cuando de “aprovechar” un negocio se trata.


El IPV hace lo que puede

Que se está lejos de lograr una solución al déficit habitacional, o por lo menos reducirlo en gran medida, es una realidad incuestionable.

De todos modos, el Gobierno de Mendoza, a través del Instituto Provincial de la Vivienda, trata de ir paliando las necesidades básicas, aunque la falta de fondos es el principal escollo y por eso el avance de obras será lento.

A mediados del año pasado, el titular del IPV, Omar Parisi, anunció que en lo que se pondría el acento era apurar la construcción de dos barrios con situaciones sociales delicadas: el Sucend, de celadores, y el Sair, en Luján, y la erradicación de las villas inestables El Pozo y El Urundel.

En ese entonces, Parisi declaró que “por el momento el IPV está pagando con los fondos que vamos recibiendo, que son los que llegan de la Nación, por el Fonavi y otros fondos, y los que gira semanalmente la Provincia. Pero el avance de las obras será lento hasta que tengamos nuevos fondos disponibles”.

La incógnita se basa ahora en ver de qué manera la Nación responde a los requerimientos, habida cuenta de que la relación de la Presidenta con el gobernador Francisco Pérez no pasa por los mejores momentos. Más aún en la encrucijada de que, a pesar de ser un año electoral, las condiciones en que está la Provincia en materia financiera no le permitiría al Gobierno cumplir con sus promesas de más viviendas.

Pero si no hay soluciones urgentes, habrá que seguir soñando, algo que por ahora no cuesta nada.


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Soñar no cuesta nada, pero…

Después de pagar con mucho sacrificio tantos alquileres –plata que se escurre de las manos irremediablemente cada mes– o, simplemente, porque sigue siendo uno de los sueños más generalizados en la población, el deseo de comprar la casa propia continúa vigente, aunque con nuevas circunstancias y, sobre todo, los mismos inconvenientes que persisten como obstáculos en el camino a lo largo de los años.
Pero aunque se hiciera un grandioso esfuerzo por buscar alternativas para dejar de pagar un alquiler cada mes, las estadísticas del mercado inmobiliario hablan por sí solas: no más del 10% de las operaciones en este rubro se realizan con financiamiento hipotecario de bancos privados, mientras que en algún momento ese porcentaje ascendía al 30.
¿Qué quiere decir? Simplemente que en la Argentina –por supuesto Mendoza no escapa a esa coyuntura– quienes pueden comprar inmuebles son los que tienen todo el capital y que los demás apenas pueden acceder a un crédito que no les alcanza para terminar la obra que inician con entusiasmo.
Para colmo, según los especialistas, el promocionado plan PROCREAR no llena las expectativas de los soñadores, dado que, como en todo préstamo, las condiciones impuestas dejan afuera a muchos postulantes, ya sea por no reunir el grupo familiar un sueldo “interesante”, no contar con un ingreso “en blanco” o estar complicado por algunas deudas contraídas con anterioridad.
Por si fuera poco, otro tema que hace tiempo no resulta ajeno a nadie es la inflación que ataca por todos lados, más aún cuando de comprar materiales de construcción se trata.

En un laberinto
Como se ve, conseguir construir una vivienda no es fácil, “menos hoy donde los valores de los materiales de construcción están lejos del bolsillo de cualquier persona”, según dice José Roberto Irrera, presidente de la Cámara Inmobiliaria de Mendoza.
Esta opinión también es abonada por Miguel Astorga, titular del Colegio de Corredores Inmobiliarios de la provincia, quien opina que “sin lugar a duda es una incógnita a resolver por cada persona que encare una construcción. Todo depende de los recursos con que cuente a la hora de tomar la decisión. Una variable muy importante es que hoy no se cuenta con un apalancamiento de crédito financiero por parte de los bancos. Los pocos que se ofrecen en el mercado son con tasas muy altas y condiciones a cumplir muy exigentes”.
Ambos profesionales coinciden además en que el plan PROCREAR, lanzado por Cristina Kirchner en junio de 2012, no ha podido ayudar demasiado en la coyuntura. “Satisfacer la necesidad de vivienda en Mendoza no será posible mientras no existan otros tipos de créditos hipotecarios”, opina Irrera, precisando que el plan nacional no podrá abastecer la necesidad real.
Por otra parte, según explica Astorga, el plan PROCREAR viene a resolver sólo en parte esta problemática. “Sin lugar a dudas es una solución extraordinaria para los que pueden acceder al crédito y solucionar su problema habitacional, pero son muchos más los que quedan en el camino debido a las condiciones necesarias para acceder a él, entre ellas un ingreso que por ahora son pocos los que pueden demostrar por distintas situaciones, como no contar con un sueldo ‘en blanco’”, dice.
“Deben pasar por el cedazo ya que no alcanza para todos”, coincide Irrera en este punto, agregando que el Gobierno “intenta cumplir con la promesa para solucionar el problema habitacional, pero el recupero no alcanza para los que vienen detrás”.

Esa inflación que mata
Unas de las barreras con las que se topan los postulantes en caso de sortear las férreas condiciones y acceder a un crédito, es el plazo en que debe terminarla y la incidencia de la inflación en el costo de la construcción.
En este sentido, Irrera plantea que la plata que recibe el solicitante no alcanza, “porque más allá de la inflación que disminuye entre un 30% y un 40% el monto asignado, hay que tener en cuenta que dan un plazo de nueve meses para el desarrollo de la obra, a lo que hay que sumarle que del primer desembolso descuentan todos los gastos. Otro punto a considerar es el aumento en los materiales que se produce ‘por las dudas’ o por la misma demanda”. “Creo que todos somos responsables”, reconoce.
El problema en este punto es que una vez acordado el monto y la hipoteca, éste queda fijo. “No conozco a alguien que le hayan actualizado el monto del crédito”, asegura Irrera.
“El monto que se le otorga a los adjudicatarios de los créditos, luego de una evaluación de cada caso por parte de la entidad bancaria, es considerando un presupuesto de construcción que ya tiene como mínimo, en el mejor de los escenarios, 60 días. En ese momento se comienza la construcción, transcurre el tiempo, avanza la obra y el banco por certificación libera los fondos. Ya pasaron otros 60 o 90 días más. Es decir cuando le otorgaron el crédito y a modo de ejemplo podía construir 100 metros cuadrados, cuando finalice la obra con ese mismo monto otorgado podrá haber construido solo 80. ¿La causa? Muy simple: la inflación que impacta sobre los materiales utilizados”, analiza Astorga.
Debido a este problema, hay además una importante cantidad de obras paradas porque los beneficiarios no pueden llegar a cubrir los costos, mientras que otros han debido recurrir a préstamos individuales o acudir a algún familiar para llegar a terminar los trabajos.
Además, para complicar el panorama, se ha registrado un aumento del precio de los terrenos a causa de esta operatoria, bastante considerable en relación a los ingresos per cápita, lo que demuestra que nadie quiere quedar al margen cuando de “aprovechar” un negocio se trata.

El IPV hace lo que puede
Que se está lejos de lograr una solución al déficit habitacional, o por lo menos reducirlo en gran medida, es una realidad incuestionable.
De todos modos, el Gobierno de Mendoza, a través del Instituto Provincial de la Vivienda, trata de ir paliando las necesidades básicas, aunque la falta de fondos es el principal escollo y por eso el avance de obras será lento.
A mediados del año pasado, el titular del IPV, Omar Parisi, anunció que en lo que se pondría el acento era apurar la construcción de dos barrios con situaciones sociales delicadas: el Sucend, de celadores, y el Sair, en Luján, y la erradicación de las villas inestables El Pozo y El Urundel.
En ese entonces, Parisi declaró que “por el momento el IPV está pagando con los fondos que vamos recibiendo, que son los que llegan de la Nación, por el Fonavi y otros fondos, y los que gira semanalmente la Provincia. Pero el avance de las obras será lento hasta que tengamos nuevos fondos disponibles”.
La incógnita se basa ahora en ver de qué manera la Nación responde a los requerimientos, habida cuenta de que la relación de la Presidenta con el gobernador Francisco Pérez no pasa por los mejores momentos. Más aún en la encrucijada de que, a pesar de ser un año electoral, las condiciones en que está la Provincia en materia financiera no le permitiría al Gobierno cumplir con sus promesas de más viviendas.
Pero si no hay soluciones urgentes, habrá que seguir soñando, algo que por ahora no cuesta nada.

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