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Por Redacción

“Somos un club de soñadores”



En Cervantes y Moreno, de Carrodilla, a una cuadra del Calvario, se encuentra el club fundado en 1933 que conserva el espíritu “social y deportivo” intacto. Si bien pasaron muchas comisiones directivas, cientos de socios y hoy son menos que en años anteriores, el Agustín Álvarez, según sus amigos, “es el club de bochófilos más lindos de los que quedan en la provincia”.

Para empaparnos de su historia, El Ciudadano llegó hasta el lugar y pudo conversar con algunos de sus socios vitalicios como Roberto Benedetti y Juan Lucarelli y con quienes integran la nueva camada de directivos, entre ellos, José Quiroga actual vicepresidente, quien no sólo comparte códigos con los hijos de los fundadores, sino que junto a su comisión le sigue dando motivos a la comunidad para ser parte del club.

Roberto y Juan a través de sus relatos cómplices viajaron en el tiempo y se encontraron con vecinos de una comunidad presta a trabajar para la construcción de lo que más tarde sería el punto de encuentro para los habitantes de los distritos Carrodilla, La Puntilla, Las Tortugas y Gobernador Benegas, además de ser uno de los clubes mas importantes y mejor posicionados dentro del mundo de las bochas.


A puro pulmón

“Esto fue creado por nuestros padres, venimos a ser la segunda generación”, relataron los caballeros, (ahí aparecen apellidos como Melchiori, Carloni, Tarquini). “Todos ellos son los que estuvieron en la primera comisión, por lo que todo esto fue hecho a puro pulmón, puro apoyo de todos los socios”, agregaron. Ante esto se hace imposible no imaginar el entusiasmo de los vecinos que luego de finalizar su jornada laboral se sumaban a un sueño compartido. “Para juntar plata, empezar con la construcción del club se hacían kermeses y bingos en la plazoleta de Carrodilla”, contaron Juan y Roberto y ambos recordaron haber llegado al club de la mano de sus respectivos papás, y conservan en su memoria cientos de anécdotas donde aparecen nombres, que al igual que ellos, hicieron mucho por la institución.

“El terreno fue donado por Bauzá, que tenía su fábrica de pastas muy cerca. La mayoría de los primeros socios vivían en la zona y trabajaban como contratistas, ya que se trataba de una zona de fincas y viñedos, que luego se convirtió en zona urbana pero el club ya estaba ahí”, contaron los hombres.

Roberto acercó un dato que da cuenta del compromiso de los habitantes del terruño, todos apostando a la construcción de un espacio común. “En cuanto al salón, había un paredón enorme de adobe y entonces los socios salíamos de nuestros trabajos y nos veníamos a trabajar al club. Lo que es ahora la zona de los barrios La Gloria, Huarpes y alrededores, era zona de viñedos y bodegas y la mayoría de los vecinos del club se desempeñaban en esas actividades, como yo trabajaba con mi camión en la ripiera lo ponía de culata y lo cargábamos con adobes y después me iba a descargarlo”, recordó Roberto, y agrega entre risas: “No eran épocas de subsidios”.


Para todos los gustos

Si bien el deporte que más adeptos sumaba eran las bochas, en el club se podía pasar a comer o tomar algo con amigos en la cantina de la esquina, ver una película en el cine homónimo o tirar unos pasos en el mismo lugar porque las butacas se sacaban para darles otros usos. Podían también jugar a las cartas, al billar o detenerse en la biblioteca emplazada en la planta alta, en la sala de reuniones donde conviven trofeos y libros de lo que fue una de las bibliotecas más completas de la zona, pero que según los socios “ahora tiene más valor histórico que otra cosa”.


“Ahora la bocha esta muy caída, pero en ese tiempo los diarios le dedicaban páginas completas, se publicaban los resultados. Venía un periodista deportivo a cubrir los partidos y hacía la secuencia”, recordó Juan con algo de nostalgia. “Había 26 clubes de bochas en Mendoza, 14 en primera A y 12 en primera B, había ascenso y descenso, como en el fútbol. Entre los clubes que competían estaban Independiente Rivadavia, Murialdo, Talleres, Anzonera, Villa Hipódromo, Villa Marini, Argentinos, Cieneguita de Las Heras, San José, Corralitos, Kilómetro 11 y Pedro Molina Corcemar. El inicio nuestro fue de muy jóvenes con las bochas. Yo empecé de muy joven y lo máximo que pude conquistar fue un campeonato mendocino individual en primera categoría”, expresó Roberto, y Juan remató: “Toda la gente era sana, no había curados, ni peleas, el nivel de socios era humilde, pero todos sanos”.


Orgullo de bochófilo

Roberto hace poco se mudó a otro departamento, pero dentro de su rutina semanal está el club. “Soy socio hace 53 años, pero vengo desde que nací”, y recordó que desde chico iba al club a tomar un heladito y después volvía de su casa acompañado de su padre. A los 16 empezó a jugar a las bochas y fue el ganador del único campeonato en categoría individual representando al club de sus amores.

Don Benedetti, por su parte, quien todavía despunta el vicio de arrimar el bochín, recuerda con exactitud momentos en los que fue capaz de hacer grandes esfuerzos para no dejar de jugar y, mucho menos, faltar a un partido del campeonato. “De joven trabajaba manejando un camión en la zona petrolera de Vizcachera y en esa época el campeonato se jugaba los miércoles y sábados. Los miércoles me venía de Vizcacheras para jugar, porque estaba en primera, y en ese tiempo había descenso y no podíamos caer, de hecho, el único campeonato que ganó el club fue el mío. En esa época, otros clubes traían jugadores rentados de otras provincias (como sucede en el fútbol) y nosotros éramos más humildes, pero nunca nos fuimos al descenso. Es un orgullo porque peleábamos de mitad de tabla para abajo, pero sin tener jugadores rentados. Los miércoles venía, jugaba y me levantaba a las 4 de la mañana al día siguiente para poder estar a las 6 de nuevo en el trabajo”, concluyó don Benedetti.


Mujeres, abstenerse… hasta ahora

Ninguna institución se hace sola, nace del esfuerzo de hombres y mujeres y como bien recuerdan los bochófilos, las mujeres participaban. “En los 60 había comisión de damas y subcomisión de eventos para las mujeres que trabajaban, pero no podían ser parte de la comisión directiva porque el estatuto no se los permitía. La mujer participaba, pero no como los hombres. Hace un año el estatuto se modificó en ese punto para que las damas tuviesen voz y voto”, coincidieron los caballeros, y agregaron: “Debería haber sido antes, ya que trabajaban muchísimo”. De hecho, hay actividades de las que participan como gimnasia, karate, folclore, etcétera.


La nueva camada

Si bien escucha atento la conversación que El Ciudadano mantenía con los socios más grandes, es en este momento, José Quiroga, actual vicepresidente explicó cómo llegó al club: “Junto con un grupo de gente llegamos por accidente, sufrí un robo violento y desde ahí me organicé con vecinos del barrio y le pedíamos el salón al club para hacer nuestras reuniones de seguridad con varias uniones vecinales. Cuando vieron que estábamos organizados y teníamos un desempeño transparente y ordenado nos invitaron a ser parte de la comisión directiva y después de un año nos reelegimos”.

“Hemos sumado actividades, queremos hacer un ciclo de cine y la idea de hacer una cantina toda vidriada. Tenemos los planos listos y aprobados por la Municipalidad y lo que necesitamos es plata, de todas maneras, somos un club de soñadores y confiamos en lograrlo”, concluyó el actual vicepresidente./ Rebeca Rodriguez


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“Somos un club de soñadores”

En Cervantes y Moreno, de Carrodilla, a una cuadra del Calvario, se encuentra el club fundado en 1933 que conserva el espíritu “social y deportivo” intacto. Si bien pasaron muchas comisiones directivas, cientos de socios y hoy son menos que en años anteriores, el Agustín Álvarez, según sus amigos, “es el club de bochófilos más lindos de los que quedan en la provincia”.
Para empaparnos de su historia, El Ciudadano llegó hasta el lugar y pudo conversar con algunos de sus socios vitalicios como Roberto Benedetti y Juan Lucarelli y con quienes integran la nueva camada de directivos, entre ellos, José Quiroga actual vicepresidente, quien no sólo comparte códigos con los hijos de los fundadores, sino que junto a su comisión le sigue dando motivos a la comunidad para ser parte del club.
Roberto y Juan a través de sus relatos cómplices viajaron en el tiempo y se encontraron con vecinos de una comunidad presta a trabajar para la construcción de lo que más tarde sería el punto de encuentro para los habitantes de los distritos Carrodilla, La Puntilla, Las Tortugas y Gobernador Benegas, además de ser uno de los clubes mas importantes y mejor posicionados dentro del mundo de las bochas.

A puro pulmón
“Esto fue creado por nuestros padres, venimos a ser la segunda generación”, relataron los caballeros, (ahí aparecen apellidos como Melchiori, Carloni, Tarquini). “Todos ellos son los que estuvieron en la primera comisión, por lo que todo esto fue hecho a puro pulmón, puro apoyo de todos los socios”, agregaron. Ante esto se hace imposible no imaginar el entusiasmo de los vecinos que luego de finalizar su jornada laboral se sumaban a un sueño compartido. “Para juntar plata, empezar con la construcción del club se hacían kermeses y bingos en la plazoleta de Carrodilla”, contaron Juan y Roberto y ambos recordaron haber llegado al club de la mano de sus respectivos papás, y conservan en su memoria cientos de anécdotas donde aparecen nombres, que al igual que ellos, hicieron mucho por la institución.
“El terreno fue donado por Bauzá, que tenía su fábrica de pastas muy cerca. La mayoría de los primeros socios vivían en la zona y trabajaban como contratistas, ya que se trataba de una zona de fincas y viñedos, que luego se convirtió en zona urbana pero el club ya estaba ahí”, contaron los hombres.
Roberto acercó un dato que da cuenta del compromiso de los habitantes del terruño, todos apostando a la construcción de un espacio común. “En cuanto al salón, había un paredón enorme de adobe y entonces los socios salíamos de nuestros trabajos y nos veníamos a trabajar al club. Lo que es ahora la zona de los barrios La Gloria, Huarpes y alrededores, era zona de viñedos y bodegas y la mayoría de los vecinos del club se desempeñaban en esas actividades, como yo trabajaba con mi camión en la ripiera lo ponía de culata y lo cargábamos con adobes y después me iba a descargarlo”, recordó Roberto, y agrega entre risas: “No eran épocas de subsidios”.

Para todos los gustos
Si bien el deporte que más adeptos sumaba eran las bochas, en el club se podía pasar a comer o tomar algo con amigos en la cantina de la esquina, ver una película en el cine homónimo o tirar unos pasos en el mismo lugar porque las butacas se sacaban para darles otros usos. Podían también jugar a las cartas, al billar o detenerse en la biblioteca emplazada en la planta alta, en la sala de reuniones donde conviven trofeos y libros de lo que fue una de las bibliotecas más completas de la zona, pero que según los socios “ahora tiene más valor histórico que otra cosa”.

“Ahora la bocha esta muy caída, pero en ese tiempo los diarios le dedicaban páginas completas, se publicaban los resultados. Venía un periodista deportivo a cubrir los partidos y hacía la secuencia”, recordó Juan con algo de nostalgia. “Había 26 clubes de bochas en Mendoza, 14 en primera A y 12 en primera B, había ascenso y descenso, como en el fútbol. Entre los clubes que competían estaban Independiente Rivadavia, Murialdo, Talleres, Anzonera, Villa Hipódromo, Villa Marini, Argentinos, Cieneguita de Las Heras, San José, Corralitos, Kilómetro 11 y Pedro Molina Corcemar. El inicio nuestro fue de muy jóvenes con las bochas. Yo empecé de muy joven y lo máximo que pude conquistar fue un campeonato mendocino individual en primera categoría”, expresó Roberto, y Juan remató: “Toda la gente era sana, no había curados, ni peleas, el nivel de socios era humilde, pero todos sanos”.

Orgullo de bochófilo
Roberto hace poco se mudó a otro departamento, pero dentro de su rutina semanal está el club. “Soy socio hace 53 años, pero vengo desde que nací”, y recordó que desde chico iba al club a tomar un heladito y después volvía de su casa acompañado de su padre. A los 16 empezó a jugar a las bochas y fue el ganador del único campeonato en categoría individual representando al club de sus amores.
Don Benedetti, por su parte, quien todavía despunta el vicio de arrimar el bochín, recuerda con exactitud momentos en los que fue capaz de hacer grandes esfuerzos para no dejar de jugar y, mucho menos, faltar a un partido del campeonato. “De joven trabajaba manejando un camión en la zona petrolera de Vizcachera y en esa época el campeonato se jugaba los miércoles y sábados. Los miércoles me venía de Vizcacheras para jugar, porque estaba en primera, y en ese tiempo había descenso y no podíamos caer, de hecho, el único campeonato que ganó el club fue el mío. En esa época, otros clubes traían jugadores rentados de otras provincias (como sucede en el fútbol) y nosotros éramos más humildes, pero nunca nos fuimos al descenso. Es un orgullo porque peleábamos de mitad de tabla para abajo, pero sin tener jugadores rentados. Los miércoles venía, jugaba y me levantaba a las 4 de la mañana al día siguiente para poder estar a las 6 de nuevo en el trabajo”, concluyó don Benedetti.

Mujeres, abstenerse… hasta ahora
Ninguna institución se hace sola, nace del esfuerzo de hombres y mujeres y como bien recuerdan los bochófilos, las mujeres participaban. “En los 60 había comisión de damas y subcomisión de eventos para las mujeres que trabajaban, pero no podían ser parte de la comisión directiva porque el estatuto no se los permitía. La mujer participaba, pero no como los hombres. Hace un año el estatuto se modificó en ese punto para que las damas tuviesen voz y voto”, coincidieron los caballeros, y agregaron: “Debería haber sido antes, ya que trabajaban muchísimo”. De hecho, hay actividades de las que participan como gimnasia, karate, folclore, etcétera.

La nueva camada
Si bien escucha atento la conversación que El Ciudadano mantenía con los socios más grandes, es en este momento, José Quiroga, actual vicepresidente explicó cómo llegó al club: “Junto con un grupo de gente llegamos por accidente, sufrí un robo violento y desde ahí me organicé con vecinos del barrio y le pedíamos el salón al club para hacer nuestras reuniones de seguridad con varias uniones vecinales. Cuando vieron que estábamos organizados y teníamos un desempeño transparente y ordenado nos invitaron a ser parte de la comisión directiva y después de un año nos reelegimos”.
“Hemos sumado actividades, queremos hacer un ciclo de cine y la idea de hacer una cantina toda vidriada. Tenemos los planos listos y aprobados por la Municipalidad y lo que necesitamos es plata, de todas maneras, somos un club de soñadores y confiamos en lograrlo”, concluyó el actual vicepresidente./ Rebeca Rodriguez

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